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viernes, 18 de enero de 2013




















(Foto Siro Sanz)


VADINIA: APARECE UNA NUEVA LÁPIDA VADINIENSE EN EL MACIZO DE PEÑACORADA
(Artículo publicado en la Revista Comarcal de Riaño Nº 34)
Eutimio Martino-Siro Sanz 


El macizo de Peñacorada va adquiriendo poco a poco la categoría de núcleo Vadiniense de cierta importancia. En le municipio de Cistierna: contamos con cuatro hallazgos Valmartino (Museo de León), Sorriba (Museo de León), Santaolaja de La Varga (Museo Diocesano de Arte Sacro, León), Fuentes de Peñacorada (Museo Diocesano de Arte Sacro. León). Municipio de Sabero una lápida (Tabularium Artis Asturiensis. Oviedo). Municipio de Prado de la Guzpeña: dos hallazgos (una lapida en el Museo de León),  y otra que apareció hace 5 años en La Llama de La Guzpeña trasladada por Patrimonio a León, de la cual no hemos vuelto ni el ubi est. En el municipio de Valderrueda: contamos con una lápida aparecida en Puente Almuhey hace unos años y ahora en paradero desconocido. En total un conjunto formado por 8 lápidas muy interesantes, al que debemos añadir el último hallazgo, y con esta ya son 9 lápidas las encontradas en el entorno del macizo de Peñacorada.
La lápida que ahora nos ocupa había sido dada a conocer por Martino-Siro, en el año 2003, cuando fue publicada en La Huella de Las Legiones, Cuaderno de Campo Nº 1”. El hallazgo pasó desapercibido, como tantas cosas de nuestra montaña, hasta que el Diario de León, se acordaba de ella en un extenso artículo de Don Emilio Gancedo, un periodista más preocupado y sensibilizado por nuestro patrimonio que algunos alcaldes de la comarca.
 Martino-Siro, la habían localizado en Robledo de la Guzpeña,  ladera sur de Peñacorado en el año 2000, aunque era conocida por todos los habitantes de Robledo. En 1996 el P. Martino, había notificado a David Martino y Julio Mangas, la existencia en el mismo lugar de otro notable monumento funerario, que algunos siguen pertinaces en afirmar que procede de Valmartino, éste dedicado a DOVIDERO HIJO DE AMPARAMO PRÍNCIPE DE LOS CANTABROS. El espacio distante, entre ambas lápidas halladas en  Robledo, apenas es de 8 metros.
Descripción de la lápida: Cronología aproximada S. I -II, se trata de una piedra caliza, bien trabajada en los laterales, aunque previsiblemente esta labra es debida a la función que tenía la piedra hasta hoy día que es la de servir como escalón en un notable edificio. La piedra está partida a la mitad y falta una parte. Sólo se distingue el interlineado, un grabado puntiforme en la parte superior, el nombre de la persona a la que se dedicó ó el dedicante mismo VALA (eso) / ANN(orum) los años del difunto sin los números.
El antropónimo VALAESO, no es desconocido en la comarca, en dos lapidas de Aleje viene escrito el mismo nombre con “B”: (BALAESO FRONTONI), (PENTI(o) BALAESI). La vacilación a la hora de usar B por V ó viceversa, no es sólo de nuestro tiempo.
Alfred Holder en su diccionario céltico cuando habla del Balaeso de Aleje cita un VALAISIS iberico muy afín al BALAESO vadiniense, quizás estamos ante la pervivencia de una aportación ibérica mantenida entre los cántabros.
Estas dos lápidas: la de Valaeso y la de Dovidero otorgan al núcleo de Robledo de la Guzpeña una gran importancia, que sobre todo por la existencia de un PRINCEPS, hombre principal entre los cántabros de Peñacorada, una zona con  cierto grado de autonomía civil y estratégico, a caballo entre el Cea y Esla, dentro de la estrategia militar romana que utilizaba las élites indígenas para mantener la paz con los aguerridos montañeses

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