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domingo, 24 de noviembre de 2013

LOS ORÍGENES DE LA NACIÓN ESPAÑOLA. DE LOS CÁNTABROS A PELAYO (Resumen de la primera conferencia en el Instituto Bíblico y Oriental, sede de Cistierna. Curso 2013-2014). Eutimio Martino - Siro Sanz

CONFERENCIA EN CISTIERNA 22 DE NOVIEMBRE 2013




Son varios y sucesivos los alumbramientos, que dan origen a la nación española. El primero, el de la conquista de los cántabros por Augusto, a quien satisfacía poco –dice Orosio- lo que Roma llevaba realizado en Hispania durante doscientos años mientras permitiese que los cántabros y astures, dos pueblos muy fuertes, continuasen con su independencia . Y se prolongó diez años la contienda, más de lo que llevó a César el someter la dilatada Galia. No deja de vibrar el mismo Orosio con la trascendencia  del momento, al escribir que Augusto regresó a Roma dejando a toda Hispania quieta y sosegada en eterna paz, como reponiéndose de la fatiga.
Gravitaron sobre la Cantabria Leonesa y sobre su río Esla varias de las campañas más importantes de cántabros y astures. En especial en la cordillera, la muralla natural de Hispania, que solo el romano superó, los cántabros consagraron para la posteridad el heroísmo de su resistencia, que había de resurgir frente al Islam en un Pelayo, que es evidente caudillo cántabro, hasta seguir el segundo alumbramiento de Hispania en Covadonga.
Ahora, como invirtiendo el sentido de la marcha, pero pisando calzadas, que eran de roma, se pasa de Covadonga a Oviedo y de Oviedo a León, la plaza fuerte romana, que había sido establecida para vigilar a cántabros y astures al fin de la contienda y que no se podrá contentar en adelante sino con ser la capital del reino. Y con ser la cuna de la participación popular en las decisiones del gobierno.
Y cuando se instaura en Santiago el culto al apóstol, es la vía romana de la costa que encamina a los peregrinos de toda Europa, como después lo hará la gran calzada del Camino Francés, que había sido tendida para dominar a los cántabros y astures. Como si no fuera posible salir de la órbita romana, la célebre Vía de la Plata enlaza dos ciudades, Astorga y Mérida, que fueron fundadas por colonias de veteranos de las guerras cántabras.

En fin, con razón exalta el poeta latino la empresa de la fundación de Roma, una Roma que tanto había de fundar ella misma. Era Virgilio, que modelaba su epopeya de Roma mientras Augusto guerreaba contra los cántabros.

Pelagius: Princeps cantabrorum et asturorum.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

CISTIERNA Y LA RUTA VADINIENSE ANTIGUO CAMINO A SANTIAGO DE GALICIA. PANEL DE CISTIERNA. Siro Sanz García


  La relación de Cistierna, con el más que milenario camino a Santiago, que atravesaba de Norte a Sur la Montaña Oriental Leonesa, viene probada en la documentación Medieval local. En ella se afirma la existencia de una vía romana que desde Mansilla ascendía por la vega y valle del Esla para entrar justo en Cistierna a la garganta del Esla. La importancia del enclave cistierniego, se refuerza por la existencia de dos puentes milenarios construidos en un tramo de apenas dos  kilómetros: el Puente de Mercadillo y el Puente Viejo de Cistierna. No en vano, nos encontramos en el corazón del denominado  Territorio de Aguilar, que durante la Alta Edad Media se extendía desde los puertos con Asturias hasta un poco más abajo de Gradefes. Un territorio gobernado desde un poderoso complejo defensivo de origen protohistórico y romano,  ubicado entre Cistierna y Sabero. Por aquí pasaba la Vía Saliámica o del río, documentada el año 973 en su tramo más alto de Sajambre, a punto de penetrar en Asturias. El apelativo hidronímico prerromano *Salia que da Sella, entendemos que debe aplicarse a todo el camino discurrente junto al río desde Sajambre hasta Mansilla de las Mulas, y es de Riaño a Cistierna cuando la inmediatez de río a la calzada se hace más evidente. El año 1001 tenemos la primera noticia referida a Cistierna,  un documento de venta que  designa como propietarios de tierras a dos cisterniegos de nombre musulmán: (سُلَيْمَانُ ـ إِبْنُ نِيزَار) Suleiman e Ibn Nizar. En 1056 se cita la existencia del monasterio de SAN FACUNDO PRIMITIVO Y CIPRIANO DE CISTIERNA (Escalona, P 268), construido en la zona de los conventos, junto al antiguo Camino Real, heredero de la Vía Saliámica. En  1099 el glorioso rey leonés Alfonso VI, dona dicho monasterio a Pedro, Obispo de León, (Archivo de la catedral tumbo-fol 75). La unión de la villa con el camino, se reafirma en el año 1143 cuando el clérigo Pedro Velaz, entrega al obispo de León, el hospital que había construido anejo a la iglesia de Santa María. Un hospital para “admitir y reconfortar a los pobres y míseros peregrinos que pasan por el Escobio de Aguilar”. El Escobio era y es, el difícil paso entre el río y la peña, bajo el gran complejo defensivo de Aguilar en Vegamediana. En el siglo XVIII y XIX este singular camino se denomina camino Real a Sabero y Valdeburón. La memoria de los peregrinos que discurrían por el camino aún se mantiene en el S. XIX. En el Diccionario Geográfico de Pascual Madoz, (1845-1850), al citar a Sorriba comenta lo siguiente: “a un cuarto de legua de la población se halla el arruinado y antiguo hospital de San Bernabé, donde pernoctaban los peregrinos que iban a Santiago de Galicia”. Sus ruinas aún permanecen en la margen derecha del Esla junto al Puente de Mercadillo. Las piedras de San Bernabé, también el camino que renace de nuevo promovido y auspiciado por la Asociación Ruta Vadiniense, son testigos de un tiempo en el cual las creencias de nuestros antepasados eran fuertes.
Ojalá por ese mismo camino nos lleguen las sinergias e inspiración de las cuales tan necesitados estamos. Ahora, cuando el reciente pasado minero  es ya un mínimo capítulo de la milenaria historia local, nuestro querido pueblo asomado a la vera del antiguo camino de Santiago,  aguarda tiempos mejores.
El mañana es el futuro que se promete tras la negra cortina de las dificultades en la oscura noche del momento actual. El resplandor del amanecer, tenuemente percibido ya en el horizonte, sólo llegará si unos y otros nos mantenemos  solidarios  y fieles a las raíces legadas por el fervor de nuestros antepasados; siempre intensos en sus creencias, siempre alejados del individualismo y materialismo que ahora nos extermina y acaba.

