Vista de Burón y el castro de la Magdalena
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lunes, 9 de diciembre de 2013
Conferencia: "LOS ORÍGENES DE LA NACIÓN ESPAÑOLA: DE LOS CÁNTABROS A PELAYO" 2ª Sesión: CANTABROS Y ASTURES LA NACIENTE HISPANIA. El viernes, 13 de diciembre a las 19:30 h. INSTITUTO BÍBLICO Y ORIENTAL. Salón de la Rectoral de Cistierna
Eutimio Martino y Siro Sanz harán un recorrido por la historia más remota de la Montaña Oriental Leonesa, desde Yugueros hasta Valdeburón y Picos de Europa.
martes, 3 de diciembre de 2013
EL CASTRO DE VERDIAGO-LAPIDA DE LA IX HISPANA. PANEL DE LA RUTA VADINIENSE . Eutimio Martino- Siro Sanz.
Al amparo de un circo montañoso y
en la ribera del Esla se halla Verdiago. Entre el circo de montañas y el pueblo
se intercala una plataforma rocosa en la cual radicaba el castro. Una vez más
el pueblo ha descendido al pie del antiguo poblado, a la vera de la calzada,
siguiendo la norma de Augusto con los indígenas: “recelando del abrigo de los montes en que se refugiaban, les ordenó que habitasen establemente los campamentos de la llanura y que allí residiese el consejo del pueblo” (Orosio). Enfrente, Peña la Corona, de donde presuntamente
descenderían los aliessiegini al actual Aleje. El dominio del entorno muy tenido
en cuenta por los naturales, es patente en el castro que domina la vega del
Esla aguas abajo hasta Peñacorada. El hallazgo de una lápida funeraria de
legionario romano testimonia el paso de Roma por este lugar. Concuerda con el
tema guerrero el patrono San Mamés (Mamers), otro nombre de Marte,
aparte de S. Martín con su ermita debajo del castro. En el año 874 figura esta iglesia bajo el castro en su contexto: et aliam
villam verdiagio de rivo usque in montis cum ecclesia santi martini (Studium Legionense, 7, p. 255,
1966. León), y en la margen derecha del Esla el pozo y prado S. Martín.
Desde la última casa del pueblo
arranca un camino que sube al castro por el Este. Muestra las características
generales de todos los caminos antiguos de la zona, lajas de piedra colocadas
sobre la misma roca enrasada y cortes laterales para abrirse paso en la breve
garganta que asciende al recinto.
Del camino se asciende por suave
ladera hasta un alto, la primera de las tres plataformas escalonadas en las
que radica el castro. La primera, sobre
el pueblo de Verdiago, la segunda un largo corredor rocoso acondicionado y con
camino que baja a la vega, y la última una especie de acrópolis entre el
barranco y la Prida. Aquí es donde se pueden observar los restos más evidentes
de una muralla de 2,40 metros de anchura, formada por dos paramentos interior y
exterior de piedra careada en su cara vista. El espacio entre los dos
paramentos aparece relleno de grijo y tierra.
Desde el castro avistamos al otro
lado del río Esla la Peña de los Castros, en documentación medieval el castro Pelagii, castro de Pelayo (J. A FERNÁNDEZ-HERRERO MARTA. Otero de las Dueñas. a 854). En la vega junto al río el prado Martino, topónimo antiquísimo que junto
a los yacimientos castreños tan próximos y enfrentados, sobredimensiona el tema
histórico. Sobre la segunda plataforma del castro observamos espacios cercados
de piedra. Estos cercados eran indispensables para la custodia del ganado, un
factor esencial en la economía castreña. La parte más inferior y cercana al
pueblo, sobre la actual serrería, ostenta una gran peña sobre la carretera,
antigua calzada, mostrando indicios de haber sido enrasada y acondicionada para
una fortaleza sobre la vía en la Alta Edad Media.
LÁPIDA DE LA IX HISPANA:
Lo que resulta indudable y es
para nosotros decisivo, es que se trata de inscripción fúnebre de un individuo
perteneciente a la legión IX Hispana. La participación de esta legión en la
conquista consta en otras fuentes. Otra lápida de la misma se halló en
Castrecias (Reinosa). Probablemente se trata de la Legión Cesariana del mismo
nombre cuyo cognomen de Hispana por este tiempo la remite a su intervención en
la campaña cántabro-astur. Este testimonio de la misma en Verdiago la presenta
en la ruta del Esla que es la de Bérgida (la única batalla campal de los
cántabros contra los romanos).
