Translate

viernes, 26 de diciembre de 2014

TRADICIONES DE LA NATIVIDAD EN CISTIERNA: LOS BELENES O NACIMIENTOS. Siro Sanz




El punto final al Tiempo del Adviento en la villa de Cistierna, lo pone la noche del 21 de diciembre, cuando la tradicional subida de las luces a la gruta de San Guillermo de Peñacorada. Venciendo el frío, la ardua subida  a Peñacorada y, las tinieblas de la noche sólo rotas por la llama de los candiles, cada año se acercan a la cueva pequeños y grandes para dar el postrero homenaje anual al patrón. Allí se felicitan las pascuas los cisterniegos, se fortalecen los lazos de convivencia y cantan villancicos al son de panderetas.  El  Mayordomo  y sus acólitos corresponden generosamente con una gran convidada a base de: orujo, mistela, vino, pastas, rosquillas, mazapán. A esta tradición se añade la felizmente recuperada del Canto del Ramo en la Misa de Gallo y día de la Natividad de Nuestro Señor y,  termina la Navidad con la cabalgata de los Reyes Magos que del Oriente Bíblico nos visitan el 6 de Enero. Existen otras tradiciones navideñas en Cistierna, algunas de ellas se ciñen al estricto acerbo privado de las familias como son las culinarias,  aguinaldos, visitas y felicitaciones de parientes y amigos con sus correspondientes convidadas; en este articulito quiero hacer una pequeña reseña de la tradición de los belenes o nacimientos. Una tradición nunca olvidada ni en el ámbito público ni en los hogares. Aún recordamos el extraordinario nacimiento que se colocaba en el crucero de la Iglesia de Cristo Rey hacia los años sesenta del siglo que pasó, contaba con hermosas figuras de tradición clásica levantina pintadas a mano, de unos 30 centímetros de altura, eran de gran belleza la gruta y el misterio que en ella se albergaba, los tres Reyes Magos, el castillo del Rey Herodes, los pastores y sus ganados; actualmente nadie da razón  de “ubi est”, allá en el día del juicio "quidquid latet apparebit". Le sucedieron otros en la iglesia,  en años recientes uno de ellos de mucho postín, según los informantes importado de Tierra Santa, también desaparecido súbitamente, sustituido por otro que año tras año recupera estilo y dignidad. Existen otros nacimientos que por pertenecer al ámbito privado domiciliario no son tan conocidos, todos ellos sin embargo muy estimables por el gusto y el gran trabajo desplegados a la hora de realizarlos. Me refiero a los nacimientos de D. Alvaro García Sahelices y D. Rodrigo García García, merecedores ambos de un estudio detallado por la recreación de ambientes bíblicos y calidad de las figuras,  no estaría mal que ellos mismos presentasen  y de alguna forma diesen a conocer tan extraordinarios trabajos, fruto de muchas horas dedicadas al hermoso y fugaz arte belenístico.
 La calidad de las figuras orientalizantes del Nacimiento de D. Alvaro García Sahelices es de reseñar. (Foto: Siro Sanz García)
 Zalata Malka o, los tres Reyes Magos de Oriente del Nacimiento de D. Alvaro García Sahelices . (Foto: Siro Sanz García)

Recreación de la arada en el Nacimiento de D. Alvaro  García Sahelices. (Foto: Siro Sanz García) 

Taberna, nacimiento de D. Rodrigo García García de Cistierna

 
Taller del Alfarero, nacimiento de Rodrigo García García de Cistierna.
 Imagen de uno de los belenes domiciliarios  de Cistierna (Foto: Siro Sanz)

 Los Reyes Magos, belen privado de Cistierna (Foto: Siro Sanz)

El castillo del Malik Herodes. ( Foto: Siro Sanz)

lunes, 15 de diciembre de 2014

GENTILICIOS: LOS DE CISTIERNA CISTERNIEGOS. Siro Sanz


UNA PROPUESTA DE GENTILICIO PARA MIS ESTIMADOS PAISANOS DE CISTIERNA A LOS CUALES TANTO DEBO.


