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martes, 1 de julio de 2014

LA ERMITA DE SAN MIGUEL EN ALEJE. Siro Sanz






Sobre la antigüedad de Aleje baste recordar que es el único pueblo de la Cantabria leonesa que ostenta su nombre en  lápida perteneciente a la tribu vadiniense. En uno de los varios monumentos funerarios encontrados aquí, figura el término alissiegini en el cual es fácil separar alissie, hoy Aleje.
El año 874 comienza la repoblación cristiana de Aleje, cuando Sisnando de Liébana recibe del rey Alfonso III, la iglesia de Santa Eulalia destruida por los musulmanes hasta sus cimientos.
La interesante documentación Alto Medieval de Aleje, alude a ciertos pagos y antropónimos que pueden probar la existencia de la ermita de San Miguel ya en el siglo X, seguramente era la iglesia de un poblado hoy desaparecido; el topónimo "Villar" y el hallazgo de tumbas de lajas de piedra en su entorno así lo atestiguan. Se mencionan también en la documentación caminos muy antiguos, en concreto romanos, como el camino que sube al Castil de la Mula  y El Pando que sale de la Cortina con el nombre de carraria entroncando en la vega con otro denominado carraria antiqua en 953. Las pequeñas dimensiones de la ermita de San Miguel y su planta rectangular la asemejan a muchas otras de la comarca, erigidas en lugares eminentes y próximas a las corrientes o confluencias de arroyos; la de S. Miguel en la margen derecha del arroyo de su mismo nombre que viene del Pando y Castil de la Mula y cercana a la confluencia de éste con el arroyo que nace de las aguas vertientes originadas entre el circo montañoso formado por el Pico el Águila, el Roscas, Peña Rionda y Pico Moro. 
En la Montaña Oriental tenemos ejemplos de iglesias muy antiguas, datadas como ya existentes en tiempos anteriores al siglo VIII: S. Pedro de Orzales en Sajambre; en las Salas S. Martín de Alión; Santa Maria o Marina en Santaolaja de la Varga; la ya mencionada Santa Eulalia de Aleje; San Martín de Verdiago; y sospechamos también de Santa Eulalia de Santaolaja de la Varga; San Jorge junto al castro de la Ercina y muchas más. Unas y otras encajan y  se explican en el esquema de la conquista romana y la campaña del Monte Vindio, como recogemos en la serie La Huella de las legiones, v. 8, pues todas ellas destacan por una constelación de indicios allí apuntados, aparte de su valor estratégico. En cuanto posiciones destacadas  en la campaña  y  de acuerdo con el estilo romano,  pudo  haber  existido  allí donde se sitúan las ermitas,  algún elemento de culto, e incluso, andando el tiempo  bastaría  el recuerdo de un pasado mítico y misterioso  para que se llevase a cabo la cristianización del lugar. Se dice que San Miguel suele figurar como patrono en lugares que guardan alguna tradición de guerras muy remotas. Estas iglesias, muchas de ellas ya en ruinas reclaman nuestra atención, son los testigos de los cultos antiguos y de la historia religiosa montañesa hasta la primera mitad del siglo XX. Su cercanía a las cumbres de los montes más señeros de la comarca las acercaba a la divinidad, pues los dioses antiguos se manifestaban en las montañas y allí recibían culto hasta que las divinas palabras de Jesús, vinieron a nosotros a través de la calzada del Esla. Merece la pena acercarse por el antiguo camino hasta la ermita de San Miguel de Aleje, pasear la vista por la belleza de sus montañas, a poco que nos esforcemos se escucha en ellas la respiración de Dios.

 El pesador de las almas, príncipe de los espíritus celestiales, fortísimo e invicto San Miguel Arcangel, patrón y titular de la ermita de Aleje.

Valle y ermita de San Miguel de Aleje bajo la mole de Pico Moro. (Foto: Siro S)

 La ermita de S. Miguel en lugar eminente sobre la confluencia del arroyo que baja del Pando y Castil de la Mula con el arroyo que nace en el circo formado por Pico Moro, Pico Roscas y Pico el Águila. (Foto: E Martino)

Magnífico tramo de calzada entre San Miguel y el Pando, por la quebrada rocosa que baja del Castil de la Mula. (Foto.E. Martino)
En dirección al Pico Roscas y la Peña Rionda, divisamos en el fondo del valle la ermita de S. Miguel. (Foto. Siro)

domingo, 1 de junio de 2014

CRONICAS MORISCAS DE UN CRISTIANO VIEJO DE LAS MONTAÑAS DE LEÓN: La magia en el medio urbano del Magreb- Al Arab. Rituales extáticos para convocar a los jnum. La ceremonia de Lilat. Siro Sanz