El castro de Verdiago (Foto: Claudio Sahelices)
Muralla del castro de Verdiago. (Foto: Claudio Sahelices)
Abajo a la derecha de la imagen y sobre el pueblo el promontorio calizo donde se ubica el castro de Verdiago. Arriba a la derecha de la imagen la Peña los Castros, en ella se conserva el topónimo de Sierra de San Pelayo (Castro Pelagii). (Foto: Eutimio Martino)
Detalle del Castro Pelagii (Foto: Siro Sanz)
Abajo a la derecha de la imagen y sobre el pueblo el promontorio calizo donde se ubica el castro de Verdiago. Arriba a la derecha de la imagen la Peña los Castros, en ella se conserva el topónimo de Sierra de San Pelayo (Castro Pelagii). (Foto: Eutimio Martino)
Detalle del Castro Pelagii (Foto: Siro Sanz)
Lápida de la legión IX Hispana. (Foto: Pedro Moreno)
domingo, 24 de noviembre de 2013
LOS ORÍGENES DE LA NACIÓN ESPAÑOLA. DE LOS CÁNTABROS A PELAYO (Resumen de la primera conferencia en el Instituto Bíblico y Oriental, sede de Cistierna. Curso 2013-2014). Eutimio Martino - Siro Sanz
CONFERENCIA EN CISTIERNA 22 DE NOVIEMBRE 2013
Son
varios y sucesivos los alumbramientos, que dan origen a la nación española. El
primero, el de la conquista de los cántabros por Augusto, a quien satisfacía
poco –dice Orosio- lo que Roma llevaba realizado en Hispania durante doscientos
años mientras permitiese que los cántabros y astures, dos pueblos muy fuertes,
continuasen con su independencia . Y se prolongó diez años la contienda, más de
lo que llevó a César el someter la dilatada Galia. No deja de vibrar el mismo
Orosio con la trascendencia del momento,
al escribir que Augusto regresó a Roma dejando a toda Hispania quieta y
sosegada en eterna paz, como reponiéndose de la fatiga.
Gravitaron
sobre la Cantabria Leonesa y sobre su río Esla varias de las campañas más
importantes de cántabros y astures. En especial en la cordillera, la muralla
natural de Hispania, que solo el romano superó, los cántabros consagraron para
la posteridad el heroísmo de su resistencia, que había de resurgir frente al
Islam en un Pelayo, que es evidente caudillo cántabro, hasta seguir el segundo
alumbramiento de Hispania en Covadonga.
Ahora,
como invirtiendo el sentido de la marcha, pero pisando calzadas, que eran de
roma, se pasa de Covadonga a Oviedo y de Oviedo a León, la plaza fuerte romana,
que había sido establecida para vigilar a cántabros y astures al fin de la
contienda y que no se podrá contentar en adelante sino con ser la capital del
reino. Y con ser la cuna de la participación popular en las decisiones del
gobierno.
Y
cuando se instaura en Santiago el culto al apóstol, es la vía romana de la
costa que encamina a los peregrinos de toda Europa, como después lo hará la
gran calzada del Camino Francés, que había sido tendida para dominar a los
cántabros y astures. Como si no fuera posible salir de la órbita romana, la
célebre Vía de la Plata enlaza dos ciudades, Astorga y Mérida, que fueron
fundadas por colonias de veteranos de las guerras cántabras.
En
fin, con razón exalta el poeta latino la empresa de la fundación de Roma, una
Roma que tanto había de fundar ella misma. Era Virgilio, que modelaba su
epopeya de Roma mientras Augusto guerreaba contra los cántabros.
Pelagius: Princeps cantabrorum et asturorum.