En el Pasado puente de la Purísima, subí el domingo día 7 por la tarde a la ermita de S. Guillermo de Peñacorada. Allí coincidí con unos estimados paisanos míos residentes en Madrid, después de las salutaciones de costumbre, me preguntaron por qué razones en mis escritos siempre nombraba a los originarios de Cistierna como CISTERNIEGOS.
Les comenté que fui el primero hace ya muchos años en utilizar ese gentilicio y observo en el momento actual que muchas personas lo aceptan, frente a los que siguen pertinaces en utilizar los impronunciables: CISTERNIENSES, CISTERNENSES, no registrados en el DRAE, incluso, alguno anda por ahí, que se refiere a nosotros como CISTERCIENSES que si figura en el DRAE, pero..., evidentemente a pesar de nuestras grandes tachas, nos confunde con los santos y venerables hijos de San Benito. Otros que van de doctos desacreditan sin más el gentilicio cisterniego, la única prueba que aportan es la descalificación zafia y garrula fruto de una ignorancia que cuando es tan grande se convierte en supina. Para una explicación lingüística aproximada del gentilicio que proponemos del cual Cistierna carece y en su defecto utiliza los inapropiados: cisternienses y cisternenses, sigo la estela de mi maestro el P. Martino,  filósofo, historiador y lingüista especializado en la toponimia e hidronimia de origen prerromano, sustrato muy presente en todo el Noroeste de España. El nombre de nuestra villa procede de la palabra latina CISTERNA, con diptongación (ie) característica del leonés; existe otra Cistierna en Cantabria; Cistierna en el Bierzo y;  una Cistierniga en Valladolid. Para la formación del gentilicio proponemos el sufijo céltico ECO que da EGO, la (E) se diptonga en (ie) y tenemos IEGO, uno de los sufijos más abundantes en Cantabria según los exhaustivos estudios sobre toponimia menor del ilustre jesuita. No perdamos de vista que Cistierna pertenece a la Cantabria histórica y al territorio estricto ocupado por la tribu cántabra de los vadinienses; no olvidemos tampoco que la única mención a un princeps cantabrorum (príncipe de los cántabros) apareció en una lápida vadiniense en el entorno de Peñacorada, peña mojonera de la nación cántabra por el Noroeste según el gran historiador cántabro Echegaray (1). Y si esto fuera poco los romanos consideraban  al Astura (Esla) y al Salia (Sella) como ríos fronterizos que separaban a dos poderosos pueblos: astures y cántabros. Entre los vadinienses encontramos nombres de clanes con ese sufijo, lo que nos puede indicar incluso el lugar de procedencia como por ejemplo: los Bodeccum y los Cadeccum. En el diccionario céltico de Holder, también encontramos antropónimos con ese mismo sufijo como por ejemplo: Criscecus, Vasecus, Cariocecus, Cadarecus, Eaecus, Vagodonaecus. Por lo tanto, con el sufijo céltico ECO que da EGO se forman en el área cántabra numerosos gentilicios: sajambriego, lebaniego, pasiego, cabraliego, marniego, CISTERNIEGO y muchos más.
(1) GONZALEZ ECHEGARAY, J: Los Cántabros. Madrid 1966.

Los de Cistierna, cisterniegos. (Panorámica del caserio de Cistierna. Abajo Cistierna desde San Vicente de Yera. Fotos: Siro Sanz)