Cistierna: “Ultreia-Susseia”, sigue adelante.
Peregrino: Buen camino
 Panel de la Ruta Vadiniense a su paso por Cistierna.

 Puente Viejo de Cistierna. (Foto: Siro Sanz)

 Puente de Mercadillo, situado a dos escasos kilómetros del Puente Viejo de Cistierna. (Foto: Siro Sanz) 

Iglesia de Santa María de Cistierna. La unión de la villa con el camino, se reafirma en el año 1143 cuando el clérigo Pedro Velaz, entrega al obispo de León, el hospital que había construido anejo a la iglesia de Santa María. Un hospital para “admitir y reconfortar a los pobres y míseros peregrinos que pasan por el Escobio de Aguilar”. (Foto: Siro Sanz)

 A las afueras de Cistierna el camino se adentra en la Vega del Esla. (Foto: Siro Sanz)

La cruz del camino, restaurada hace pocos años en el lugar donde siempre se mantuvo dando testimonio de fe y peregrinación, al fin y al cabo por este camino llegó la doctrina del humilde rabí de Galilea a las tierras altas del Esla. El camino pasa a su lado, al fondo las montañas de la Cantabria Leonesa. (Foto: Siro Sanz)


viernes, 1 de noviembre de 2013

EL ÚLTIMO CARRERO DE CISTIERNA: D. ELISEO POLVORINOS. TALLER DE CARROS DE D.GABRIEL RODRÍGUEZ REYERO. OFICIOS OLVIDADOS. Siro Sanz García



