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viernes, 18 de enero de 2013




Cistierna desde Valdeyera (Foto Siro Sanz)


DEL CONCEJO LEONÉS A LAS JUNTAS VECINALES
O LA RESPONSABILIDAD DE LOS PARTIDOS MAYORITARIOS EN SU DESAPARICIÓN


Hace pocos años nos defendíamos de ese monstruo ahora dormido que es la línea de alta tensión Sama-Velilla. La Montaña Oriental y la Central argumentaron sus justas pretensiones en 27000 alegaciones aún no contestadas. Entonces asistíamos perplejos a los manejos de ciertos políticos por manipular una lucha a la que no habían sido llamados, ni se les había permitido entrar. Políticos anclados en el periodo de la restauración del XIX, que por estas montañas aún van contando los votos por las cocinas y luego nos dejan tirados en temas tan graves para el medio rural como: la despoblación, educación, sanidad, agricultura, minería, transporte y comunicaciones. En aquel tiempo el  ambiguo y tímido apoyo de la Diputación de León nos confirmó la soledad en que estábamos. Como ahora, solo nos teníamos a nosotros mismos. Fueron plataformas ciudadanas independientes, las que llevaron el peso de la lucha. La fuerza que nos inspiró, no fue otra que nuestra pertenencia al milenario tronco del concejo leonés y el recuerdo de un pasado auténticamente democrático. En aquel ámbito concejil,  nuestros antepasados se defendieron una y otra vez contra la injusticia y la fuerza que la nobleza local, el rey o la iglesia les quisieron hacer. Mediante la organización concejil que aún pervive en las juntas vecinales, durante más de mil años se gobernó la vida social y económica de nuestros pueblos y aldeas. Pues bien, muchas de las alegaciones contra la Sama Velilla se basaban en el menoscabo, en el despojo y acabamiento de los bienes comunales representados en los montes, aguas, caminos, edificios, pastos, cotos de caza. Unos bienes indispensables e irrenunciables para la continuación de la vida de aquellos que resistimos en el medio rural.
Desgobernados por la casta política presuntamente más corrupta e inútil de la Europa Occidental, se produjo el saqueo de las cajas de ahorro y pensábamos que nada peor podía  pasar, sin embargo está ocurriendo, ahora vienen a por el patrimonio material y cultural salvaguardado por los concejos leoneses durante siglos. Desde la dictadura Franquista al bipartidismo actual, las juntas vecinales se contaminaron de elementos ajenos a las mismas, con la única intención de controlarlas y vaciarlas de sentido. En muchos pueblos ya no se toca la campana para juntar a los hombres buenos, las cuentas a veces no están muy claras o ni siquiera se presentan, el pedáneo lo pone el partido ganador en las urnas. Estos son problemas que piden solución y mejora, pero dentro de la organización concejil, regresando al verdadero espíritu del concejo leonés que tenía y tiene como fin el bien común de todos los vecinos, la ayuda mutua frente al individualismo y la defensa de la comunidad vecinal frente al poder. Volvemos a estar solos en la lucha, los partidos políticos mayoritarios o no hacen nada o se destacan por un soterrado hostigamiento y en ocasiones ataques frontales contra las juntas vecinales.
Como en el tema de la Sama Velilla, la Diputación de León  tiene la grave responsabilidad de proteger el patrimonio cultural y material de nuestros concejos. La política cultural leonesa no debe centrarse únicamente en saber si las mujeres de Riaño vestían refajo colorado, las de Cistierna o Prioro manteo verde. Más importante es preservar el patrimonio inmaterial de ese gran árbol que es el concejo leonés, la forma más antigua de la democracia en España, esto es, del gobierno del pueblo, un milenario roble del cual las juntas vecinales son el último renuevo. Alguien tiene que sacar del arca todas las sentencias, pleitos, pragmáticas autentificadas y reconocidas desde los Trastámaras, Austrias y Borbones. Estamos persuadidos de su validez actual.
La Diputación  que nos intenta adormecer  periódicamente con lilainas y jumerios sobre desarrollo sostenible y la lucha contra la despoblación, tome de una vez las riendas de los auténticos intereses de la provincia y defienda algo más que no sea el benefició del partido político de turno. La política, una de las actividades más nobles del ser humano, en todo el país y en nuestra tierra leonesa es ultrajada, devaluada, desprestigiada. Sobre la democracia, defecan, se orinan a diario, ciertos políticos y sus amigos financieros. Que los leoneses se apresten a defender aquello que es la base de nuestra supervivencia: la tierra con la que mantenemos al Rey nuestro señor y su casa,  Gobierno central, Gobierno Autonómico de Castilla, Diputación, Senadores, Parlamentarios, Diputados, Alcaldes y Concejales. Antes de suprimir las juntas vecinales que no cuestan nada y, siempre tienen dinero en las arcas a diferencia de los ayuntamientos, sería prioritario discutir la desaparición del Senado o de las delegaciones a modo de embajadas y consulados que algunas autonomías mantienen en el extranjero a costa de  arbitrios que no cesan de crecer pagados por los de siempre.
Que viva León, vivan sus reyes de gloriosa memoria. Larga vida al concejo leonés reservorio de las venerables tradiciones del antiguo reino que se resiste a morir.

Siro Sanz García.

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