sábado, 6 de diciembre de 2014

INSTITUTO BÍBLICO Y ORIENTAL DE CISTIERNA. RESUMEN DE LA CONFERENCIA: EL CULTO AL EMPERADOR. Eutimio Martino- Siro Sanz




La conquista de los cántabros por Augusto, última conquista de los romanos en Hispania, juntamente con la de los astures, fue guerra de ocupación y de montaña. La especializada técnica  guerrera romana hubo de emplearse a fondo contra el terrible cántabro, apostado en lo más fuerte de su cordillera. El consiguiente despliegue del invasor  no pudo menos de marcar el terreno, tanto más, cuanto más difícil. De suerte que aún ahora podemos reconocer las huellas del tremendo episodio. Como son desde luego, las calzadas inverosímiles por lugares agrestes y buscando los castros, las fortificaciones, los puntos de vigilancia y los lugares de luces, las fuentes captadas.
Pero además, un pueblo eminentemente religioso como el romano, se acompañaba de sus dioses en el mayor peligro. Más tarde los cristianos habían de cristianizar aquellos cultos con su interpretación cristiana.
El mismo emperador Augusto Divus Caesar y Roma Diva Roma,  presente en la campaña y objeto él mismo de cierto culto militar, hoy día en el bimilenario de su muerte, puede salirnos al paso bajo el titular sagrado cristiano: San Julian, San Roman, San Justo, San Sebastián,  en el lugar de: Julio, de la diosa Roma, de Augusto y del Sebastós (Augusto en griego). El adjetivo de Iulius es Iuliano que en femenino nos da: Castra Iuliana, presente en Santa Juliana de Peñacorada denominada también en otro tiempo como San Salvador de Tolia (Tuejar), devenida con el tiempo en monasterio de San Guillermo de Peñacorada. También el Iupiter Servator esta presente en nuestra tierra  bajo la interpretación cristiana del Salvador, titular de las iglesias de La Llama, Yugueros, Burón y Caín donde también tienen a S. Sebastián. El cambio de servator al Salvador, no es fácil de explicar a primera vista. Salvator no es una voz latina. La voz latina es: Conservator, Consecutor y a veces Soter. Salvator es un neologismo utilizado por autores cristianos muy tempranamente, entre ellos: Lactancio, Prudencio, Jerónimo y Agustín de Hipona. En Graciano ya  vemos esta palabra aplicada a Júpiter, pero seguramente por influencia cristiana. En una lápida dedicada al emperador Nerva Trajano, vemos esta forma plenamente aceptada por el paganismo y aplicada a Júpiter: “JOVI CUSTODI QUIRINO SALVATORI PRO SALUTE CAESARIS NERVAE TRAIANI AUGUSTI”. Una explicación de carácter lingüístico más que sacral, acaso nos sitúe en el contexto romano, aunque ahora en su transición a lo cristiano. Para decirlo en breve, el príncipe de los apóstoles (antiguo titular de la iglesia de Yugueros) pudo ser llamado en latín Dius Petrus y Diuu Petri. Esta segunda forma ya se ve que pudo pasar por la de Iuppiter, el padre de los Dioses romanos. Pero aún más, a él aplicaba el romano el sobrenombre de Servator, el cual corresponde con el Salvador (actual titular de Yugueros) propio de los cristianos.
 San Julián lo encontramos en Villayandre y Argovejo, en este último pueblo la tradición nombra aún el inmediato prado de San Juliano, donde dicen estaba el pueblo antiguo fundado por un militar romano llamado Julio Arga, siempre nos sale al paso la tradición tan denostada por algunos historiadores. San Justo lo tenemos en Olleros. En Modino es también S. Justo el titular de una iglesia que más que templo según Don Aurelio Calvo parece castillo. Entre Riaño y Pedrosa existió también una iglesia dedicada a S. Justo. La historia montañesa como intrincado palimpsesto se reescribe una y otra vez, oculta celosamente sus arcanos en las piedras de monasterios e iglesias de la Cantabria Leonesa, evocando en sus titulares el hito fundacional de nuestra historia que comienza con la conquista romana. Augusto y Cristo de la mano; sin ellos no se puede explicar la historia de Europa.
 
 Estatua del emperador Augusto como jefe supremo del ejército romano. Descalzo simboliza el Augusto ya fallecido y divinizado

 Iglesia del Salvador de Yugueros, en la Alta Edad Media su titular era S. Pedro. El Salvador aparece también en la Llama de la Guzpeña, Burón y Cain. (Foto: Siro)

 El Salvador en Burón bajo las murallas de Atica y junto a Bérgida. (Foto: Calendario de Riaño 1971)

 
A la izquierda y sobre el caserio, verdeando aún a pesar de las heladas otoñales, el prado de San Juliano donde la tradición cuenta se ubicaba el antiguo pueblo de Argovejo. (Foto: Martino)

El martirizado pueblo de Pedrosa. Entre Pedrosa y Riaño existió iglesia dedicada a S. Justo. (Foto: Calendario de Riaño 1971)

domingo, 30 de noviembre de 2014

2ª CONFERENCIA EN EL INSTITUTO BÍBLICO Y ORIENTAL SEDE DE CISTIERNA, 5-XII-2014, a las 19,30: EL CULTO AL EMPERADOR Y SU HUELLA EN LA CRISTIANIZACIÓN DE LA MONTAÑA. Eutimio Martino- Siro Sanz.