miércoles, 20 de noviembre de 2013
CISTIERNA Y LA RUTA VADINIENSE ANTIGUO CAMINO A SANTIAGO DE GALICIA. PANEL DE CISTIERNA. Siro Sanz García
La
relación de Cistierna, con el más que milenario camino a Santiago, que
atravesaba de Norte a Sur la Montaña Oriental Leonesa, viene
probada en la documentación Medieval local. En ella se afirma la existencia de una vía romana que desde Mansilla
ascendía por la vega y valle del Esla para entrar justo en Cistierna a la
garganta del Esla. La importancia del enclave cistierniego, se refuerza por la
existencia de dos puentes milenarios construidos en un tramo de apenas dos kilómetros: el Puente de Mercadillo y el Puente Viejo de Cistierna. No en vano,
nos encontramos en el corazón del denominado
Territorio de Aguilar, que durante la Alta Edad Media se extendía desde
los puertos con Asturias hasta un poco más abajo de Gradefes. Un territorio gobernado desde un poderoso complejo defensivo de origen protohistórico y
romano, ubicado entre Cistierna y
Sabero. Por aquí pasaba la Vía
Saliámica o del río, documentada el año 973 en su tramo más
alto de Sajambre, a punto de penetrar en Asturias. El apelativo hidronímico
prerromano *Salia que da Sella, entendemos que debe aplicarse a todo el
camino discurrente junto al río desde Sajambre hasta Mansilla de las Mulas, y
es de Riaño a Cistierna cuando la inmediatez de río a la calzada se hace más
evidente. El año 1001 tenemos la primera noticia referida a Cistierna, un documento de venta que designa como propietarios de tierras a dos
cisterniegos de nombre musulmán: (سُلَيْمَانُ ـ إِبْنُ نِيزَار) Suleiman e
Ibn Nizar. En 1056 se cita la existencia del monasterio de SAN FACUNDO PRIMITIVO Y CIPRIANO DE
CISTIERNA (Escalona, P 268), construido en la zona de los conventos,
junto al antiguo Camino Real, heredero de la Vía Saliámica. En 1099 el
glorioso rey leonés Alfonso VI, dona dicho monasterio a Pedro, Obispo de León, (Archivo de la catedral tumbo-fol 75). La unión de la villa con el camino, se
reafirma en el año 1143 cuando el clérigo Pedro Velaz, entrega al obispo de León, el hospital que había
construido anejo a la iglesia de Santa María. Un hospital para “admitir
y reconfortar a los pobres y míseros peregrinos que pasan por el Escobio de
Aguilar”. El Escobio era y es, el difícil paso entre el río y la peña,
bajo el gran complejo defensivo de Aguilar en Vegamediana. En el siglo XVIII y
XIX este singular camino se denomina camino Real a Sabero y Valdeburón. La
memoria de los peregrinos que discurrían por el camino aún se mantiene en el S.
XIX. En el Diccionario Geográfico de Pascual Madoz, (1845-1850), al citar a
Sorriba comenta lo siguiente: “a un cuarto de legua de la población se
halla el arruinado y antiguo hospital de San Bernabé, donde pernoctaban los
peregrinos que iban a Santiago de Galicia”. Sus ruinas aún permanecen
en la margen derecha del Esla junto al Puente de Mercadillo. Las piedras de San Bernabé, también el camino que renace de nuevo promovido y
auspiciado por la
Asociación Ruta Vadiniense, son testigos de un tiempo en el cual las creencias
de nuestros antepasados eran fuertes.
Ojalá
por ese mismo camino nos lleguen las sinergias e inspiración de las cuales tan
necesitados estamos. Ahora, cuando el reciente pasado minero es ya un mínimo capítulo de la milenaria
historia local, nuestro querido pueblo asomado a la vera del antiguo camino de
Santiago, aguarda tiempos mejores.
El mañana es el futuro que se promete
tras la negra cortina de las dificultades en la oscura noche del momento
actual. El resplandor del amanecer, tenuemente percibido ya en el horizonte, sólo
llegará si unos y otros nos mantenemos
solidarios y fieles a las raíces
legadas por el fervor de nuestros antepasados; siempre intensos en sus
creencias, siempre alejados del individualismo y materialismo que ahora nos extermina
y acaba.
Cistierna:
“Ultreia-Susseia”, sigue adelante.
Peregrino:
Buen camino
Panel de la Ruta Vadiniense a su paso por Cistierna.
Puente Viejo de Cistierna. (Foto: Siro Sanz)
Puente de Mercadillo, situado a dos escasos kilómetros del Puente Viejo de Cistierna. (Foto: Siro Sanz)
Iglesia de Santa María de Cistierna. La unión de la villa con el camino, se reafirma en el año 1143 cuando el clérigo Pedro Velaz, entrega al obispo de León, el hospital que había construido anejo a la iglesia de Santa María. Un hospital para “admitir y reconfortar a los pobres y míseros peregrinos que pasan por el Escobio de Aguilar”. (Foto: Siro Sanz)
A las afueras de Cistierna el camino se adentra en la Vega del Esla. (Foto: Siro Sanz)
La cruz del camino, restaurada hace pocos años en el lugar donde siempre se mantuvo dando testimonio de fe y peregrinación, al fin y al cabo por este camino llegó la doctrina del humilde rabí de Galilea a las tierras altas del Esla. El camino pasa a su lado, al fondo las montañas de la Cantabria Leonesa. (Foto: Siro Sanz)
viernes, 1 de noviembre de 2013
EL ÚLTIMO CARRERO DE CISTIERNA: D. ELISEO POLVORINOS. TALLER DE CARROS DE D.GABRIEL RODRÍGUEZ REYERO. OFICIOS OLVIDADOS. Siro Sanz García
Quién de los jóvenes de Cistierna,
conoce o sabe de los antiguos oficios de: zapatero remendón, molinero, el
botero que fabricaba botas y pellejos para el vino o aceite, hojalatero, pellejero y curtidor, madreñero;
estos y otros oficios existieron en la villa, hoy, hasta la memoria de aquellos
que los practicaron se ha perdido. Sin embargo, el que busca encuentra y un
servidor tuvo la suerte de hallar a un joven de 87 años: Don Eliseo Polvorinos, con
los achaques normales de la edad pero aún en plenas facultades mentales. Su
excelente memoria rescata del olvido uno de los oficios, casi me atrevo a
denominar artesanía, practicado en Cistierna hasta principios de los setenta
del siglo que pasó. Me refiero al oficio de carrero. D. Eliseo entro como
aprendiz a la edad de 24 años en el taller de carros perteneciente a Don Gabriel Rodríguez Reyero.