Cuando se pregunta a los marroquíes si se practica la magia (sahir) en su tierra, lo niegan avergonzados. Sobre todo, lo niegan en los últimos tiempos cuando las interdicciones rigoristas wahabies ajenas al Islam Maliki del Magreb-Al- Arab, intentan acabar por todos los medios con unas  prácticas antiquísimas, influenciadas también por los cultos animistas de más allá del Sahara,  anteriores a la conquista musulmana, parte integrante de la cultura e idiosincrasia bereber e incluso de la otrora abundante población judía. Se alzan últimamente voces para la defensa de estas acendradas tradiciones y conocimientos con el fin de servir de freno al integrismo islámico, deseoso de instaurar una especie de globalización religiosa que tiene por objeto expandir el sentir religioso de los más fanáticos, a la vez, los más ignorantes del mensaje de misericordia y perdón que atesora el bendito Al-Coran. No es nada nuevo, en el siglo XVIII un movimiento integrista wahabi fue combatido hasta el exterminio por una alianza de tribus bereberes,  cuando aquellos intentaban acabar con el culto a los santos (walis) destruyendo como perros rabiosos las zahuias (ermitas),  prohibiendo los mussens (romerías), la música, el baile y las artes. La creencia en los djnum (espiritus) especie de entidades que ocupan un lugar intermedio entre los ángeles y el diablo, es general en el Magreb; una especie de sociedad paralela a la humana, habitadora del inframundo. Al djim (espíritu), se le puede convocar para  que sea propicio a los vivos, e invitarle a participar en determinadas actividades; incluso se le puede exorcizar cuando es malévolo y causa problemas en las casas o personas. Una fiesta-ceremonia importante para convocar a los djnum (espíritus) es la denominada "Lilat". Relataré lo que he presenciado como testigo en el Lilat de doña Fátima, excelente y reconocida shuawwafa (vidente) además de ferviente musulmana de Medina Murrakus; también la información recibida oralmente de mi suegra lala Aicha. Mi participación en estos eventos es puramente pasiva, ubicado en lugar discreto, debido a mi condición de masigi (seguidor del Mesias) o nasarani (seguidor del Nazareno), siempre previa invitación de amigos o familiares; seguimos el áureo principio de no acudir donde no se nos llama.
Las shuawwafas  suelen reunirse para el Lilat en el mes de Sabán, ésto es, cuarenta días antes del Ramadan, pues durante el mes sagrado del ayuno, los djnum son ahuyentados o permanecen encadenados y todas esas ceremonias están prohibidas. En el Lilat, la shuawwfa solicita a los djnum que renueven en ella las facultades adivinatorias e incluso exorcizan espíritus malévolos que molestan a alguno de los participantes. Cuando se sospecha que alguien tiene  mal de ojo, se le aconseja acudir al Lilat para liberarse  por medio de la ceremonia. Las hijas del Magreb emigrantes en Europa cuando bajan en vísperas del Ramadán suelen asistir al Lilat para exorcizar lo males de la civilización europea: depresión, tristeza, agobios producidos por el consumismo, el tener y poseer etc; una especie de terapia de grupo que realmente cura enfermedades psicosomáticas y adicciones varias. Antes del Lilat, la shuawwfa debe hacer la ziara o visita a siete zahuias (ermitas) de siete salig o santos; permanece tres días en cada zahuia. Entre los santos más importantes que debe visitar se encuentran: Muley Ibrahim en el Gran Atlas, allí acuden las moras mozas a pedir la fertilidad de sus vientres y donde también se dice (atención a los casados) que vas casado y regresas divorciado; Tameslog, santo milagrero de poderosa Baraka (bendición) capaz de producir la lluvia cuando se hacen las rogativas pertinentes; el poderoso Sidi Cham Harouch que ata y desata las voluntades humanas, a su cueva en el Gran Atlas junto al Toubkal acuden los endemoniados para ser exorcizados; Hadi ben Aisa que tiene su zahuia en