El culto al Augusto consistía en la consideración del emperador como Divus, dios. Nos cuenta Cayo Suetonio en su obra LOS DOCE CÉSARES acerca de Julio Cesar: “Sucumbió a los cincuenta y seis años de edad, y fue colocado en el número de los dioses, no solamente por decreto, sino también por unánime sentir del pueblo…”  
La estatua de un Augusto descalzo simbolizaba el Augusto ya fallecido y divinizado.
El culto al emperador fue extendido por el funcionariado romano a lo largo de todo el imperio y solo termina cuando el emperador Constantino I otorga carta de naturaleza al cristianismo. Este culto entra en la Cantabria durante la conquista, como uno más de los cultos campamentales. En la conferencia se tratará de los lugares donde el romano pudo practicar ese culto y el recuerdo impreso en los titulares de iglesias y monasterios montañeses, se hará especial incampié en el nombre de alguno de esos titulares como: San Justo, San Julían, Santa Juliana, El Salvador, San Sebastián etc.

Iglesia de San Justo en Modino. (Foto: Siro Sanz)

sábado, 1 de noviembre de 2014

INSTITUTO BÍBLICO Y ORIENTAL. 1ª CONFERENCIA DEL CURSO 2014-2015: SANTUARIOS Y MONASTERIOS EN LOS ORÍGENES DE LA NACIÓN ESPAÑOLA. Eutimio Martino-Siro Sanz. (31.X. 2014)




Comenzamos nuestra andadura con un título de presentación del curso que parece demasiado ampuloso si lo comparamos con la grandeza de España. Sin embargo, aquellos apartados, humildes monasterios y santuarios de los siglos VII al X fueron testigos del nacimiento de la Nación Española. Testigos intensos no presénciales, testigos activos en la historia montañesa incluso desde los tiempos de la conquista romana cuando ostentaban otra cualidad. El hilo conductor para llegar a la conclusión de la gran antigüedad de algunos de esos santuarios y monasterios lo encontramos en la romanización; rastreada por nosotros en un intenso trabajo de campo. Sagrado sobre sagrado es una constante en la historia de la montaña. Los cultos romanos del campamento fueron cristianizados, donde Marte: Martín, donde Júpiter Servator: Diuu Petri (San Pedro) y el Salvador. Incluso la estrategia romana de asedio a los castros y al Monte Vindio la vemos reflejada y conservada en templos y monasterios con titulares tan sugerentes como Santa Catalina, Santa Lucía , Santa Marina, San Miguel y otros. A partir de Pelayo esos centros religiosos y otros de nuevo cuño toman el relevo. Temas amplios e interesantes, llenos de interrogantes que traen de la mano nuevas preguntas e hipótesis; serán desarrollados Dios mediante durante el presente curso para todos aquellos que se acerquen a la sede del Instituto Bíblico y Oriental de Cistierna.
 Santa Catalina y San Miguel frente a los Picos de Europa y sobre Santo Toribio 

Santa Catalina. Los muros del presbiterio más parecen de fortaleza militar que de iglesia. (Foto Charo Prieto)
Santo Toribio de Liébana, antes San Martín de Turieno.

