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sábado, 19 de enero de 2013

EDAD CONTEMPORÁNEA: DON FRANCISCO VALBUENA GARCÍA Y DON BENITO VALBUENA LÓPEZ, CARA Y CRUZ DEL MAGISTERIO EN LA VILLA DE CISTIERNA DURANTE LA REPÚBLICA Y GUERRA CIVIL (Artículo publicado en la Revista Comarcal de Riaño Nº 41) Siro Sanz García




A mediados de noviembre de 2011, una inesperada llamada de teléfono procedente de Llodio, provincia de Álava, me ponía en contacto con Don Ángel Larrea Urrutia, hasta ese momento, persona desconocida para mí. Solicitaba ciertos datos biográficos sobre Benito Valbuena López, según esta persona, un maestro asturiano asesinado el año 1938 en un caserío cercano al citado pueblo alavés. Su interés y el de otras personas de Llodio, alguna de ellas dedicada al magisterio, era recoger la memoria de estos desgraciados sucesos. De Benito Valbuena López,  sabía que no era asturiano, y sospechaba desde hacía tiempo que era  hijo de Don Francisco Valbuena natural de Valderrueda, director de la graduada de Cistierna desde el año 1925, hasta el fin de la guerra civil. Al ser contraparientes de mi padre pensaba que la obtención de datos no sería difícil, ¡Qué equivocado estaba! Una hija de Don Francisco Valbuena, Domitila Valbuena, por lo tanto hermana de Benito, fue la mujer de Bernardino Sagüillo Alonso, tío de mi padre. Debido a una temprana orfandad, mi padre y su hermana, serían acogidos por sus tíos Domitila y Bernardino, a las edades de 8 y 12 años. Consulté a mi padre, por si recordaba alguna cosa que la tía Domi le hubiese contado en su infancia acerca de su hermano Benito. Solamente pudo comunicarme la existencia de tres hijos suyos: Benito, Luis y Maruja, los cuales, en los años de la posguerra venían a casa de la tía Domi a pasar las fiestas de septiembre. De su padre, no sabía nada, nunca había escuchado a su tía hablar de este misterioso hermano; conocía sin embargo la existencia de otros hermanos de Benito llamados Evencio y Paula. Era de esperar este sonoro silencio. En una familia tan de derechas como la de nuestra tía Domi, nunca se había hablado de un hermano desaparecido en el bando perdedor; los tiempos vinieron recios, ásperos y estragados después del conflicto y, hasta la memoria de los que murieron en el lado equivocado, por muy del régimen que fuese su familia, debía de ser olvidada. La incautación de bienes era  suficiente garantía para que las familias de los represaliados callasen para siempre. También es nuestro deber reseñar las tropelías cometidas por las izquierdas en las zonas mineras: quema de iglesias; destrucción del patrimonio religioso; asesinatos inmisericordes de clérigos y católicos practicantes y sobre todo el odio de clase generado desde hacia más de 40 años por una izquierda ajena a nuestras costumbres y tradiciones comunales. Don Francisco Valbuena García (Valderrueda 1875), padre de Benito, fue un notable maestro y educador de generaciones de cisterniegos; aun es recordado  con gratitud y cariño por alguno de sus educandos ya octogenarios. Era hombre de conocida  filiación derechista, buen católico en palabras y obras. La tía Domi, digna hija de su padre, fue también una ferviente católica, siempre, hasta los últimos años de su vida, acompañó su devoción con  continuos actos de caridad hacia los más menesterosos de la villa, sintiendo sus necesidades como propias y procurando remediarlas por todos los medios a su alcance. Los años 20 y 30 del siglo que pasó, fueron tiempos en los que la población de Cistierna, aumentó de forma considerable; las minas y el ferrocarril atrajeron a un número importante de obreros y sus familias. Después de la segregación de Sabero, y otros 4 pueblos del ayuntamiento de Cistierna en  1925, aún contaba el concejo con más de 4.000 almas. Esta numerosa población acuciaba al concejo, bastante limitado por entonces, con más servicios médicos, escolares y de seguridad. Don Francisco Valbuena, en sus años de director de las escuelas municipales, elevaría cartas al Ayuntamiento y autoridades provinciales reclamando un aumento de las plazas para niños y niñas. A instancia suya se formaría una comisión con el fin de construir un grupo escolar de 12 unidades; se propuso al Ayuntamiento para la instalación del citado grupo y después de haberlo estudiado suficientemente, el lugar denominado “Las Cortinas”. En orden a la seguridad, el 12 de Agosto de ese mismo año, a  propuesta del alcalde también se acordaría por unanimidad solicitar del Jefe de la Guardia Civil de la provincia de León concediese el aumento de 10 números de Guardias Civiles solteros para el puesto de Cistierna, con carácter fijo, ya que los juzgaba indispensable para la tranquilidad y sostenimiento del orden público de la cabeza del concejo y pueblos limítrofes, pues una población numerosa, comercio, industria, bancos etc, requería tal protección. En los días de la República, cuando el laicismo se imponía en la escuela pública española, Don Francisco, se opondrá con razonables argumentos a que se despojasen las aulas de las escuelas de niños y niñas que él gobernaba, del crucifijo que siempre las había presidido. Aparte de su defensa de la religión católica, Don Francisco, nunca cuestionaría el orden legal establecido por la República, a diferencia de otros maestros nacionales, como Don Albano Fernández, Doña Emilia Mata, Don Jerónimo Muñoz, Don Ángel Cuñado, a los que se requería de parte del ayuntamiento republicano, el 9 de marzo de 1936, por haber vulnerado lo legislado  por el Ministerio de Instrucción Pública, y  actuar abiertamente contra la el sistema republicano. No hacemos con esto una relación de buenos y malos, lo datos únicamente muestran la división que  por aquellos años existía en muchos ámbitos de la sociedad española, en este caso, las diferencias políticas entre los maestros y en muchas familias de Cistierna. Los servicios prestados en el desempeño del magisterio y como director de las escuelas de la villa por Don Francisco Valbuena, serían reconocidos en los años 50, cuando la corporación en pleno le dedico la calle que discurre desde la  rectoral parroquial hasta el Ayuntamiento. Hasta aquí en breves pinceladas, resumimos la cara amable de la familia Valbuena, honrada por las autoridades y recordada por muchos de sus parientes y convecinos. La vida de Benito Valbuena, pudo