Gabriel pertenecía a la extensa familia de los Reyeros documentada ya en Cistierna
en el siglo XVII. El taller se ubicaba
en la corralada que existe detrás de la Casa de los Franceses, actual
comercio de pintura y bricolaje Miguelez. A Cistierna acudían a encargar carros
los pueblos de la montaña desde Remolina, valle abajo del Río Grande, incluidos
los valles laterales del Dueñas, Corniero, Valdoré, valle de Sabero y Duerna. De
Remolina para arriba hacían los carros en Pedrosa del Rey. Los pueblos de ambas
márgenes del Esla desde Villapadierna para arriba también hacían los carros en
Cistierna. Cuenta D. Eliseo, que menos los bueyes o vacas en el taller de D.
Gabriel, se fabricaban todos los elementos que componían la estructura de un
carro, incluidas las grandes armaduras que se añadían para transportar las
mieses de trigo, centeno y cebada. Los
carros chillones, con ruedas de madera y sin llanta de hierro eran ya una
reliquia a principios del siglo XX en nuestra villa. La mejora de las
comunicaciones, sobre todo el ferrocarril, había impuesto el hierro para las
llantas, eje, corzas y buje. El hierro se traía de Cervera en barras de cinco
metros y medio. Además del taller de carros que nos ocupa, existía otro a la
salida del pueblo en dirección a Riaño, más o menos donde ahora se encuentra el
Mesón la Braña. Este taller era propiedad de D. Pedro, oriundo del Valle del
Tuejar. Los tableros, cabezales y calabaza eran de negrillo, los cambones y
radios de la rueda se hacían de encina importada de Navarra. Para fabricar las llantas
de las ruedas, primero se enderezaba la barra golpeándola sobre el yunque en
frío, después, se curvaba en una máquina. Cuando se tocaban las puntas, se
metían a la fragua y a calda viva, esto es, al rojo vivo, se golpeaba en el
yunque hasta que soldaban los extremos. Las ruedas de un carro de vacas montañés
tenían 28 Mm. de grosor y 1,20 de altura, las ruedas de los carros ribereños se
hacían con 30 Mm. de grosor, 1,35 de
altura. La caja de los carros montañeses era de 97 cm. por delante y algo más
de un metro por detrás para facilitar la descarga. Los carros montañeses eran
más pequeños que los ribereños, pero recios y fuertes, diseñados para aguantar
las tamballadas que daban por los caminos empedrados que recorren todo el
territorio de la Cantabria Leonesa. El cubo o maza, también denominado
calabaza, donde iba colocado el eje del carro, se cortaba de un tarugo grueso
de encina y tenía unas 13 pulgadas. Después de torneado, se le colocaban dos
anillos de hierro. Los agujeros para los radios se hacían también en el torno.
El cubo se dividía en 14 radios para la montaña y 16 para la ribera. Después,
debía cocerse en una caldera de agua durante unas dos horas, mediante este
procedimiento, la madera del cubo se ablandaba e hinchaba, quedando lista para
meter los radios. El cubo así dispuesto quedaba inmovilizado en un potro y se
comenzaba a colocar los radios. Cuando la madera secaba, los radios quedaban
fijos y prietos. La circunferencia de la rueda sobre la que se montaba la llanta
de hierro se hacía con cambones de madera. Había distintas plantillas para los
cambones, grande para la ribera y más pequeña para la montaña. La
circunferencia de la rueda del carro montañés se hacía con 7 cambones y en cada
cambón se metían 2 radios, por lo tanto la rueda tenía 14 radios. La
circunferencia de la rueda del carro ribereño tenía 8 cambones, a dos radios por cambón, 16 radios. Los
carros de Cistierna, límite de la ribera donde la montaña comienza
abruptamente, se hacían invariablemente con 14 radios. Las corzas de hierro que
tenían la función de elevar la mies, hierba o leña por encima del lomo de las
vacas, se fabricaban en el mismo taller con varillas de hierro de 16 Mm. de
grosor. Las corzas iban en la delantera del carro y se sujetaban por arriba en
los tableros, por bajo en la vara del carro. El montar la llanta de hierro
sobre la rueda era una labor complicada. Para ese menester el taller contaba
con un horno dispuesto en el suelo, armado con raíles de hierro que adoptaban
la forma de la rueda para no deformar la llanta. La cavidad se llenaba de leña
y se encendía el fuego, sobre el cual se colocaba la llanta, cuando ya estaba dilatada
a fuerza del calor, se sujetaba mediante grifas para colocarla sobre la rueda.