Meknes; Sidi Bel Abbes, ermitaño en Guelis y santo patrón de Murrakus, con hermosa zahuia en la medina; Buia Omar, cercano a Medina Murrakus lugar donde se lleva a los (hamak) enfermos mentales, drogadictos, alcohólicos; incluso se acogen por allí a sagrado delincuentes escapados de la justicia. Se nos encoge el corazón al contemplar la magnitud del dolor humano en ese lugar. Los enfermos mentales son custodiados por una tribu  Chorfa (descendientes de Sidin´a Muhamad, sobre el sea la paz), a la mínima, sin ningún miramiento les encadenan y golpean hasta que el Faqui (entendido en la ley) decide aplicar el exorcismo para expulsar el djim que los martiriza; algunos pasan años custodiados en la zahuia por semejantes cancerberos.
La mañana del día escogido para celebrar el Lilat, la shuawwfa sale con la faquía, (bandeja llena de almendras, nueces, tamar o dátiles, dulces y dinero). Lo lleva a la tariká, o cofradía de los Isawua, a veces a la del los Gnawa y solicita su participación en la ceremonia. A la caída de la noche los Isawua acompañados por instrumentos de percusión tabales y korass, especie de grandes castañuelas de metal, entran en el patio de la casa, en  grave procesión presidida por el pendón verde de su cofradía, allí aguarda reunido todo el kahale (reunión de mujeres) que participará en la danza colectiva alrededor de la shuawwfa.
Al anochecer, cuando el hilo blanco no se distingue del negro, comienza la danza, dura hasta las 4 de la madrugada. Las mujeres visten gandoras (túnicas) de cinco colores: negro, rojo, blanco, amarillo y buderbala (mezcla de todos ellos). Cada color convoca a un demonio femenino o masculino: el rojo atrae a Lala (señora) Arquía; el amarillo a Lala Amira, el negro llama a Sidi Hamo y el blanco a Mouley Cherif.
Cuando los Isawua comienzan a batir los tambores, tabales y Korass, la shuawwfa toma un cuchillo en cada mano e inicia un baile extático circular. Mueve la cabeza convulsivamente hacia los lados, el cabello suelto cubre la cara, el resto de mujeres en trance rodean a la vidente  y se suman gradualmente al baile. En el momento más álgido de la ceremonia, sobre la una o dos de la madrugada, la shuawwfa se infringe cortes en brazos y cara, sin apenas dejar más que marcas moradas superficiales. Cuando el djim viene a ella, las mujeres que la asisten sin participar en la danza, cubren rostro y cuerpo con un litan blanco o negro para vedar a los presentes las contorsiones del rostro y los sonoros eructos que emite la vidente, la voz se vuelve extraña y gutural, señales inequívocas de posesión, el djim ha llegado.
La danza tiene la facultad de provocar el trance a terceros, aquellos que como meros espectadores asisten a la ceremonia, deben ser demonios muminin o creyentes pues nunca han venido hacia el que esto escribe que siempre ha tenido la precaución de llevar en lugar reservado una estampa de S. Guillermo de Peñacorada y un rosario de pétalos de rosas comprado a las devotas hijas del Cister en su monasterio de Gradefes.
Las mujeres bailan en una especie de pandemónium como locas, con sus largos cabellos sueltos, a semejanza de las antiguas danzas báquicas de los griegos. Sobre la media noche, se sacrifica una cabra negra, parte se cocina sin sal, pues la sal ahuyenta a los djnum, se  añade al guiso canela y azúcar, luego se distribuye en platos por los cuatro rincones de la casa como alimento de los moradores del inframundo; el resto se cocina con sal para todos los presentes. Hacia las cuatro de la madrugada finaliza la ceremonia, la shuawwfa tranquila y sosegada, con las facultades adivinatorias renovadas emite vaticinios para los presentes que lo solicitan, se quema  bojor Mequi (incienso de Meca) que llena de fragancia las estancias y el patio de la casa.
Que Dios guarde y acreciente las tradiciones del Magreb-Al- Arabi y a nosotros nos libre de semejante caterva de genios y demonios.