Quién de los jóvenes de Cistierna, conoce o sabe de los antiguos oficios de: zapatero remendón, molinero, el botero que fabricaba botas y pellejos para el vino o aceite,  hojalatero, pellejero y curtidor, madreñero; estos y otros oficios existieron en la villa, hoy, hasta la memoria de aquellos que los practicaron se ha perdido. Sin embargo, el que busca encuentra y un servidor tuvo la suerte de hallar a un joven de 87 años: Don Eliseo Polvorinos,  con los achaques normales de la edad pero aún en plenas facultades mentales. Su excelente memoria rescata del olvido uno de los oficios, casi me atrevo a denominar artesanía, practicado en Cistierna hasta principios de los setenta del siglo que pasó. Me refiero al oficio de carrero. D. Eliseo entro como aprendiz a la edad de 24 años en el taller de carros  perteneciente a Don Gabriel Rodríguez Reyero. Gabriel pertenecía a la extensa familia de los Reyeros documentada ya en Cistierna en el siglo XVII. El taller se ubicaba  en la corralada que existe detrás de la Casa de los Franceses, actual comercio de pintura y bricolaje Miguelez. A Cistierna acudían a encargar carros los pueblos de la montaña desde Remolina, valle abajo del Río Grande, incluidos los valles laterales del Dueñas, Corniero, Valdoré, valle de Sabero y Duerna. De Remolina para arriba hacían los carros en Pedrosa del Rey. Los pueblos de ambas márgenes del Esla desde Villapadierna para arriba también hacían los carros en Cistierna. Cuenta D. Eliseo, que menos los bueyes o vacas en el taller de D. Gabriel, se fabricaban todos los elementos que componían la estructura de un carro, incluidas las grandes armaduras que se añadían para transportar las mieses de trigo, centeno y cebada.  Los carros chillones, con ruedas de madera y sin llanta de hierro eran ya una reliquia a principios del siglo XX en nuestra villa. La mejora de las comunicaciones, sobre todo el ferrocarril, había impuesto el hierro para las llantas, eje, corzas y buje. El hierro se traía de Cervera en barras de cinco metros y medio. Además del taller de carros que nos ocupa, existía otro a la salida del pueblo en dirección a Riaño, más o menos donde ahora se encuentra el Mesón la Braña. Este taller era propiedad de D. Pedro, oriundo del Valle del Tuejar. Los tableros, cabezales y calabaza eran de negrillo, los cambones y radios de la rueda se hacían de encina  importada de Navarra. Para fabricar las llantas de las ruedas, primero se enderezaba la barra golpeándola sobre el yunque en frío, después, se curvaba en una máquina. Cuando se tocaban las puntas, se metían a la fragua y a calda viva, esto es, al rojo vivo, se golpeaba en el yunque hasta que soldaban los extremos. Las ruedas de un carro de vacas montañés tenían 28 Mm. de grosor y 1,20 de altura, las ruedas de los carros ribereños se hacían con 30 Mm. de grosor, 1,35  de altura. La caja de los carros montañeses era de 97 cm. por delante y algo más de un metro por detrás para facilitar la descarga. Los carros montañeses eran más pequeños que los ribereños, pero recios y fuertes, diseñados para aguantar las tamballadas que daban por los caminos empedrados que recorren todo el territorio de la Cantabria Leonesa. El cubo o maza, también denominado calabaza, donde iba colocado el eje del carro, se cortaba de un tarugo grueso de encina y tenía unas 13 pulgadas. Después de torneado, se le colocaban dos anillos de hierro. Los agujeros para los radios se hacían también en el torno. El cubo se dividía en 14 radios para la montaña y 16 para la ribera. Después, debía cocerse en una caldera de agua durante unas dos horas, mediante este procedimiento, la madera del cubo se ablandaba e hinchaba, quedando lista para meter los radios. El cubo así dispuesto quedaba inmovilizado en un potro y se comenzaba a colocar los radios. Cuando la madera secaba, los radios quedaban fijos y prietos. La circunferencia de la rueda sobre la que se montaba la llanta de hierro se hacía con cambones de madera. Había distintas plantillas para los cambones, grande para la ribera y más pequeña para la montaña. La circunferencia de la rueda del carro montañés se hacía con 7 cambones y en cada cambón se metían 2 radios, por lo tanto la rueda tenía 14 radios. La circunferencia de la rueda del carro ribereño tenía 8 cambones,  a dos radios por cambón, 16 radios. Los carros de Cistierna, límite de la ribera donde la montaña comienza abruptamente, se hacían invariablemente con 14 radios. Las corzas de hierro que tenían la función de elevar la mies, hierba o leña por encima del lomo de las vacas, se fabricaban en el mismo taller con varillas de hierro de 16 Mm. de grosor. Las corzas iban en la delantera del carro y se sujetaban por arriba en los tableros, por bajo en la vara del carro. El montar la llanta de hierro sobre la rueda era una labor complicada. Para ese menester el taller contaba con un horno dispuesto en el suelo, armado con raíles de hierro que adoptaban la forma de la rueda para no deformar la llanta. La cavidad se llenaba de leña y se encendía el fuego, sobre el cual se colocaba la llanta, cuando ya estaba dilatada a fuerza del calor, se sujetaba mediante grifas para colocarla sobre la rueda. Inmediatamente se metía a un pozo con agua para que no se quemase la madera y a la vez quedase bien ajustada, prieta y tirante.
Un carro completo se tardaba en hacer más o menos una semana. Después de terminado se le daba una mano de minio para cerrar los poros de la madera, inmediatamente se procedía a pintarlo de rojo y azul. El carro completo costaba entre 7000 y 8000 pesetas, que viene a equivaler a 50 euros actuales. Cuando el comitente conservaba las ruedas, el carro se encargaba sin ellas y valía unas 3000 pesetas. Los tratos se hacían siempre de palabra, y el respeto a la misma era sagrado. En cierta ocasión el carrero de Pedrosa del Rey, D. Santiago Martínez, pidió a  D. Gabriel que mediase para cobrar un carro a un carnicero de Cistierna que no quería pagar lo ajustado, el bueno de Gabriel consiguió que Santiago cobrase lo que se le debía después de reconvenir al carnicero con graves y sensatas razones. El carro de caballerías ostentaba dos varales para uncir el macho, burro o caballo y era más barato que uno de vacas.  Cuando los encargos del Valle del Dueñas, Remolina, Crémenes estaban terminados, los labradores bajaban caminando a Cistierna con la pareja de vacas. Tras una pequeña robla se hacía el pago, uncían los animales y regresaban con el nuevo carro a sus pueblos de origen.