Inmediatamente se metía a un pozo con agua para que no se quemase la madera y a
la vez quedase bien ajustada, prieta y tirante.
Un carro completo se tardaba en
hacer más o menos una semana. Después de terminado se le daba una mano de minio
para cerrar los poros de la madera, inmediatamente se procedía a pintarlo de
rojo y azul. El carro completo costaba entre 7000 y 8000 pesetas, que viene a
equivaler a 50 euros actuales. Cuando el comitente conservaba las ruedas, el
carro se encargaba sin ellas y valía unas 3000 pesetas. Los tratos se hacían
siempre de palabra, y el respeto a la misma era sagrado. En cierta ocasión el carrero
de Pedrosa del Rey, D. Santiago Martínez, pidió a D. Gabriel que mediase para cobrar un carro a
un carnicero de Cistierna que no quería pagar lo ajustado, el bueno de Gabriel
consiguió que Santiago cobrase lo que se le debía después de reconvenir al
carnicero con graves y sensatas razones. El carro de caballerías ostentaba dos
varales para uncir el macho, burro o caballo y era más barato que uno de
vacas. Cuando los encargos del Valle del
Dueñas, Remolina, Crémenes estaban terminados, los labradores bajaban caminando
a Cistierna con la pareja de vacas. Tras una pequeña robla se hacía el pago,
uncían los animales y regresaban con el nuevo carro a sus pueblos de origen.
Los pueblos se honran con el recuerdo, la memoria del esfuerzo y trabajos
de sus antepasados, vaya por lo tanto nuestro
reconocimiento a Don Eliseo Polvorinos, patriarca de una extensa prole, natural
de Calaveras de Arriba, vecino de Cistierna, artesano de la madera, fabricante de carros
montañeses y ribereños, además de excelente carpintero en la villa durante los
duros años de la posguerra española.
El taller de carros. A la
derecha con boina y mano sobre la taladradora para barrenar el hierro posa D.
Gabriel el Carrero y a la izquierda delante de la mesa de cepillado el joven D.
Eliseo que entró con 24 años para aprender el oficio. (Foto: Gentileza D. Luisa
Polvorinos).
El taller se ubicaba detrás de la
Casa de los Franceses, ahora comercio de la familia Vazquez Escudero. Al fondo
se observa el portalón que daba paso al taller. En la corralada vemos carros,
ruedas y madera sin devastar. En primer término sujetando el ronzal del caballo
vemos a D. Chencho Muñoz, carnicero de la villa. Detrás sentado en un carro a
medio terminar vemos al empleado Julian Gorostieta de Valmartino. Al fondo
sentado en el varal del carro posa D. Eliseo con dos niños. Desconocemos el
nombre de la persona situada a la izquierda en un carro con cuatro niños. La primera puerta a la izquierda era la casa de Don Gabriel Rodríguez el Carrero. La segunda casa era la vivienda de D. Martín Argüelles y Doña Eusebia Tejerina. Al fondo sobre el taller la casa de D. Laudelino(Foto
Gentileza Doña Luisa Polvorinos, el autor de la misma es D. Dalmacio Callado un
excelente fotógrafo merecedor de un estudio completo de su obra).
La foto fue realizada hacia 1968 por el
fotógrafo cisterniego D. Dalmacio Callado, en la calle P. Isla, justo a la salida del
taller. El carro recién pintado acababa de ser entregado al propietario. Es un
carro ribereño con rueda más grande que los montañeses y 16 radios, valía unas
8000 pesetas. Observen el detalle de las melenas de piel de perro sobre
la testuz de la pareja de vacas, también las roscas de baño en los cuernos como signo de celebración por el estreno. (Foto: D. Dalmacio Callado. Gentileza de Doña
Luisa Polvorinos).