Zahuia de Sidi Bel Abbes en Marraquech

Mueve la cabeza convulsivamente hacia los lados, el cabello suelto cubre la cara.

Llega el djim.La danza tiene la facultad de provocar el trance a terceros, aquellos que como meros espectadores asisten a la ceremonia, deben ser demonios muminin o creyentes pues nunca han venido hacia el que esto escribe que siempre ha tenido la precaución de llevar en lugar reservado una estampa de S. Guillermo de Peñacorada y un rosario de pétalos de rosas comprado a las devotas hijas del Cister en su monasterio de Gradefes.

La shuawwfa se infringe cortes en manos y rostro.

Danza extática de hombres

Inicio de la danza para convocar a los djnum.




domingo, 18 de mayo de 2014

San Guillermo de Peñacorada, en la Tradición, en la Historia y en sus Reliquias. Sede del Instituto Biblico y Oriental de Cistierna. RESUMEN DE LA CONFERENCIA.




Cistierna retoma una tradición perdida durante la guerra civil cuando la iglesia de Santa Maria fue quemada y desapareció el retablo renacentista,  libros de fábrica, de sacramentos, y los de la mayordomía de S. Guillermo de Peñacorada que atesoraban una documentación preciosa sobre la gruta donde se ha conservado la memoria del monje y ermitaño Guillermo durante ocho siglos. También se perdió la reliquia de S. Guillermo que el pueblo veneraba con un beso ritual el día de la bajada del santo a la villa. De niño escuche en casa, cuando nos visitaba nuestro pariente D. Julián Tejerina de Carande, Canónigo de la catedral de León, que a S. Guillermo, los de Cistierna le teníamos que buscar en el Bierzo y ahí nació mi interés por recuperar algo del mismo. En 1915 en una excavación en las ruinas del monasterio de S. Guillermo (ladera Este de Peñacorada) apareció una tumba con restos humanos, precipitadamente fueron reputados como los de S. Guillermo, obviando que en dicho monasterio también se hicieron enterrar muchos señores de la casa de Prado. No se tuvo tampoco en cuenta que había memoria de la existencia de reliquias de S. Guillermo de Peñacorada en el Bierzo, en concreto en el monasterio cisterciense de S. Miguel de las Dueñas, a este monasterio habían llegado desde el cercano monasterio también cisterciense de S. Guillermo de Villabuena. Los gloriosos reyes de León Fernando II, y su hijo Alfonso IX, favorecieron mucho al monasterio de Santa María de los Valles de Peñacorada, donde fue prior el monje y eremita Guillermo. Existen documentos del año 1171 que nombran al eremita y monje, como prior en esa casa. La estrecha relación del Tuejar con Sahagún desde el S. X y las diferentes menciones a monjes en los monasterios del valle incluso a Guillermo como monje y eremita nos confirma que no eran canónigos los que habitaban en Santa María de los Valles, sí monjes sujetos a la regla de S. Benito. Hacia 1305 el monasterio de Santa María de los Valles ha cambiado el nombre por el de S. Guillermo.
La llegada de las reliquias al Bierzo tiene su explicación. Cuando el matrimonio de Alfonso IX con su prima Teresa de Portugal es anulado, la reina funda en 1229 el monasterio de Villabuena en el Bierzo para sus hijas Sancha y Dulce, después ella misma se retirará al de Lorvao en Portugal. El monasterio que al principio se llamó de Santa María, enseguida trocó el nombre por el de S. Guillermo cuando se trajeron las reliquias desde la Montaña Oriental. Al ser Peñacorada patrimonio regio hasta que comienza el auge de la nobleza local en la baja Edad Media, es fácil pensar que la reina Teresa dispuso de esas poderosas reliquias sin dificultad, y más, en un momento en el cual las dos infantas Sancha y Dulce son herederas a la corona de León, pretendida por la otra mujer de Alfonso IX, Berenguela de Castilla, para su hijo Fernando. Convenía por tanto que estas hijas de reyes de León se enterrasen en un convento. Desde la primera mitad del S. XIII los restos de S. Guillermo se conservaron en el Bierzo hasta hoy. Así lo afirman también José Mª Canal Pagín (Historiador), Alfonso Prieto (catedrático de Derecho Canónico) y Concha Casado (antropóloga y escritora). Existe además una memoria de 1585 conservada en el archivo conventual de S. Miguel de Dueñas que dice al referirse a la arqueta donde se guardan los restos del santo: "RELIQUIAS DE S. GUILLERMO DE PEÑACORADA, QUE SE TRAJERON AQUÍ DESDE VILLABUENA". Por lo tanto la secuencia histórica del traslado es la siguiente: 1) muerte del santo en fecha indeterminada a finales del S. XII; 2) traslado de los restos  por doña Teresa reina de León al Bierzo, a principios del S. XIII, para fundar en Villabuena el monasterio de S. Guillermo; 3) en 1525 del monasterio de Villabuena arrasado por una crecida del río Cúa, bajan los restos del santo al monasterio de S. Miguel de Dueñas donde se conservan hasta hoy día. Nuestra labor ha sido reconstruir este periplo que nadie había explicado hasta ahora, y recordar a los cisterniegos que existían reliquias AUTÉNTICAS
Por fin, el día 28 de Marzo realizadas muchas gestiones y con la colaboración de: NUESTRO PÁRROCO DON AVELINO QUE DESDE EL PRINCIPIO APOYO TODAS LAS GESTIONES, LA ASOCIACIÓN RUTA VADINIENSE, EL INSTITUTO BIBLICO Y ORIENTAL QUE SIEMPRE ME ANIMÓ A INVESTIGAR, nos acercamos a la comunidad cisterciense de S. Miguel de las Dueñas donde su abadesa Doña Mercedes Martín y la comunidad tuvieron a bien compartir una parte mínima de los restos de nuestro patrón que allí se custodiaban. En definitiva han sido casi 30 generaciones de hijas de S. Benito en el Bierzo, las que han guardado las reliquias y memoria de S. Guillermo de Peñacorada también monje benedictino, uniendo de esta forma con lazo espiritual y cultural la villa berciana de S. Miguel con la de Cistierna al otro extremo de la provincia, en la Montaña Oriental leonesa. Sirvan también nuestros esfuerzos de homenaje para las generaciones pasadas que miraron siempre por el decoro y guarda de la ermita en la gruta de Peñacorada, nos alcanza la memoria a algunos que ya gozan de la visión eterna: D. Nemesio Montañés, D. Angel Cuesta, D. Pergentino Rodríguez, D. Tarsicio Fernández, D. Matías Concellón, Don Clementino Diez, D. Victoriano Martínez, D. Alberto González y muchos más.