martes, 14 de octubre de 2014

ADELA RODRÍGUEZ DÍAZ: CASI UN SIGLO DE MEMORIA VIVA DE CISTIERNA. Siro Sanz





Recibí la noticia del fallecimiento de Adela, una  lluviosa tarde de octubre mientras contemplaba desde la Campera Mateo la villa de Cistierna. Este acto supremo de la vida, lo realizó Adela acompañada del cariño de la familia y de su pueblo. Superada la tristeza del primer momento, pues la muerte de nuestros semejantes es separación y aviso de la propia, recordé con gratitud y alegría los muchos momentos compartidos con Adela. Enfilando ya la recta de los 100 años, seguía gozando de una memoria prodigiosa y además, cuando relataba hechos de la historia cotidiana de Cistierna durante el pasado siglo lo hacía con mucho sentido común, ecuanimidad, gracia y caridad cristiana.
Hasta tres molesquines llené de datos precisos y preciosos, que no opiniones, de personas y sucesos para muchos ya olvidados o que no quieren ser recordados. Algunos de esos datos aparecen en este blog y otros han sido puestos hace tiempo en papel de la Revista Comarcal de Riaño, todos ellos recogidos en las tardes de verano cuando Adela tenía a bien dedicarme su tiempo y paciencia. Hace cinco años me interesé mucho por el tema de la guerra civil en Cistierna. Cierto día, después de dos horas hablando del tema, Adela me espetó:-“Siro, la curiosidad mató al gato, preguntas cosas que ni a mi familia he contado”-. No se sentía a gusto recordando la muerte alevosa de sus convecinos, la persecución religiosa, la delación, la cobardía de otros y los difíciles tiempos que vinieron después. También me decía: -“de esto no escribas nada hasta después de mi muerte y no pienses que ahora sería distinto, la barbarie aparece en todo tiempo”-. No tengas cuidado Adela, el panorama que me pintabas era tan desolador, que al día de hoy aún no me atrevo a escribir el relato de la miseria humana desatada en nuestra villa durante aquel conflicto ahora recordado hasta la nusea por cierta "memoria" que no tiene nada de "histórica".
En su despedida nuestro buen párroco Don Avelino Gutiérrez, recordó con sentidas palabras la calidad humana, cristiana y vital de Adela. Durante los tiempos en que fueron párrocos de Cistierna: d. Similiano, d. Conrrado, d. Inocencio Rodríguez (Obispo de Cuenca), d. Fidel (Canónigo de la Catedral de León) y d. Telmo (Rector de San Marcelo de León), Adela fue una gran colaboradora en todas las tareas parroquiales y en todos los eventos promovidos y auspiciados en la parroquia de Santa María y después de Cristo Rey. En particular quiero destacar la participación de Adela en muchas de las actividades del Instituto Bíblico y Oriental de Cistierna, asistía a todas las conferencias de la Cátedra de Historia y a otras sobre las Sagradas Escrituras y ésto cuando tenía 85 años, hasta hoy que cumplía los 96.
La muerte cristiana es un gran sueño. Transitoriamente adormecido, el cuerpo de Adela espera el momento de la resurrección cuando de nuevo se vea habitada por el alma. Asomada ya al gran misterio, seguro que nuestra convecina, amiga y confidente, contempla ahora el rostro de Dios y aquellos tiempos de la antigüedad por los que tanto se interesaba en las conferencias del Bíblico. Mientras tanto, nosotros aguardaremos expectantes y con gozo el momento de reunirnos con ella y con nuestros queridos difuntos.
 Doña Adela Rodríguez y doña Milagros Corral (Foto: Siro Sanz)
 
 Doña Adela bajo la imagen de Cristo Rey, titular de la parroquia de Cistierna. (Foto: Siro Sanz)

 
Doña Adela y doña Rosario Vega en Picos de Europa. En la foto inferior cuando corrían los años sesenta, Adela es la tercera por la izquierda en la Virgen de la Velilla acompañada de: Elena Llamazares, Gelines, Puri, Tomasa y otras chicas de Cistierna. (Fotos: Gentileza de Adela)

miércoles, 8 de octubre de 2014

DE LOS BAILES Y DANZONES EN LA VILLA DE CISTIERNA. Publicado en Revista de Riaño Nº 45 año 2013. Siro Sanz García