Carro montañés de 14 radios frente al
taller de D. Eliseo Polvorinos. La pareja de vacas ostenta sobre la testuz melenas de cuero. Divisamos al fondo, el nogal que existía frente a la iglesia vieja de
Santa María, fue talado hacia 1967; el arboricidio es una constante en el Ayuntamiento de Cistierna . Detrás del árbol vemos un edificio con la puerta abierta, era la sede del Frente de
Juventudes donde se cantaba con el brazo en alto aquello de: "prietas las filas recias marciales", ahora se levanta allí la Biblioteca Pública de Cistierna, futura sede del Instituto Bíblico y Oriental. Tras el edificio se distinguen las únicas casas entonces existentes: la de Don Ángel Cuesta y Don Ernesto García. (Foto Dalmacio Callado: Gentileza Doña Luisa
Polvorinos)
Vehículos de tracción animal
como este carro montañés coexistían en los años cincuenta con los escasos vehículos de motor que circulaban en Cistierna. La foto fue realizada en la actual calle Doctor Rivas. Al fondo
tras la huerta, divisamos el comercio de los Montañeses que era la Casa del Pueblo durante
la república y frente a los Montañeses la casa la Tía Castaña una señora muy salada. (Foto: Gentileza
Doña Luisa Polvorinos)
En el taller de Cistierna
también se fabricaban carros de caballos. La foto fue realizada en la plaza del
Ayuntamiento. Los dos carros de caballos seguramente son los de Don Florencio y don Luis Bernardo transportistas hasta los años setenta, también lo fue por algún tiempo Don Pepe el Chato hijo de la Señora Casilda y cuñado de Florencio. Detrás del carro vemos la casa del empresario minero D. Esteban
Corral, a la izquierda el comercio de Don Bernardino Valbuena que en paz
descanse. (Esta foto como las anteriores creemos que fueron realizadas por D. Dalmacio Callado, padre de Sarita Callado Sagüillo, que actualmente llora ausencias de Cistierna en Tenochtitlan; gentileza
de Doña Luisa Polvorinos
Armazón de carro montañés perteneciente al
autor del blog, conservado en la huerta como una reliquia del pasado familiar.
Se mantiene la calabaza pintada de azul, el eje, radios y varal. (Foto: Siro
Sanz)
En su final, los restos de este
carro montañés de 14 radios, aún conserva un no se que de su prestancia
original. (Foto: Siro Sanz)
Don Eliseo Polvorinos que no puede estar quieto, posa
ante una maqueta a escala de carro montañés, fruto reciente de su afición por el
trabajo de la madera. Observen sobre el varal el freno, artilugio muy necesario en los carros de la montaña, no así en los de la ribera. (Foto: Gentileza D.Luisa Polvorinos)
miércoles, 23 de octubre de 2013
ALICIA AND LARRY. TOPÓNIMOS DE SANTA MARINA DE VALDEÓN Y ERIZO EN UN HUERTO DE CISTIERNA. Siro Sanz Garcia
La editorial de la Revista Comarcal, tiene
por costumbre reunir a sus escribidores cada dos o tres meses para la
preparación del siguiente número. Es éste un asunto que por costumbre se trata
en mesa repleta de buenas viandas y trasegando mejores vinos. Con ese fin el
día 28 de septiembre fuimos convocados en el restaurante la “Ardilla Real” de
Santa Marina de Valdeón, (donde por cierto se come muy bien); allí nos
aguardaban dos singulares personas residentes en Soto de Valdeón.
Larry y Alicia forman una pareja
encantadora que además de pertenecer desde su inicio a la editorial de la
Revista Comarcal de Riaño, dedican su vida profesional a defender, promocionar,
y presentar la majestuosa belleza de los Picos de Europa leoneses a los
visitantes que por Panderrueda o Pandetrave descienden al joyo de
Valdeón. La pareja, había preparado para nosotros una salida al monte, a causa
de las lluvias otoñales el plan se desbarató; a última hora el paseo a la
montaña fue sustituido por un visita guiada al pueblo. Con ellos ascendimos
hasta el eminente lugar donde se ubica la iglesia dedicada a Santa
Marina. Allí, Larry nos deleitó con una documentada explicación sobre: el
poblamiento medieval del lugar y la relación de Santa Marina con el poderoso
monasterio de Sahagún, la composición geológica de los terrenos circundantes,
los accesos al valle por Pandetrave y Panderrueda. Apuntaba que la carretera de
Pandetrave (seguramente sobre camino antiguo), discurre siempre por la solana
mientras que Panderrueda trazado por ingenieros del siglo XX, en invierno es un
calvario. Intrigado pregunté a Larry por el nombre de una mole rocosa de amplia
plataforma en su cumbre, la cual se yergue frente a la iglesia en dirección
Noroeste, a unos 400 metros en línea de aire, separada del pueblo por un valle,
a modo de foso natural. El cicerone respondió solícito que a esa peña la
nombran los naturales “Peña Castiello”. Uno que tiene bien aprendidas las
lecciones de P.Martino, enseguida relacioné la iglesia de sugerente titular con
el Castiello, en leonés, sinónimo de castro prerromano. La ubicación de la
iglesia en un mogote separado del pueblo por grandes taludes claramente artificiales,
otorgan al templo un acusado perfil de fortaleza dispuesta frente al castro. El culto a S. Martín y Santa Marina es relativamente abundante en
la montaña. Las iglesias que siguen en pie dedicadas a estos santos y muchas
ermitas ya en ruinas, testimonian una advocación que necesita ser explicada e
interpretada. Se da por sabido que el culto de S. Martín de Tours está muy
extendido por todas partes, un hecho que no admite discusión, y también
se da por sabido que su difusión se debe a la influencia de los
peregrinos franceses a Compostela, algo que ya no es tan evidente, si
acudimos a historia. En la Montaña Oriental se documenta S.