Documento de cesión de la reliquia, firmado por la R.M. Abadesa Doña Mercedes Martín, Don Avelino Gutierrez, párroco de Cistierna y Juan García  mayordomo de S. Guillermo. (Foto: Siro Sanz)


Imagen de Santa Teresa de Portugal, esposa de Alfonso IX de León, artífice del traslado de los restos de S. Guillermo de Peñacorada al monasterio de Villabuena fundado por ella en el Bierzo. La imagen se conserva en un retablo lateral de S. Miguel y representa a la fundadora con la maqueta del monasterio de Villabuena en la mano izquierda. (Foto: Siro Sanz)
Relicario ubicado en el coro del monasterio de S. Miguel. En el primer piso presidiendo el relicario y en el centro se ubica una caja que guarda el cráneo de S. Guillermo de Peñacorada. (Foto: Siro Sanz)

La madre tornera muestra la reliquia de S. Guillermo a D. Avelino, párroco de Cistierna. (Foto: Siro Sanz)

La reliquia cedida es la cabeza del femur del santo, reservada en el secreto de este relicario para la veneración de los fieles de Cistierna. (Foto: Siro Sanz)
Foto de grupo con la comunidad de S. Miguel de las Dueñas. En el centro junto a D. Avelino párroco de Cistierna,  la Reverenda Madre Abadesa Doña Mercedes Martín.(Foto: Siro Sanz)

El día 19 de mayo de 2014, a las 8.30 de la tarde, la reliquia de San Guillermo después de ser bendecida por el sacerdote fue expuesta a la veneración de los fieles en la iglesia de Cristo Rey de Cistierna, se rescata del olvido una tradición perdida hace más de 70 años. (Foto: Siro Sanz)

martes, 13 de mayo de 2014

SAN GUILLERMO DE PEÑACORADA EN LA TRADICION EN LA HISTORIA Y EN SUS RELIQUIAS. Conferencia en la Rectoral de Cistierna, sábado 17 de Mayo.


