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martes, 12 de febrero de 2013


BODAS MORISCAS
CRÓNICAS MORISCAS DE UN CRISTIANO VIEJO DE LAS MONTAÑAS DE LEÓN
Siro Sanz García.

Asistimos perplejos en las bodas españolas al desparrame general del personal en lo que toca al respeto ceremonial y antiguas costumbres. Se ha perdido mucho o todo de aquella antigua gravedad hispana, cuando la fiesta nupcial aun reflejaba un ritual de paso hacia un nuevo estado, en el cual los esposos, eran acompañados de la parentela, amigos y en las zonas rurales por toda la comunidad. Hoy muchas bodas son precedidas por la despedida de soltero o soltera, se acude a los palacios del mal gusto donde las bromas procaces y zafias es lo normal, preludio de lo que va a suceder en el bodorrio y por desgracia en la futura vida de muchos contrayentes.
Cuando la boda es religiosa, el comportamiento indecoroso en la iglesia es moneda corriente, en ocasiones, tan deleznable que raya en la profanación del lugar sagrado. Observen y verán que algunos-as entran fumando desde el atrio, no responden a las oraciones, no callan ni en los momentos mas importantes de la ceremonia, la gente viene ya cansada, permanecen sentados durante toda la misa, ni siquiera se levantan para la gran elevación y, a todo ello asisten nuestros sacerdotes sin decir ni pío. No estaría mal recordar lo que dice el sagrado libro: “mi casa es casa de oración”.
En las bodas civiles, pasa tres cuartos de lo mismo, salgo siempre del ayuntamiento con un sentimiento de vergüenza ajena, preguntándome si he asistido a una ceremonia nupcial civil o a una sesión del Club de la Comedia dirigida por Señor Alcalde de turno.
En 25 años he asistido a muchas bodas magrebíes, por supuesto que las modas en cuanto a vestuario, banquete, forma de presentar los regalos etc., al igual que en los países cristianos ha cambiado sensiblemente, pero lo esencial de la ceremonia (siempre civil) creo que sigue siendo fiel al ritual ya vigente en el tiempo del profeta Muhamad, sobre el sea la paz. Con ligeras variantes el mismo ritual se practica en todo el ámbito islámico desde Marruecos hasta la India. La separación de sexos es norma en las bodas musulmanas y también en otras ceremonias como la tahara (circuncisión), nacimientos o funerales. Mi condición de cristiano inexplicablemente me ha permitido en muchas ocasiones ser testigo de situaciones vedadas a los varones musulmanes; pienso que es debido a la magnífica hospitalidad árabe o a la cara de idiota que suelo poner en tales eventos, lo que me otorga pasar desapercibido sin que ninguna mujer se incomode con mi presencia.
El matrimonio en el Magreb y en todas las clases sociales va precedido de la petición de matrimonio (jitba). En la petición se negocia sobre la dote que el novio se compromete a entregar a la futura esposa, base del peculio privado que siempre pertenece a la mujer en caso de divorcio. La novia (l´arusa) aporta el ajuar de su casa y últimamente su trabajo: enfermera, doctora, empleada de banca, funcionaria, autónoma, trabajadora de hostelería; las chicas árabes al igual que las españolas han demostrado ser más estudiosas y esforzadas que los varones, saben que un trabajo por muy musulmán que sea el país, es lo que realmente otorga la libertad para no atarse o depender del macho de turno. Olvidemos ese lugar común según cuya opinión toda mujer cubierta por un pañuelo es una mujer sin libertad. Conozco a muchas magrebíes con pañuelo a la cabeza y además con trabajo, dueñas de su vida y su destino, más libres que muchas de sus hermanas españolas. Las distintas ceremonias de la boda solían durar una semana hasta no hace mucho, actualmente se despacha todo en tres días.  Para la entrega de la dote se realiza una ceremonia especial, en ella la familia del novio se dirige a la casa de la novia llevando en carretas bellamente decoradas: telas, tatsitas, kamises, zapatos, maquillaje, henna, azucar, te, aceite de oliva, pulseras, anillos y collares de oro, además de animales que serán sacrificados para el consiguiente convite: corderos, terneras.
Grupos de músicos acompañan a la comitiva hasta la casa de la novia, tocando instrumentos de percusión  y chirimías. En la víspera de la boda, al atardecer, la novia se dirige al haman (baño público) acompañada de  la parentela y amigas que la bañan y depilan por completo. Se regocijan con cantos epitalámicos cuando comienza a escucharse el agudo grito de las mujeres árabes conocido en Marruecos como sguerti o yu-yu.  Después del baño, ya entrada la noche, la novia recibe en casa a todo el cahale de mujeres que asisten a la ceremonia de la alheña. Una mujer especialista en el arte de alheñar, decora los pies  y manos de la novia con hermosos y tradicionales motivos florales o geométricos. La música y la danza acompañan a la novia en este acto de regocijo general, cuando empieza a mostrar sus trajes más fastuosos. La negafa (mujer encargada de vestir a la novia) y sus ayudantes se ocupan en todo momento de que la novia luzca de forma especial entre todas las mujeres. En la mañana del acto central de la boda, la novia acude a la peluquería donde se maquilla y peina para la ceremonia. Al anochecer comienza la fiesta con la firma del contrato ante el adul (notario) y los testigos. Hombres y mujeres por separado asisten a la fiesta, se banquetea y se baila hasta el momento central cuando la novia realiza una especie de procesión (zifad al arusa)  por el patio de la casa. La recién casada se sienta en cuclillas sobre una bellísima silla de manos, es izada por cuatro o seis bizarros mozos (abids) que la exponen y presentan ante toda la comunidad. En el banquete (walima) hombres y mujeres de ambas familias, siempre por separado se conocen e intiman, la desposada muda hasta siete veces de vestido durante el banquete al que asiste sentada en una especie de trono junto a su marido. Sobre las seis o siete de la mañana, los novios son acompañados por las madres y tías de ambos hasta un hotel donde consuman el matrimonio.  
Las ancianas cuentan con mucha gracia que antiguamente, éste era un momento muy comprometido para los varones. En aquel tiempo, nadie iba a los hoteles para tal menester. En la misma casa donde se celebraba la fiesta, se retiraba la pareja a una alcoba bien dispuesta, toda la parentela y amigos esperaban con música y gran algarabía a la puerta  donde el nuevo matrimonio gozaba por primera vez la dicha del amor.
Con el barullo de las palmas, gitas, derbukas, bandires, chirimias, apremiado por las voces y comentarios chuscos de los hombres, algún novio  hubo que perdió el oremus, agotando la paciencia de los que fuera esperaban para contemplar sobre bandeja de plata los zaragüelles kandrissi de la recién desposada adornados con  la roja flor de su honor. 
¡Qué Dios guarde y acreciente el pudor y honestidad de las mujeres del Magreb-al- Arab¡

(Zifad al arusa).La novia sentada en cuclillas sobre una hermosa silla de manos, es izada por cuatro bizarros mozos que la exponen y presentan ante toda la comunidad. (Foto gentileza familia Siro Sanz)
Los abids preparan la silla para portar a la novia. (Foto gentileza familia Siro Sanz)
El cordero asado nunca falta en las bodas magrebíes. (Foto gentileza familia Siro Sanz)
La pastela: hojaldre relleno de carne y almendra otra de las delicias en el banquete de las bodas moriscas. (Foto gentileza familia Siro Sanz)

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