La reconstrucción del pasado de una comunidad humana casi siempre se dirige a conocer sus formas de vida económica, política y las vicisitudes de esas variables a través del tiempo. Ya hemos dicho en otro lugar que a menudo las costumbres sociales y la forma de relacionarse dentro de esa comunidad, son olvidadas, aunque también son parte de la historia, sobre todo de la historia local. El baile ha sido una de las manifestaciones más antiguas de la humanidad, utilizado para relacionarse socialmente, para alterar el orden cósmico buscando la unión con la divinidad, propiciar el éxito en las expediciones guerreras y la caza y por supuesto, para arrimarse hombres y mujeres que a pesar de las prohibiciones e interdictos culturales o religiosos, siempre se han buscado con ganas y empeño.
Hasta los años treinta del siglo que pasó, para iniciar el baile en los pueblos del entorno de Peñacorada, sólo se necesitaba un par de panderetas o panderos, dos mozas que los tañían y acompasaban con un canto arcaizante, lleno de melismas y cadencias que muy poco o nada tienen que ver con la música de más allá de los Pirieneos. Estas mujeres memorizaban la tradición recibida y oralmente la trasmitieron en coplas y cantares durante generaciones. La devastación producida por la modernidad, los medios de comunicación y el seguimiento cerril de modas pasajeras, han acabado con un verdadero tesoro de tradición; en fin, la ignorancia hace que lo propio nos parezca atrasado, fuera de lugar frente a modas más atractivas y coloristas, pero alejadas de  nuestro ciclo cultural mediterráneo.
Con panderos y panderetas se hacían los bailes en Robledo, la Llama de la Guzpeña y otros pueblos del Valle del Tuejar hasta 1930,  según me relataba mi estimada tía que en gloria esté Eusebia Tejerina Valbuena. En la plaza de la Llama junto al caño, en las fiestas de precepto y sobre todo, en celebraciones que implicaban a todo el pueblo como las bodas, mozas y mozos  se disponían en dos filas, unos frente a otros, sin tocarse; a un golpe de pandero iniciaban el baile de la tierra como lo habían hecho y recibido desde hacía más de 1000 años de sus antepasados.
En Cistierna el baile tradicional ya se había perdido, no olvidado, a principios del S. XX. Se recuperó en la segunda mitad gracias a la inapreciable y poco reconocida labor, esfuerzo, empeño e investigación de Don Miguel Melcón. Desde los años sesenta del siglo pasado, Miguel lucha a brazo partido contra la incuria, el olvido y la desgana de propios y administraciones, para que el estilo antiguo de bailar y entender el gozo festivo no se pierda. A Don Miguel debemos últimamente que la romería de San Guillermo tenga de nuevo brillo propio y auténtico. Cada 28 de mayo, cuando el grupo de baile tradicional, únicamente femenino, acompaña y danza frente a la imagen del patrón de la villa, contemplamos una estampa restaurada del pasado, trasmitida hasta nosotros a través de una larga cadena, de la cual Don Miguel es el último eslabón. Esperemos que alguien tome en su día el relevo de quien tan dignamente rescató del olvido el baile antiguo que nace de la tierra. Ahora, hagamos un poco de memoria para saber cómo y dónde movían la patuca y se entregaban al dulce meneo los habitantes de Cistierna durante el pasado siglo. Antes de la guerra civil ya funcionaban en el pueblo dos bailes, el de Paulino, situado en la ahora llamada Avenida la Constitución, antes General Franco, y el salón del Señor Arquipos, en el corral trasero de su casa ubicado en la misma calle que el anterior, junto al comercio de Don Luis Canal. El local de Paulino, padre de la recordada  Florencia, era un baile popular que se hacía en los bajos de la casa donde Don Luis Barrio abrió hasta los años ochenta una tienda de ultramarinos. Mediante el “chinganillo”, como aquí se conocía al organillo, y en ocasiones con orquesta de tres instrumentos, se hacía el baile  todos los domingos y fiestas. Paulino, le daba a la manivela mientras la gente bailaba; al final de la pieza gritaba: ¿hay forasteros? Si los había repetía la misma pieza. Después de la guerra el bueno de Don Paulino compró un tocadiscos y dos altavoces; al no