Los pueblos se honran con el recuerdo, la memoria del esfuerzo y trabajos de sus  antepasados, vaya por lo tanto nuestro reconocimiento a Don Eliseo Polvorinos, patriarca de una extensa prole, natural de Calaveras de Arriba, vecino de Cistierna, artesano de la madera, fabricante de carros montañeses y ribereños, además de excelente carpintero en la villa durante los duros años de la posguerra española. 
El taller de carros. A la derecha con boina y mano sobre la taladradora para barrenar el hierro posa D. Gabriel el Carrero y a la izquierda delante de la mesa de cepillado el joven D. Eliseo que entró con 24 años para aprender el oficio. (Foto: Gentileza D. Luisa Polvorinos).

 El taller se ubicaba detrás de la Casa de los Franceses, ahora comercio de la familia Vazquez Escudero. Al fondo se observa el portalón que daba paso al taller. En la corralada vemos carros, ruedas y madera sin devastar. En primer término sujetando el ronzal del caballo vemos a D. Chencho Muñoz, carnicero de la villa. Detrás sentado en un carro a medio terminar vemos al empleado Julian Gorostieta de Valmartino. Al fondo sentado en el varal del carro posa D. Eliseo con dos niños. Desconocemos el nombre de la persona situada a la izquierda en un carro con cuatro niños. La primera puerta a la izquierda era la casa de Don Gabriel Rodríguez el Carrero. La segunda casa era la vivienda de D. Martín Argüelles y Doña Eusebia Tejerina. Al fondo sobre el taller la casa de D. Laudelino(Foto Gentileza Doña Luisa Polvorinos, el autor de la misma es D. Dalmacio Callado un excelente fotógrafo merecedor de un estudio completo de su obra). 

  La foto fue realizada hacia 1968 por el fotógrafo cisterniego D. Dalmacio Callado, en la calle P. Isla, justo a la salida del taller. El carro recién pintado acababa de ser entregado al propietario. Es un carro ribereño con rueda más grande que los montañeses y 16 radios, valía unas 8000 pesetas. Observen el detalle de las melenas de piel  de perro sobre la testuz de la pareja de vacas, también las roscas de baño en los cuernos como signo de  celebración por el estreno. (Foto: D. Dalmacio Callado. Gentileza de Doña Luisa Polvorinos).

 Carro montañés de 14 radios frente al taller de D. Eliseo Polvorinos. La pareja de vacas ostenta sobre la testuz melenas de cuero. Divisamos al fondo, el nogal que existía frente a la iglesia vieja de Santa María, fue talado  hacia 1967; el arboricidio es una constante en el Ayuntamiento de Cistierna . Detrás del árbol vemos un edificio con la puerta abierta, era la sede del Frente de Juventudes donde se cantaba con el brazo en alto aquello de: "prietas las filas recias marciales", ahora se levanta allí la Biblioteca Pública de Cistierna, futura sede del Instituto Bíblico y Oriental. Tras el edificio se distinguen las únicas casas entonces existentes: la de Don Ángel Cuesta y Don Ernesto García. (Foto Dalmacio Callado: Gentileza Doña Luisa Polvorinos)

 Vehículos de tracción animal como este carro montañés coexistían en los años cincuenta con los escasos vehículos de motor que circulaban en Cistierna. La foto fue realizada en la actual calle Doctor Rivas. Al fondo tras la huerta, divisamos el comercio de los Montañeses que era la Casa del Pueblo durante la república y frente a los Montañeses la casa la Tía Castaña una señora muy salada. (Foto: Gentileza Doña Luisa Polvorinos)

 En el taller de Cistierna también se fabricaban carros de caballos. La foto fue realizada en la plaza del Ayuntamiento. Los dos carros de caballos seguramente son los de Don Florencio y  don Luis Bernardo transportistas hasta los años setenta, también lo fue por algún tiempo Don Pepe el Chato hijo de la Señora Casilda y cuñado de Florencio.  Detrás del carro vemos la casa del empresario minero D. Esteban Corral, a la izquierda el comercio de Don Bernardino Valbuena que en paz descanse. (Esta foto como las anteriores creemos que fueron realizadas por D. Dalmacio Callado, padre de Sarita Callado Sagüillo, que actualmente llora ausencias de Cistierna en Tenochtitlan; gentileza de Doña Luisa Polvorinos

 Armazón de carro montañés perteneciente al autor del blog, conservado en la huerta como una reliquia del pasado familiar. Se mantiene la calabaza pintada de azul, el eje, radios y varal. (Foto: Siro Sanz)

En su final, los restos de este carro montañés de 14 radios, aún conserva un no se que de su prestancia original. (Foto: Siro Sanz) 