Entre algunas personas espirituales que se dicen cultas y más entre la masa descreída, existe cierta prevención hacia las reliquias, sobre todo en los tiempos actuales cuando reverdece el interés y la búsqueda de alguna de ellas; no las menos importantes por cierto. Para el creyente católico las reliquias de los santos gozan de  un interés especial. El culto comenzó asociado a los mártires y su tumba, de ahí el deseo por conseguir reliquias del testigo de Dios en la vida y en la muerte gloriosa. 
En el hombre santo, la cristiandad católica ve a  un mediador poderoso, un testigo y confesor de la fe; de ahí el repartir las reliquias del cuerpo para multiplicar la veneración mediadora a los lugares lejanos donde no se podía disfrutar de la presencia de la tumba martirial. En la conferencia del 17 de mayo se abordará la figura de S. Guillermo de Peñacorada, muy presente aún en la tradición y en la historia de los pueblos que rodean el Macizo de Peñacorada. Una personalidad sugestiva que atraviesa los siglos: monje benedictino, prior en el monasterio de Santa María de los Valles y ermitaño en la cueva de Cistierna. La conferencia se imparte en la Sede del Instituto Biblico, lugar idóneo para hablar de esta Tebaida leonesa que comprendía el macizo de Peñacorada y el cercano Pardomino.
Ante la pregunta de si existieron reliquias auténticas de San Guillermo, nuestra respuesta es afirmativa. Existierón y existen hasta ahora, conservadas por la monjas cistiercienses de S. Miguel de Dueñas  en el Bierzo, desde que fueron transferidas allí en el siglo XIII, por la santa reina de León: Doña Teresa de Portugal. Al fin y al cabo los restos de San Guillermo, monje benedictino han sido guardados y venerados durante 800 años por generaciones de hijas de S. Benito. Después de nuestra búsqueda elevamos una petición a la Reverenda Madre Abadesa de San Miguel y la comunidad que ella rige, accedieron a compartir graciosamente una parte de nuestro Santo Patrón. Así Cistierna, recupera la tradición de la veneración de la reliquía de S. Guillermo perdida poco después de la guerra civil. La unión de Cistierna con S. Miguel de las Dueñas queda sellada por un lazo espiritual emanado de la figura de S. Guillermo de Peñacorada.

Imagen de San Guillermo de Peñacorada en la gruta de cistierna. (Foto: Siro Sanz) 

Monasterio de S. Miguel de las Dueñas: lugar donde se custodian las reliquias de S. Guillermo de Peñacorada desde el S. XVI cuando fueron traídas por las monjas cistercienses del monasterio de S. Guillermo de Villabuena, destruído por una crecída del río Cúa. (Foto: del libro, San Miguel de las Dueñas, monasterio cisterciense del Bierzo de Gregoria Cavero y Miguel Angel González. Edilesa)

Reliquia de S. Guillermo de Peñacorada, cedida por la Reverenda Madre Abadesa y comunidad cisterciense de S. Miguel de las Dueñas. (Foto: Siro Sanz)

Reliquia de San Guillermo después de su bendición,  expuesta a la veneración de los fieles en la iglesia de Cristo Rey de Cistierna (Foto: Siro Sanz)

sábado, 10 de mayo de 2014

RESUMEN DE LA CONFERENCIA: La Calzada del Esla, Vía Saliámica Romana. Eutimio Martino-Siro Sanz. Instituto Bíblico de Cistierna.




Aunque algunos se empeñen en negar la romanidad de este camino que discurre de Sur a Norte siguiendo el curso del Esla, y en Riaño se bifurca para cruzar la cordillera, las pruebas que lo  atestiguan  son realmente abrumadoras y permiten documentarlo en todas sus etapas históricas.
  • Es una vía de conquista romana que discurre junto al Astura, río que separaba a los cántabros de los astures. Sabemos por Floro y Orosio conocedores de la fuente de Tito Livio que: “Augusto salió a luchar contra cántabros y astures”; muchos autores afirman que Augusto les sometió a la vez. Interpretan la palabra griega “ama” en ese sentido, obviando que ese término también significa: de una vez. Y de una vez por todas sometió a estos dos valerosos pueblos, los últimos de toda Hispania en rendirse al romano. Augusto les separa por su frontera natural el Esla; primero ataca a los cántabros, después a los astures. Para dar la batalla de Bérgida (Valdeburón) y el Vindio (Picos de Europa), ambas en territorio cántabro, consignadas en las fuentes, y a falta de una flotilla de helicópteros, tuvieron los romanos que hacer caminos siguiendo las cuencas altas del Esla y Cea.
  • Durante la romanización Crémenes, población situada entre los tramos más notables de la calzada: El Pajar del Diablo y Las Salas, emerge como uno de los núcleos romanizados más importantes. Núcleo vadiniense e incluso romano, afirmado por tantas lápidas indígenas y dos romanas, una de ellas dedicada a Iupiter Optimo Máximo. Un foco romano-indígena de esas característica tenía que estar  comunicado con la meseta y a su vez con el núcleo vadiniense del otro lado de la cordillera situado entre la confluencia del Güeña y el Sella en Corao.
  • Durante la Alta Edad Media, nos podemos preguntar por dónde subieron los árabes a dar batallas tan importantes como la de Covadonga o la de Pontumio. En los siglos IX y X, un tiempo en el cual los cristianos no estaban para realizar ese tipo de obras debido al peligro islamita, aparece bien documentado dicho camino. En 874 el Pajar del Diablo en el lugar del Ventaniello o la Entrecisa se documenta en un gran deslinde; por lo tanto ese paso era notable y bien conocido. En  Aleje y Corniero se le denomina carraria antiqua en el S. X. En 973 en Retuerto, empalme de la vertiente Norte con el río Esla, se denomina al camino como vía saliamica o del río, pues ese es el significado de salia nombre indígena, y amnis nombre latino para río que forman un compuesto hidronímico prerromano y latino. Tampoco es extraño para nosotros que algunas calzadas se denominen por el nombre de los ríos inmediatos, conociendo la veneración casi supersticiosa de los romanos por las aguas e incluso los indígenas.
  • Y por último durante la Edad Moderna, las mandas que deja el Arcediano de Sajambre para repararos y conservación del camino, ilustra a la perfección la pobreza de medios de nuestros concejos, imposibilitados técnica y materialmente para la construcción de obra tan magna.