ser muy potentes la concurrencia bailaba arremolinada alrededor de los altavoces que colgaban de un poste. El salón del Señor Arquipos era un baile de sociedad, al cual solo podían acceder los socios, por decirlo de alguna manera, la gente bien, que no iba al baile de Paulino, más popular y de madreña en ristre. El señor Resti, en los años cuarenta,  abrió otro baile llamado pomposamente “Salón de Recreo”; también era de sociedad y dotado de ambigú donde se expendían refrescos (el famoso orange de polvos), coñac y vinazo. Este baile se ubicaba en lo que ahora es el taller de Don Constantino Llamas que en paz descanse, junto al colegio de las Madres Dominicas,  alevosamente desaparecido en nuestro tiempo, sin que las cabezas pensantes del pueblo y la ciudadanía hiciesen nada para parar aquella vergonzosa destrucción, como si al pueblo le sobrasen edificios de tal entidad. La enseñanza privada impartida por las Madres Dominicas, a pesar del empeño de algunos docentes de la pública que por aquellos años desacreditaban al colegio de Santa Catalina, siempre fue en nuestra montaña un gran centro de promoción infantil y juvenil, la única salida para muchas niñas del medio rural (prácticamente la totalidad de la Montaña de Riaño) que en dicho colegio residían y estudiaban. Durante la guerra  en el local del baile de Resti, existió un cuartel de militares.
 Según los informantes, parece ser que los Callado, de vez en cuando, también organizaban un baile en la plazoleta del Caño Marcelo. Otro salón de baile existió en la casa Nº 96 de la Avenida Constitución antes General Franco propiedad de D. Lorenzo García representante de artículos coloniales (suegro de D. Andrés Balbuena), que vivía junto a la actual Funeraria de Doña Elda. Esporádicamente, sobre todo cuando había alguna boda en el pueblo, funcionaba el baile de Rueda en la trasera del Café Central.
Dirán que mucho baile para tan poco pueblo, pero tengan en cuenta  que las únicas diversiones a las que se podía entregar la juventud eran el fútbol en el campo el Esla, el baile y el cine Valladares. Un hijo de Don Félix Montañés, antes de la guerra  abrió un cine cerca de la confitería actual, donde se pasaban películas mudas de Charlot y Buster Keaton, al precio de una peseta. También contaba Cistierna en las décadas de los años treinta y cuarenta, con un casino para socios instalado en el primer piso del Moderno, en concreto en las habitaciones 7 y 14.
Cuando la toma de Barcelona por Franco, un gélido día 26 de Enero de 1939, Paulino organizó un sonado baile conmemorativo de la victoria. Al danzón concurrió toda la mocedad de Cistierna, adultos, y muchos niños. Todo transcurría en calma hasta que un mozalbete gritó, “nos atacan los de Valmartino”. Por lo visto, la chiquillería y mozos de Valmartino bajaban por la carretera y el vallejo del Arroyo de las Cortinas en son de guerra; venían armados de hondas, palos y buenos morrillos. Los de Cistierna, salieron del baile Paulino como si las mismas “hordas rojas de Guardo” atacasen de nuevo la villa,  arremetiendo con fuerza contra los sorpresivos atacantes. Primero les hicieron  recular hasta  la tejera de Rodríguez y, desde allí, hasta  el alto donde empieza a columbrarse la silueta de la iglesia de San Pedro. Cuando subían  por el Camino del Inhiesto, la general desbandada valmartiniega, era observada por el cura que había subido al campanario alarmado por la gritería que venía de la Valleja de Arrón. El  pater,  alarmado ante la cobarde retirada de los suyos, comenzó a tocar las campanas. Al arrebatado repique, acudieron el maestro y muchos vecinos del pueblo que, enarbolando el pendón concejil, enardecieron con nuevos bríos el ánimo guerrero de la derrotada hueste. Animados por la presencia de los suyos, los que huyen dan valientemente la cara, cargan las hondas y arremeten contra los de Cistierna, lanzándoles una andanada de peladillas de río. La fortuna, tan cambiante en las cosas de la guerra, se torna adversa a los de la villa grande; éstos, a la vista del pendón y las fuerzas vivas que lo portaban dan la vuelta y, pies en polvorosa, huyen cuesta abajo hacia su pueblo. Así se festejó aquel frío día de enero  la toma de Barcelona: primero bailongo en casa Paulino y después aceifa guerrera con los del pueblo de al lado. La conflictividad en los bailes a menudo se producía cuando un mozo despechado, después de haber recibido calabazas de la chica pretendida, la sometía a una férrea vigilancia, para que no bailase con ningún otro. Si la muchacha aceptaba un nuevo compañero de baile, el rechazado se dirigía al afortunado para prohibirle bailar, y ahí se armaba la de Dios es Cristo.