haber transcurrido más o menos como la de su padre, si no hubiese estallado una cruel guerra civil que le haría pagar con la vida por el único delito de haber sido un maestro de ideas avanzadas, un pedagogo que al igual que su padre, pensaba en la cultura como el único medio para que España abandonase su secular atraso. Este singular maestro, nace en Cistierna el 15 de enero de 1901, hijo de Francisco Valbuena y de Concepción López Caro, estudia magisterio en León y en los años 20 obtiene el título. En 1924 aparece como maestro de Quintana de la Peña, destino poco apetecido por los maestros locales, que apenas paraban en el pueblo un año o dos. Quintana, situado en la cara sur del macizo de Peñacorada, sólo se comunicaba con la carretera principal por un camino muy antiguo, sólo apto para caballerías y, así, hasta los años 70 del siglo pasado, cuando el pueblo se despobló por completo. En 1925, al tiempo que su padre es director de la Graduada, aparece como maestro en Cistierna. En vísperas de la guerra civil tiene plaza en Otero de Curueño. Una de las facetas más interesantes de la vida profesional de Benito Valbuena, era su simpatía hacia la Institución Libre de Eseñanza, fundada en 1876 por los catedráticos Francisco Giner de los Ríos, Gumersindo de Azcárate, Teodoro Sáinz de Rueda y Nicolás Salmerón, apartados de la Universidad por defender la libertad de cátedra y una enseñanza moderna.  Los proyectos más conocidos emanados de su filosofía docente se plasmaron en las Misiones Pedagógicas y las Colonias Escolares. Las misiones pedagógicas iban dirigidas a las zonas rurales más apartadas y de difícil comunicación del país, en un intento por redimirlas del atraso y del analfabetismo; en esos años más de 47% de la población era analfabeta. Benito participó en la misión pedagógica dirigida a la comarca montañesa de Babia, en junio de 1932,  con la colaboración del Ayuntamiento de San Emiliano. En esta misión participaron también los inspectores Don Rafael Álvarez, Don Vicente Valls, Don José Ruiz Galán, Don Salvador Ferrer, y el maestro Don Valeriano Enríquez. De este grupo sabemos que fue ejecutado durante la guerra Civil Rafael Álvarez, inspector de las escuelas de la zona del Órbigo y de la ciudad de León casado con la también inspectora y profesora Francisca Vicente Mangas, expulsada de la Normal de León y depurada, que murió en 1941 en Sevilla. A esta familia de represaliados, pertenecía Encarnación Vicente Mangas, vocal y secretaria de la junta de enseñanza de Cistierna en los años treinta, que tuvo que pechar con la ejecución de su cuñado y la depuración de su hermana.  Otro maestro muy querido y recordado en Cistierna, que conoció a Benito Valbuena, fue Virgilio Rabanal, natural de Sabero. Virgilio será juzgado en 1938, condenado a 30 años de cárcel y apartado de una profesión que nunca más volvería a ejercer;  su familia tuvo que soportar al expolio de sus bienes y  una vida de miseria y desprecio en Cistierna. Cuando después de muchos años de cárcel regresó al pueblo, encontró que su plaza, obtenida mediante oposición, había sido ocupada por una cursillista afín a la Falange. Don Virgilio se dedicaría a sacar arena y grijo del río Esla con un capacho para poder dar de comer a su numerosa familia. Peor suerte tuvo Benito Valbuena, que a principios del verano de 1938, cuando la cosecha se trillaba en las eras del pueblo, se ve obligado a dirigirse al lugar donde se cosechaban hombres. Por esa fecha emprende viaje a las Provincias Vascongadas con la intención de pasar a Francia; no sabemos qué medio utilizó, aunque intuimos que pudo realizar el trayecto de León a Bilbao en el tren de la Robla., o pudo ir caminando durante la noche siguiendo las vías del tren, algo frecuente en aquellos años. En los primeros días de Julio llega a las inmediaciones de Llodio, pujante pueblo  alavés situado a muy pocos kilómetros de Bilbao. Por breve tiempo se refugia en una caseta cercana a un caserío llamado Luja; allí su propietario, mediante un mapa que Benito traía, le explicó la situación del monte Gorbea y la manera de trasponerlo sin riesgo en dirección a Francia. Para ello, debía subir un pequeño monte llamado Mostatxa, en el descenso debía pasar por un barrio denominado Isardio, cruzar la carretera N-625 y dirigirse a otro valle que le llevaría al Gorbea. Bajando del monte Mostaxa, antes de llegar a Isardio, fue descubierto junto a otras dos personas que le acompañaban en la huída;  alguien bajó rápidamente al pueblo para avisar la presencia de fugitivos en el monte. De Llodio subió un grupo de personas que lo ejecutan en un lugar llamado Alqueta el 5 de Julio de 1938. El padre del informante don Antonio Larrea,  que vive muy cerca del lugar de la detención y ejecución, durante años contaba a su hijo Ángel, que escuchó los disparos que acabaron con la vida de Benito en el mismo lugar donde fue detenido.  Poco después, su cadáver montado en un asno, fue bajado al pueblo como si se tratara de un trofeo de caza. A los otros dos acompañantes de Benito (sospecho que también eran cisterniegos) les quisieron fusilar en la plaza del pueblo. Por ellos intervino una brava y misericordiosa mujer de convicciones carlistas, de nombre Paula. Gracias a sus ruegos no fueron asesinados allí mismo, pero desconocemos la suerte que corrieron posteriormente. De estos dos acompañantes se comentaba que parecían gentes de calidad, con carreras como el propio Benito. Según el registro civil de Llodio, Benito Valbuena fue enterrado el 6 de Julio de 1938 en la tumba Nº 127. Curiosamente en el acta de defunción, el motivo de su muerte, “heridas de arma de fuego”, aparece tachado*. En León dejaba una atribulada viuda y tres niños pequeños. En fin..., que no vuelvan jamás a España tiempos como aquellos, en los dos bandos enfrentados hubo gente honrada y asesinos; los últimos siempre aprovechan situaciones como aquella para dar suelta a sus más bajos instintos contra el derecho natural: robo, asesinato y violación.
AGRADECIMIENTOS: A Don Ángel Larrea Urrutia y a su padre Don Antonio Larrea, Sus recuerdos y labor investigadora permitieron reconstruir los últimos momentos de  la vida de Benito Valbuena en Llodio.                                                                                                                                           