Que la inclusión de la Calzada del Esla en la LISTA ROJA DE HISPANIA NOSTRA, sirva para que “AMA” DE UNA VEZ POR TODAS, los ayuntamientos y concejos por donde pasa tomen  medidas protectoras que conserven para el turismo y en especial para aquellos que se dirigen a Santiago de Compostela un camino por el que discurrió la vida material y cultural de nuestros pueblos hasta tiempos muy recientes. 
 
 Tramo de la Calzada del Esla en las Salas. (Foto: Siro Sanz)

lunes, 5 de mayo de 2014

7º CONFERENCIA DEL CICLO LOS ORÍGENES DE LA NACIÓN ESPAÑOLA DE LOS CÁNTABROS A PELAYO. LA CALZADA DEL ESLA VÍA SALIAMICA ROMANA. Eutimio Martino-Siro Sanz. El 9 de Abril, sede del Instituto Biblico y Oriental de Cistierna.

La calzada del Esla el monumento romano más importante de la Montaña Oriental Leonesa ha entrado en la "Lista Roja de Hispania Nostra", dudoso honor que nos debe impeler a seguir su estudio para que desde el conocimiento, las autoridades a las que competen estas materias se decidan de una vez a conservarla y otorgar la importancia que tiene. Ya lo hemos dicho en alguna ocasión, este singular camino puede vertebrar de Norte a Sur el turismo que busca paisaje y patrimonio histórico bien integrado. Ojalá no sea tarde.

 
La Entrecisa (Crémenes). (Foto: Siro Sanz)

Tramo de la Vía Saliámica o Calzada del Esla en San Roque, Las Salas. (Foto: Siro Sanz)