Algo parecido debió ocurrir cuando se perpetró el romanceado crimen de Ramos, el 29 de Agosto de 1926. Los informantes no se ponen de acuerdo si la gresca se armó en el baile de Paulino, o en el de Arquipos. De los autos del proceso, se colige que ese día de verano se había producido una reyerta en un baile del pueblo; en la gresca intervino el cabo de la guardia civil Francisco Blanco, quien detuvo a Guillermo Roldán, interviniéndole una navaja y ordenándole que se fuese para su casa. A las ocho y media cuando el cabo se retiraba, a la altura de la plaza junto a la casa de D. Esteban Corral, Roldan traicioneramente asestó al del tricornio una puñalada por la espalda. Herido gravemente, el guardia sacó la pistola y le disparó a Roldán un tiro por la paletilla a la voz de “toma plomo, castrón”. El matador y el moribundo fueron trasladados al Moderno, donde su propietario el tío Inocencio Recio de Villayandre, permitió que allí les hiciesen la primera cura, parando la hemorragia con hilas y vendas de una sábana de lino que a tal efecto se cortó. El cabo dio las últimas boqueadas a los veinticuatro días. Roldan, después de curarse fue sometido a consejo de guerra; estamos en los tiempos de la Dictadura de Primo de Rivera. El 28 de enero de 1928 es condenado a la infame muerte de garrote vil. La autoridad señaló el día 31 de marzo para ejecutar la sentencia. A León se trasladaron desde Cistierna en el rapidillo, dos hermanas y otros parientes del reo. El Obispo asistió al preso recordándole que se enfrentaba al gran misterio del más allá y, éste se confesó más tarde con un sacerdote. Se cuenta que cinco sacerdotes, capellanes y religiosos de diferentes órdenes, estuvieron toda la noche acompañando  y consolando a Roldan que comulgó devotamente y, de propina asistió a dos misas de rodillas. En la mañana del 31 de marzo, poco después de las once, quedo cumplida la sentencia “sic transit gloria mundi”, así pasa la gloria del mundo y, así se las gastaban por aquellos tiempos. Después de aquellos bailes vino el salón de baile de Don Siro Sanz Sagúillo, más tarde discoteca, el salón de baile de de Don Celerino y Doña Amor, y la pista de verano de Don Agustín Tejerina Valbuena (Gabardi). Siempre agobiados por los impuestos de lujo que imponía un ayuntamiento que no tenía donde rascar, entre ellos siempre existió una competencia feroz que duró más de 40 años. Pero esa es otra historia merecedora de capítulo aparte. Hoy día, únicamente bailan las personas mayores que acuden al Hogar del Pensionista, baile animado como pocos en la comarca, donde reverdecen sentimientos y sensaciones. No estaría mal que alguno de los abuelos fuese acompañado de vez en cuando por sus nietos y nietas, entregados con pasión al deporte del botellón, así aprenderían los usos antiguos para relacionarse y bailar el “agarrao”, llamado por algunos clérigos de mediados del siglo pasado el "aguarrao".
 A la derecha del galán de la moto, el baile de D. Lorenzo García. (Foto: Gentileza Familia Corral)

 En la Calle General Franco junto al que desaparecido Convento de las Dominicas (a la izquierda de la foto) funcionó el baile del Señor Resti. (Foto: Gentileza Luisa Polvorinos)

Aún se usa el baile de la tierra en la romería de San Guillermo de Peñacorada, cuando los cisterniegos suben a la gruta para honrar a su venerado patrón. (Foto: Siro Sanz) 
Salón de Baile del Moderno todas las fotos pertenecen a la nochevieja del año 1966, en la foto inmediata inferior en la barra Miguel G Tejerina, Dña Sara Sagüillo, Dña Ascensión Arraya, Dña Emma Sanz, Dña Rosalina G Tejerina; los guajes: Carlos, Antonio y Juanjo Sanz. (Foto F del Blanco. Familia Siro Sanz)