Don Eliseo Polvorinos que no puede estar quieto, posa ante una maqueta a escala  de carro montañés, fruto reciente de su afición por el trabajo de la madera. Observen sobre el varal el freno, artilugio muy necesario en los carros de la montaña, no así en los de la ribera. (Foto: Gentileza D.Luisa Polvorinos)

miércoles, 23 de octubre de 2013

ALICIA AND LARRY. TOPÓNIMOS DE SANTA MARINA DE VALDEÓN Y ERIZO EN UN HUERTO DE CISTIERNA. Siro Sanz Garcia



La editorial de la Revista Comarcal, tiene por costumbre reunir a sus escribidores  cada dos o tres meses para la preparación del siguiente número. Es éste un asunto que por costumbre se trata en mesa repleta de buenas viandas y trasegando mejores vinos. Con ese fin el día 28 de septiembre fuimos convocados en el restaurante la “Ardilla Real” de Santa Marina de Valdeón, (donde por cierto se come muy bien); allí nos aguardaban dos singulares personas residentes en Soto de Valdeón.

Larry y Alicia forman una pareja encantadora que además de pertenecer desde su inicio a la editorial de la Revista Comarcal de Riaño, dedican su vida profesional a defender, promocionar, y presentar la majestuosa belleza de los Picos de Europa leoneses a los visitantes que por Panderrueda o Pandetrave  descienden al joyo de Valdeón. La pareja, había preparado para nosotros una salida al monte, a causa de las lluvias otoñales el plan se desbarató; a última hora el paseo a la montaña fue sustituido por un visita guiada al pueblo. Con ellos ascendimos hasta el  eminente lugar donde se ubica la iglesia dedicada a Santa Marina. Allí, Larry nos deleitó con una documentada explicación sobre: el poblamiento medieval del lugar y la relación de Santa Marina con el poderoso monasterio de Sahagún, la composición geológica de los terrenos circundantes, los accesos al valle por Pandetrave y Panderrueda. Apuntaba que la carretera de Pandetrave (seguramente sobre camino antiguo), discurre siempre por la solana mientras que Panderrueda trazado por ingenieros del siglo XX, en invierno es un calvario. Intrigado pregunté a Larry por el nombre de una mole rocosa de amplia plataforma en su cumbre, la cual se yergue frente a la iglesia en dirección Noroeste, a unos 400 metros en línea de aire, separada del pueblo por un valle, a modo de foso natural. El cicerone respondió solícito que a esa peña la nombran los naturales “Peña Castiello”. Uno que tiene bien aprendidas las lecciones de P.Martino, enseguida relacioné la iglesia de sugerente titular con el Castiello, en leonés, sinónimo de castro prerromano. La ubicación de la iglesia en un mogote separado del pueblo por grandes taludes claramente artificiales, otorgan al templo un acusado perfil de fortaleza dispuesta frente al castro. El culto a S. Martín y Santa Marina es relativamente abundante en la montaña. Las iglesias que siguen en pie dedicadas a estos santos y muchas ermitas ya en ruinas, testimonian una advocación que necesita ser explicada e interpretada. Se da por sabido que el culto de S. Martín de Tours está muy extendido por todas partes, un hecho que no admite discusión, y  también se da por sabido que su difusión se debe a  la influencia de los peregrinos franceses a  Compostela, algo que ya no es tan evidente, si acudimos a historia. En la Montaña Oriental se documenta S. Martín  por partida doble con anterioridad a la historia de las peregrinaciones, en la era visigótica, en particular en el Esla, en Verdiago  y Las Salas, al menos deductivamente. Más confusa es la figura de Santa Marina, intensamente legendaria. Pero, al tratar aquí solamente de su culto en la región, detectamos  el  paralelismo que muestra  con  S. Martín. Es absolutamente seguro que Martín proviene del latín y que originariamente significa “perteneciente, relativo a Marte”,  siendo así que Marte es el dios romano de la guerra. Si, por otra parte, observamos que algunas iglesias o ermitas dedicadas a S. Martín coinciden no pocas veces con aquellas  constelaciones de restos e indicios romanos,  que previamente habíamos destacado como “La Huella de las Legiones”, (Martino-Siro. La Huella de las Legiones), podemos pensar que pudo producirse  una  sustitución. En Santa Marina de Valdeón se produce una espectacular teofanía de la plantilla que puede explicar la conquista romana de la montaña. También nos descubrió Larry la existencia de una notable fuente, de la que aún se sirve el pueblo, bautizada con el interesante nombre de: “El Rejo”. Con la ayuda del P. Martino, nos atrevemos a explicar su etimología. Y no es otra que la de un compuesto latino y prerromano de agua. Re (del latino Rius); jo (de los radicales prerromanos el- ol) que dan elio, (jo) adjetivado. En Villapadierna tenemos dos arroyos denominados: Villa-(el) y Mata-(el). En Valdepolo: Laguna Di(el). En Sajambre: Riega la De(jo).  A estas alturas se preguntarán ustedes, qué pinta aquí el erizo del título. Hace unos días, cuando trajinaba sacando patatas con el rentero que me lleva varios huertos, apareció por sorpresa un erizo. A duras penas conseguí detener el enérgico golpe de fesoria que el airado rentero se disponía a descargar sobre el indefenso animalito. Después, expliqué sin mucha ciencia al paisano,  que un erizo no es una alimaña a exterminar y, lo beneficioso que puede ser para los sembrados la existencia de semejantes criaturas. Durante la comida en la Ardilla Real, Alicia, excelente conocedora y estudiosa de la fauna local, con sección fija sobre el tema en la Revista, me aconsejó sobre la conservación del animal en el huerto y los suplementos alimenticios que podía proporcionarle. Añadió Alicia que con el bicho deambulando por el huerto disponía del mejor aliado contra las plagas de: babosas, caracoles y escarabajos, que periódicamente diezman mis hortalizas a semejanza de aquellos políticos que se ceban en nuestras haciendas y presupuestos socio-culturales. 
Frente al vetusto hórreo: Ramón Gutierrez (historiador) y Aurelio Rodríguez (poeta), recios pegollos sobre los que se sustenta la Revista Comarcal de Riaño.  (Foto: Siro Sanz