sábado, 3 de mayo de 2014

DE CISTIERNA A CÓRDOBA. UN VIAJE QUE SE DEMORÓ 54 AÑOS




 Al igual que el romano Cincinato, el pasado 15 de abril me encontraba en una finca  a  punto de comenzar la arada, cuando recibí una llamada telefónica de dos personas que querían hablar conmigo. Abandoné la tarea y al momento se personó en la finca  una pareja que se dirigió a mí con el inconfundible acento de las tierras donde medra el olivo y la clara luz del día ensancha el espíritu. 
Se presentaron como Manoli y Joaquín, por encima me explicaron que alguien del Ayuntamiento les aconsejó que preguntasen por mi. Al momento reconocí en Manoli a la señora que la noche anterior durante una conferencia impartida en el Instituto Biblico me había preguntado por D. Avelino, nuestro párroco.
Habían llegado el día 14  a Cistierna con la intención de recuperar los restos del abuelo de Manoli,  D. Antonio Gandía, natural de Pozoblanco, enterrado en el cementerio de Cistierna  en 1960.
La familia de Manoli, en concreto tres hijas de Antonio: Rafaela, Antonia y Ascensión subieron al Norte a finales de los años cincuenta acompañaban a sus maridos con la intención de trabajar en la entonces pujante industria minera de la Cuenca de Sabero- Cistierna. Gentes valientes que dejaban atrás la patria chica cordobesa, sus hogares y familia para buscar un futuro mejor en aquella España recién salida de los peores momentos de la posguerra. Vivían todos en las Colominas, entonces un barrio minero, transformado hoy día en pequeñas casas unifamiliares. Mientras tanto allá en Córdoba, su padre, pastor en una finca de Obejo, enfermó de un tumor en el cuello con un pronóstico fatal. En Cistierna una mujer entendida en hierbas y deshacer aojamientos, les explicó que en la márgen derecha del río Esla, en el pago de la Jagaríz crecían unas hierbas que curaban el cáncer. Desesperadas bajaron por su padre a Córdoba, y con Antonino se vinieron a León. Todos los días pasaban por el puente de hierro hacia la fuente de la Jagariz a por aquellas hierbas sanadoras. Nada consiguieron con el rústico remedio, a los veinte días de su estancia en la villa montañesa su padre falleció. Recibió cristiana sepultura en verdadera tierra, lo acogió el recién inaugurado cementerio municipal, trasladado por insalubre y pequeño desde las cuestas del Vallejo hasta el Valle de Arrón.  Hijas y yernos a los pocos años partieron a su Córdoba natal, dejaban atrás años de esfuerzo y los restos de Antonino. La memoria y el lugar que ocupaba su tumba desapareció con su marcha. Pasó el tiempo y hasta la huella de la tumba desaparecío bajo el verde tapín de 54 primaveras. Lo que nunca se perdió fue el recuerdo del padre que pasarón a sus hijos, al menos nunca se olvidó de él su nieta Manoli, que desde la edad de la razón abrigó el deseo de recuperar los restos del abuelo. Con esa intención viajó con su marido al Norte la pasada Semana Santa, después de hablar con el párroco lo hicieron con nuestro Alcalde D. Nicanor Sen y otros funcionarios del Ayuntamiento. Ni siquiera había documento certero y fiable del paradero de la tumba, sólo un papel con las filas de tumbas en tierra dónde se podía encontrar su abuelo. Cada fila tenía cuatro tumbas, en una de las filas se notaba la ausencia de la cuarta tumba, faltaban los signos externos: peralte del terreno, lápida o cruz; ese espacio se encontraba junto al panteón de mis antepasadolos Sagüillo Valbuena. 
Acostumbrado a investigar en archivos y bibliotecas, les comenté que el documento con las filas de las tumbas, aunque no con los nombres de los fallecidos, era un documento precioso, pues por deducción se podía llegar a descubrir el lugar. Incluso junto al panteón de mi familia se percibía la marca de una tumba. Joaquín había tenido la misma intuición, y los dos coincidimos en el mismo lugar. Durante el día 16 ayudados por un buen samaritano, cavaron sin ningún resultado, me llamaron y  les animé a que perseveraran. El día 17, Jueves de dolores, reanudaron la búsqueda y a las 11 de la mañana aparecían los primeros indicios; restos de la caja y bajo ellos, un esqueleto. Manoli observaba los restos humanos con sumo cuidado, conocía por sus tías y su madre que el cáncer había afectado no sólo el cuello también el cráneo, y esa fue la prueba definitiva. El día de Viernes Santo quedamos para despedirnos. Manoli estaba muy alegre pues había cumplido con su abuelo y con toda la familia. Joaquín no se cansaba de ponderar la hospitalidad y el buen recibimiento en el Ayuntamiento de Cistierna, me comentaba que incluso el Sr. Alcalde D. Nicanor, había acudido con ellos al cementerio para procurarles su apoyo y ayuda. Insistía en la dificultad y burocracia inutil que estos trámites acarrearían si se hubiesen demandado en Andalucía.
Vaya desde aquí nuestro reconocimiento para esta pareja cordobesa, en espacial para Manoli que atravesó España en la Semana Santa de 2014, con la intención de recuperar la memoria de su gente y para que el olvido no cubriese definitivamente la tumba del abuelo Antonino, acogido temporalmente entre nosotros y en el regazo de la santa tierra del viejo reino de León; ahora, por fin descansa definitivamente en paz en su Córdoba natal.

Siro Sanz
La minería era áun en los años cincuenta y sesenta la principal fuente de riqueza de Cistierna. (Foto: Siro Sanz)
Puente de hierro que conduce al pago de la Jagariz y por donde pasaba el ferrocarril minero. (Foto: Siro Sanz)

 Cementerio de la villa y Concejo de Cistierna. (Foto: Siro Sanz)

Junto al panteón de los Sagüillo Valbuena aún se percibe en contraste con el verde tampin la tierra removida  del lugar que ocupaba la tumba de Antonio Gandía. (Foto: Siro Sanz)