El pendón de Cistierna: Leonoticias
Hasta los años cincuenta y principios de los sesenta el pendón había acompañado presidiendo todas las fiestas al concejo de Cistierna
Recuerdo de los tiempos de mi infancia, allá por los años setenta del siglo que pasó, las misas dominicales del mediodía, a ellas asistía en el coro de la iglesia, acompañado de otros rapaces que al igual que un servidor, allí, se refugiaban para evitar el control de los adultos. Cuando trepaba por los estrechos banzos de la escalera que conducía al coro, siempre me llamó la atención, un misterioso objeto, que, en la penumbra, descansaba apoyado en la pared del hueco de la escalera. Era un gran varal con telas de colores desvaídos, bandas rojas moradas y verdes, enrolladas con descuido, cubiertas de cal, polvo y evidentes señales de humedades antiguas; bien se veía que el pendón de la villa de Cistierna había pasado por tiempos mejores.
Después del Concilio Vaticano II, nuestras iglesias infectadas por el modernismo relativista franco- germánico, admitieron poco a poco una estética que parecía más protestante que católica. La antigua, bella, venerable y profunda liturgia romana, nunca abolida, fue abandonada a la creatividad de ciertos clérigos que convirtieron las misas dominicales en un patio de comedias para niños, con actores sobreactuados que invadían e invaden el presbiterio y también bajan del mismo para animar el cotarro por el pasillo de la nave central.
En los años setenta, un cura, que el Señor le perdone, desmontó el retablo del testero y los dos altares laterales del crucero. Las imágenes devocionales, culpables de algún delito desconocido, fueron desterradas a la cochera y a los sótanos de las dependencias parroquiales. El R. D. Avelino García, párroco actual, con excelente y piadoso criterio, las rescató de las lóbregas mazmorras donde penaban y las ubicó en lugares de respeto, para la veneración de los fieles. Parece ser que el pendón, al igual que esos otros símbolos de la religiosidad popular corrió la misma suerte.
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Hasta los años cincuenta y principios de los sesenta el pendón había acompañado presidiendo todas las fiestas al concejo de Cistierna. También era sacado en las rogativas para pedir lluvia; procesionaba incluso cuando el Sr. Obispo hacía la obligada visita a las iglesias del Alto Esla (1). Las rogativas, desde antiguo, se hacían mirando al Oeste, en las camperas bajas del Murrial. Otras veces, a principios del mes de junio, el pueblo en procesión, portando el pendón, se dirigía con el párroco a las tierras bajas de la vega del Esla para bendecir los campos.
También se portaba el pendón cuando se impetraba la lluvia en las romerías celebradas en honor del Santo Patrón de la villa: San Guillermo de Peñacorada; eran años en los cuales aún mantenía Cistierna cierto carácter ganadero y agrícola, aventado más tarde por el suspiro de la actividad industrial y minera. No sería hasta los años ochenta, cuando algunos jóvenes comenzaron a darse cuenta de la importancia de estos símbolos de identidad cristiana y concejil leonesa. Con ellos, el pendón salió del destierro y ostracismo al que le habían condenado durante varias décadas en aquel lóbrego rincón que conducía al coro.
Desde entonces, convenientemente restaurado, luce de nuevo el pendón en la subida anual que hacen los cisterniegos a la gruta de S. Guillermo cada 28 de mayo desde hace más de cinco siglos. La tradición recogida de nuestros mayores, atestigua el uso ritual del pendón en las festividades religiosas de la villa durante todo el siglo XIX y primera mitad del XX. ¿Y antes? Al no disponer de pruebas documentales, no nos arriesgábamos a fijar la presencia en la villa de tan importante símbolo antes de esas fechas. Hasta que un día, en el Archivo Diocesano, ese mar sin fondo ni orillas, ocupados en otra investigación, nos topamos, con un interesante documento. En la visita pastoral que el obispo D. Bartolomé Santos de Risoba, hizo el 28 de octubre del año 1638 a las iglesias del Alto Esla, se comenta lo siguiente al visitar la iglesia de Santa María de Cistierna: «Tiene capilla de bóveda y retablo de escultura a medio relieve, con un alcance de 87.627 maravedís en su favor, se manda se compren telas y arraqueles para reparar el pendón» (2).

Es esta una noticia que atestigua la presencia de un pendón en la Villa de Cistierna en el siglo XVII, no del actual por supuesto que, no es más que uno de tantos que sustituiría al antiguo, cuando por viejo se retiraba y se mandaba hacer otro. También se nombra el retablo renacentista que fue quemado en el golpe de estado que el Partido Socialista y Esquerra Republicana perpetraron en octubre de 1934 contra la república legalmente constituida, movimiento revolucionario que afectó sañudamente a todo el patrimonio religioso de la cuenca minera de Cistierna-Sabero, hechos que se repetirán en julio de 1936. De ese retablo únicamente se salvó la custodia o sagrario monumental de Pierres de la Fuente y la imagen de Sta María, titular de la iglesia vieja obra de Juan de Villacorta, autor también del retablo desaparecido (3). Me imagino que el documento sobre el pendón de la villa, avivará sin aclarar, la antigua pendencia de si el pendón pertenece a la iglesia o al concejo, pero ahí queda para testimoniar que el de Cistierna puede presumir de una veteranía más que centenaria, pues si es citado a principios del s. XVII era ya muy viejo, seguramente la villa ya lo procesionaba en el XVI.
(1) Visita del obispo a las iglesias del alto Esla en 1927. Libro de Fábrica de la iglesia de Cristo Rey. (2) A. H. D. Fondo General, C.M 37. Año 1638. (3) El retablo de Cistierna. Restos del naufragio de los siglos. S.S.G, 2008.