 Los miembros de la Revista de Riaño guiados por Alicia y Larry se dirigen a la Iglesia de Santa Marina, ubicada en el lugar más eminente del pueblo. Entrados todos en el templo, siguiendo el mandato de Nuestro Señor que dice: "oportet semper orare, et numquam deficere": conviene siempre orar y no desistir, dirigidos por D. Miguel Valladares, se rezo con devoción un sentido responso por la comarca. (Foto: Siro Sanz)

  Frente a la iglesia cuyo titular es Santa Marina, se ubica la Peña el Castiello, separados por el foso natural de un valle. (Foto: Siro Sanz)

 Taludes artificiales aíslan el emplazamiento de la iglesia del resto del pueblo. (Foto: Siro Sanz)
En Santa Marina se conservan espléndidos ejemplares de hórreo leonés. (Foto: Siro Sanz)

 Un erizo cisterniego, metáfora de algunos ejemplares humanos. (Foto: Siro Sanz)

El erizo posando sobre una mesa para el autor. (Foto: Siro Sanz)

UNA NUEVA LÁPIDA VADINIENSE EN PEÑACORADA Eutimio Martino-Siro Sanz

Artículo publicado en la Revista Comarcal de Riaño N 34. Junio 2010

El macizo de Peñacorada va adquiriendo poco a poco la categoría de núcleo Vadiniense de cierta importancia. En le municipio de Cistierna: contamos con cuatro hallazgos Valmartino (Museo de León), Sorriba (Museo de León), Santaolaja de La Varga (Museo Diocesano de Arte Sacro, León), Fuentes de Peñacorada (Museo Diocesano de Arte Sacro. León). Municipio de Sabero una lápida (Tabularium Artis Asturiensis. Oviedo). Municipio de Prado de la Guzpeña: dos hallazgos (una lapida en el Museo de León),  y otra que apareció hace 5 años en La Llama de La Guzpeña trasladada por Patrimonio a León. En el municipio de Valderrueda: contamos con una lápida aparecida en Puente Almuhey hace unos años y ahora en paradero desconocido. En total un conjunto formado por 8 lápidas muy interesantes, al que debemos añadir el último hallazgo, con ésta, ya son 9 lápidas las encontradas en el entorno del macizo de Peñacorada.
La lápida que ahora nos ocupa había sido dada a conocer por Martino-Siro, en el año 2003, cuando fue publicada en “La Huella de Las Legiones, Cuaderno de Campo Nº 1”. El hallazgo pasó desapercibido, como tantas cosas de nuestra montaña, hasta que el Diario de León, se acordaba de ella en un extenso artículo de Don Emilio Gancedo, un periodista más preocupado y sensibilizado por nuestro patrimonio que algunos alcaldes de la comarca y aquellos que tienen la potestad sobre dicho patrimonio.
 Martino-Siro, la habían localizado en  Robledo de la Guzpeña,  ladera sur de Peñacorada en el año 2000, aunque era conocida por todos los habitantes de Robledo. Antes en 1996 el P. Martino, había notificado a David Martino y Julio Mangas, la existencia en el mismo lugar del notable monumento funerario dedicado a DOVIDERO HIJO DE AMPARAMO PRÍNCIPE DE LOS CANTABROS, lapida que algunos siguen pertinaces en afirmar que procede de Valmartino. El espacio distante, entre las lápidas halladas en  Robledo apenas es de 8 metros.
Descripción de la lápida: Cronología aproximada S. I al II, se trata de una piedra caliza bastante bien trabajada en los laterales, aunque previsiblemente esta labra es debida a la función que tenía la piedra hasta hoy día que es la de servir como escalón en un notable edificio. La piedra aparece cortada verticalmente por un extremo. Sólo se distingue el interlineado, un grabado puntiforme en la parte superior, el nombre de la persona a la que se dedicó ó el dedicante mismo: VALA (eso) / ANN(orum), los años del difunto.
El antropónimo VALAESO, no es desconocido en la comarca. En dos lapidas de Aleje aparece escrito el mismo nombre con “B”: (BALAESO FRONTONI), (PENTI(o) BALAESI). La vacilación a la hora de usar B por V ó viceversa, no es sólo de nuestro tiempo.
Alfred Holder, en su diccionario céltico cuando habla del Balaeso de Aleje, cita un VALAISIS ibérico, muy afín al BALAESO vadiniense, quizás estamos ante la pervivencia de una aportación ibérica mantenida entre los cántabros.