Martín por partida doble con anterioridad a la historia de las
peregrinaciones, en la era visigótica, en particular en el Esla, en
Verdiago y Las Salas, al menos deductivamente. Más confusa es la figura
de Santa Marina, intensamente legendaria. Pero, al tratar aquí solamente de su
culto en la región, detectamos el paralelismo que muestra
con S. Martín. Es absolutamente seguro que Martín proviene
del latín y que originariamente significa “perteneciente, relativo a Marte”,
siendo así que Marte es el dios romano de la guerra. Si, por otra parte,
observamos que algunas iglesias o ermitas dedicadas a S. Martín coinciden no
pocas veces con aquellas constelaciones de restos e indicios
romanos, que previamente habíamos destacado como “La Huella de las
Legiones”, (Martino-Siro. La Huella de las Legiones), podemos pensar que pudo
producirse una sustitución. En Santa Marina de Valdeón se produce
una espectacular teofanía de la plantilla que puede explicar la conquista
romana de la montaña. También nos descubrió Larry la existencia de una notable
fuente, de la que aún se sirve el pueblo, bautizada con el interesante nombre
de: “El Rejo”. Con la ayuda del P. Martino, nos atrevemos a explicar su
etimología. Y no es otra que la de un compuesto latino y prerromano de agua. Re
(del latino Rius); jo (de los radicales prerromanos el- ol) que dan elio, (jo)
adjetivado. En Villapadierna tenemos dos arroyos denominados: Villa-(el) y
Mata-(el). En Valdepolo: Laguna Di(el). En Sajambre: Riega la De(jo). A
estas alturas se preguntarán ustedes, qué pinta aquí el erizo del título. Hace
unos días, cuando trajinaba sacando patatas con el rentero que me lleva varios
huertos, apareció por sorpresa un erizo. A duras penas conseguí detener el
enérgico golpe de fesoria que el airado rentero se disponía a descargar sobre
el indefenso animalito. Después, expliqué sin mucha ciencia al paisano, que un erizo no es una alimaña a exterminar y,
lo beneficioso que puede ser para los sembrados la existencia de semejantes
criaturas. Durante la comida en la Ardilla Real, Alicia, excelente conocedora y
estudiosa de la fauna local, con sección fija sobre el tema en la Revista, me
aconsejó sobre la conservación del animal en el huerto y los suplementos alimenticios que podía proporcionarle. Añadió Alicia que con el bicho deambulando por el
huerto disponía del mejor aliado contra las plagas de: babosas, caracoles y
escarabajos, que periódicamente diezman mis hortalizas a semejanza de
aquellos políticos que se ceban en nuestras haciendas y presupuestos
socio-culturales.
Frente al vetusto hórreo:
Ramón Gutierrez (historiador) y Aurelio Rodríguez (poeta), recios pegollos
sobre los que se sustenta la Revista Comarcal de Riaño. (Foto: Siro Sanz
Los miembros de la Revista de Riaño
guiados por Alicia y Larry se dirigen a la Iglesia de Santa Marina, ubicada en
el lugar más eminente del pueblo. Entrados todos en el templo, siguiendo el
mandato de Nuestro Señor que dice: "oportet semper orare, et numquam
deficere": conviene siempre orar y no desistir, dirigidos por D.
Miguel Valladares, se rezo con devoción un sentido responso por la comarca.
(Foto: Siro Sanz)
Frente a la iglesia cuyo titular es
Santa Marina, se ubica la Peña el Castiello, separados por el foso natural de
un valle. (Foto: Siro Sanz)
Taludes artificiales aíslan el
emplazamiento de la iglesia del resto del pueblo. (Foto: Siro Sanz)
En Santa Marina se conservan espléndidos
ejemplares de hórreo leonés. (Foto: Siro Sanz)
Un erizo cisterniego, metáfora de algunos
ejemplares humanos. (Foto: Siro Sanz)
El erizo posando sobre una mesa para el
autor. (Foto: Siro Sanz)
UNA NUEVA LÁPIDA VADINIENSE EN PEÑACORADA Eutimio Martino-Siro Sanz
Artículo publicado en la Revista Comarcal de Riaño N 34. Junio 2010
El macizo de Peñacorada va adquiriendo poco a poco la categoría de
núcleo Vadiniense de cierta importancia. En le municipio de Cistierna:
contamos con cuatro hallazgos Valmartino (Museo de León), Sorriba (Museo de
León), Santaolaja de La Varga (Museo Diocesano de Arte Sacro, León), Fuentes de
Peñacorada (Museo Diocesano de Arte Sacro. León). Municipio de Sabero una
lápida (Tabularium Artis Asturiensis. Oviedo). Municipio de Prado de la Guzpeña : dos hallazgos (una lapida
en el Museo de León), y otra que
apareció hace 5 años en La Llama de La Guzpeña trasladada por Patrimonio a León.
En el municipio de Valderrueda: contamos con una lápida aparecida en Puente
Almuhey hace unos años y ahora en paradero desconocido. En total un conjunto formado por 8 lápidas muy interesantes, al que
debemos añadir el último hallazgo, con ésta, ya son 9 lápidas las encontradas
en el entorno del macizo de Peñacorada.
La lápida que ahora nos ocupa
había sido dada a conocer por Martino-Siro, en el año 2003, cuando fue
publicada en “La Huella de Las Legiones, Cuaderno de Campo Nº 1” . El hallazgo pasó desapercibido, como
tantas cosas de nuestra montaña, hasta que el Diario de León, se acordaba de ella en un extenso artículo de Don Emilio Gancedo,
un periodista más preocupado y sensibilizado por nuestro patrimonio que algunos
alcaldes de la comarca y aquellos que tienen la potestad sobre dicho patrimonio.
Martino-Siro, la habían localizado en Robledo de la Guzpeña , ladera sur de Peñacorada en el año 2000,
aunque era conocida por todos los habitantes de Robledo. Antes en 1996 el P.
Martino, había notificado a David Martino y Julio Mangas, la existencia en el
mismo lugar del notable monumento funerario dedicado a DOVIDERO HIJO DE
AMPARAMO PRÍNCIPE DE LOS CANTABROS, lapida que algunos siguen pertinaces en afirmar que procede de Valmartino. El espacio distante, entre las lápidas
halladas en Robledo apenas es de 8 metros .
Descripción de la lápida: Cronología aproximada S. I al II, se
trata de una piedra caliza bastante bien trabajada en los laterales, aunque previsiblemente
esta labra es debida a la función que tenía la piedra hasta hoy día que es la
de servir como escalón en un notable edificio. La piedra aparece cortada verticalmente por un extremo. Sólo se distingue el interlineado, un grabado
puntiforme en la parte superior, el nombre de la persona a la que se dedicó ó
el dedicante mismo: VALA (eso) / ANN(orum), los años del difunto.
El antropónimo VALAESO, no es
desconocido en la comarca. En dos lapidas de Aleje aparece escrito el mismo
nombre con “B”: (BALAESO FRONTONI), (PENTI(o) BALAESI). La vacilación a la hora
de usar B por V ó viceversa, no es sólo de nuestro tiempo.
Alfred Holder, en su diccionario
céltico cuando habla del Balaeso de Aleje, cita un VALAISIS ibérico, muy afín al
BALAESO vadiniense, quizás estamos ante la pervivencia de una aportación
ibérica mantenida entre los cántabros.
Estas dos lápidas: la de Valaeso
y la de Dovidero, otorgan al núcleo de Robledo de la Guzpeña una gran importancia, sobre todo, por la existencia de un PRINCEPS, hombre principal entre los
cántabros de Peñacorada, una zona estratégica entre el Esla-Cea, con cierto grado de autonomía civil, dentro de la
estrategia militar romana que utilizaba las élites indígenas para mantener la
paz con los aguerridos montañeses.
Lapida de Dovidero hijo de Amparamo príncipe de los cántabros. Robledo de la Guzpeña. (Foto Siro Sanz)
Monumento funerario de Valaeso. Robledo de la Guzpeña. (Foto: Siro Sanz)
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