Estas dos lápidas: la de Valaeso y la de Dovidero, otorgan al núcleo de Robledo de la Guzpeña una gran importancia, sobre todo, por la existencia de un PRINCEPS, hombre principal entre los cántabros de Peñacorada, una zona estratégica entre el Esla-Cea, con  cierto grado de autonomía civil, dentro de la estrategia militar romana que utilizaba las élites indígenas para mantener la paz con los aguerridos montañeses. 

Lapida de Dovidero hijo de Amparamo príncipe de los cántabros. Robledo de la Guzpeña. (Foto Siro Sanz)

Monumento funerario de Valaeso. Robledo de la Guzpeña. (Foto: Siro Sanz)

EL CASTRO DE CEBANICO. APROXIMACIÓN A LA TOPONIMIA CONSERVADA EN SU ENTORNO

Siro Sanz García

El castro de Cebanico se ubica entre la confluencia formada por el Arroyo de Peñacorada o Río de la Llama y el Río Cea. Ocupa la parte más escarpada de una pequeña mota en el extremo Sur  del monte que se extiende desde Cebanico hasta las inmediaciones de la Llama de la Guzpeña. Al norte del castro, en la parte por la cual se une dicha mota con el  monte, se observa una gran cava o foso que los naturales denominan: Valleja los Griegos.
Griegos, es un topónimo recurrente en muchos otros lugares, deriva etimológicamente de briga, “fortaleza” en idioma céltico. Este nombre nos sale al paso muy a menudo y siempre relacionado con castros y obras de minería romana, por ejemplo: en Portica de Griegos (Santa Olaja de la Varga); El Molino de la Griega (Villarroquel); Camino Griego ó Briego (desde Otero de Guardo hasta Campo el Monte) y muchos más. El castro de Cebanico es uno más entre los castros situados en el entorno de Peñacorada. Faltos todos ellos una excavación arqueológica que aportaría datos precisos  para el conocimiento del poblamiento prerromano y conquista romana de la comarca, incluida dentro del área ocupada por la tribu cántabra de los vadinienses. La pertenencia al área vadiniense se confirma últimamente por el hallazgo de una lápida perteneciente a este pueblo entre Cebanico, y la Llama de la Guzpeña. En cuanto al origen del nombre CEBANICO podemos adelantar que es un compuesto prerromano formado por los radicales Cea-Pan, y el sufijo también prerromano Ico.  Pan, da Panes en la Liébana y otros muchos (MARTINO-SIRO., La Huella de las Legiones).Como dato interesante podemos añadir que la ermita de Santa Catalina, situada en la margen izquierda del Cea, en 1638 estaba administrada por el cura de Cebanico y era muy rica con un alcance de 39379 maravedís. Tenía anejo un hospital en el que había un hospitalero para recibir y dar  albergue a los “pobres pasajeros”que aquí llegaban 

 El Castro de Cebanico, sobre el Cea. Obsérvese a la derecha, bajo el peralte del talud, la entalladura de un foso (Valleja de los Griegos), interpuesto  entre el castro y el monte. (Foto: Siro Sanz)

Valleja de los Griegos. La gran cava que sirve de foso al norte del castro. (Foto: Siro Sanz)

Desde Cebanico vista de Peñacorada, mojón Suroeste de Cantabria. (Foto: Siro Sanz)

RIAÑO IMPORTANTE HITO EN LA RUTA VADINIENSE. LA LUCHA POR LA SUPERVIVENCIA. Siro Sanz Garcia

PANEL DE LA RUTA VADINIENSE EN RIAÑO.  

Uno de los tramos más espectaculares de la Ruta Vadiniense Camino de Santiago discurre de Norte a Sur por la Montaña de Riaño,  comarca perteneciente a la Cantabria Histórica, integrada toda ella en la cordillera y comprendida en zonas diferenciadas, tanto por sus ríos (Porma, Esla, Sella, Cares, Cea…), que forman los valles correspondientes, como por sus concejos históricos. Dos realidades, la geográfica e histórica vertebran el territorio y la vida de los montañeses hasta los tiempos actuales. Riaño y su entorno entran en la historia en el año 29 a C. cuando el emperador Augusto inicia la guerra montañera contra las irreductibles tribus cántabras. La única batalla campal se lucho en Bergida (Valverga-Valdeburón), a las espaldas de Riaño, para luego llegar al punto de ser exterminados en el Monte Vindio, (macizo occidental o de Peña Santa en Picos de Europa). La tribu vadiniense, resto de ese poderoso pueblo, abandonará los altos castros y coronas, para habitar por  mandato romano el fondo de los valles a un lado y otro de la cordillera. Este pueblo nos dejará el importante testimonio epigráfico de sus monumentos funerarios que singularizan nuestra montaña con los nombres prerromanos de los clanes y guerreros. Un pueblo romanizado que escribe y lee (la lengua latina),  sin embargo, aún en el siglo IV fiel a sus raíces indígenas. Riaño es junto con Crémenes y el Macizo de Peñacorada,  uno de los núcleos donde más abundantes han sido los hallazgos pertenecientes a los vadinienses. Contemporánea de la conquista romana es la calzada del Esla, testimoniada en el año 973, como vía Saliámica o del río. Desde Lancia progresaba hacia el norte por el valle del Esla, entrando  por Cistierna a la Garganta del Esla. Aquí en Riaño, el camino se bifurcaba hacia Liébana por tierra de la Reina (Remoña y San Glorio) y hacia Asturias por Sajambre (calzada del Dobra, hoy con el nombre de quien la reparó en el siglo XVII) y por Valdeburón (Pontón,Ventaniella y Tarna). Vía de conquista y civilizadora, por ella penetró en la montaña la cultura grecolatina hija del Oriente, cultivada en las preceptorías montañesas hasta el siglo XX. Por el mismo camino, nos llegaron también las divinas palabras del Galileo, que expulsarían  los viejos dioses habitantes de  los bosques, las aguas y  las altas cimas de las montañas. Peregrino que caminas a Santiago de Galicia, las montañas que ahora contemplas fueron refugio de la cristiandad oprimida durante  los siglos VIII al X, solar donde con el tiempo se forjo el inicio y origen de la Nación Española. Más tarde, nuestra tierra enfrentada a Castilla, defenderá fielmente generación tras generación su pertenencia a la diócesis y Reino de León. En la Edad Moderna la lucha siguió en estas montañas contra los señores de la tierra: los Tovar, Aliste, Valverde y Prado. Con diferente suerte nuestros antepasados y sus representantes concejiles  preservaron hasta hoy el legado ancestral de las tierras comunales. Mientras las aguas de los ríos sigan corriendo, nuestros antiguos concejos continuarán defendiéndose de las asechanzas actuales contra su patrimonio y tradiciones. ¡Ojalá sigamos bebiendo el vino en la plateada copa concejil y el pendón continúe ondeando en las grandes romerías¡
El viejo Riaño, centro neurálgico de la comarca y otros 7 pueblos, perecieron después de una dolorosa agonía en el año 1987. Aniquilados fieramente por la mano del hombre y por espurios intereses materiales, arrasados y sepultados bajo las oscuras aguas de la Presa de Remolina. El nuevo Riaño se alza como recuerdo de la barbarie contemporánea en el “Alto de Valcayo”. Los mejores de entre sus hijos siguen luchando contra las aguas por un futuro mejor, casi siempre incierto y esquivo.  Aquí, se han reconstruido piedra a piedra, las venerables Iglesias de San Martín de Pedrosa del Rey, y San Pedro de la Puerta, testigos de la locura destructora que no respeto ni a los muertos ni a la misma parroquial de la villa, la iglesia de Santa Águeda.  Riaño respeta y mira a su pasado como única, fecunda, y gloriosa fuente donde obtiene la fuerza para seguir luchando por un futuro mejor. El museo etnográfico de la villa es un buen exponente del trabajo desinteresado y amor de señalados hijos de este pueblo por un pasado que sigue vivo y actuante, un museo que se ha constituido como auténtico reservorio de la identidad montañesa. El viajero que lo visite no dejará de conmoverse pues está delante del retrato y la vida de nuestros antepasados montañeses.
Peregrino, ¡que la vista de los silenciosos bosques te reconforten en el arduo camino y cuando pises las antiguas piedras de la Vía Saliámica, recuerda que estás atravesando las montañas donde un día habitaron los dioses de Vadinia¡

Riaño¨: ¡Ultreia Suseia¡- ¡sigue adelante¡
Peregrino: ¡buen camino¡
 Panel informativo de la Ruta Vadiniense ubicado junto a la oficina de turismo de Riaño

 Iglesia de San Pedro. Fue trasladada desde La Puerta al nuevo Riaño. (Foto: Siro Sanz)

 Dragones enfrentados en las pinturas murales de la bóveda de la Iglesia de San Pedro de La Puerta. Heráldica de la casa de Alba y Liste señores de Riaño. (Foto: Siro Sanz)

La tumba del viejo Riaño. Al fondo el Valle de Anciles y Tendeña. (Foto Siro Sanz)