* En el original no está tachado, lo tachan cuando te dan la fotocopia, deber ser normativo


              
















Don Francisco Valbuena y su esposa Concepción López Caro, padres de  Benito Valbuena López. (Fotos gentileza de Isabel Fernández Argüeso, biznieta de Don Francisco Valbuena)

    Calle Francisco Valbuena (Cistierna). (Foto Siro Sanz)

viernes, 18 de enero de 2013

VAE VICTIS EDAD CONTEMPORÁNEA: DON MATEO ALONSO Y DON JOSÉ BEITIA BILBAO, SEMBLANZA DE UN ALCALDE Y DE UN TENIENTE DE ALCALDE REPUBLICANOS DE CISTIERNA (Artículo publicado en la Revista Comarcal de Riaño Nº 36) Siro Sanz García



 Aunque  han pasado más de 70 años, la historia de la guerra civil y sus prolegómenos sigue siendo historia reciente y por lo traumático de la misma tema tabú para algunas personas en el ámbito de la Montaña Oriental. El bipartidismo que controla la  política, desde las altas esferas hasta lo más bajo de las administraciones públicas en concejos mayores y menores, repite actitudes frentistas de aquella época, se encienden odios sarracenos entre políticos de tres al cuarto, herederos de aquellos otros de la restauración de finales del XIX: caciques, logreros y manipuladores para los que la cosa pública, sólo es un trampolín o una forma de promocionar sus intereses particulares. Desde el más humilde de los consistorios hasta los despachos de lujo asiático en aquellas instituciones provinciales y autonómicas que nos desgobiernan, la crispación y el ataque personal son la tónica general; sus reyertas por el pesebre y pacederas trascienden y terminan por envenenar la vida de aquellos ciudadanos que aún esperan algo de ellos. Formación humana, educación, civilidad, diagnóstico de los problemas, visión de futuro, y vergüenza (la más importante de las virtudes según el Conde Lucanor)  siguen siendo la asignatura pendiente de muchos de nuestros políticos.
 Nadie esperaba en sus vísperas una guerra civil, pero los cuchillos se afilaban hacía tiempo; la crispación y navajeo político de años anteriores iba a pasar factura y poco a poco se preparaba el escenario del matadero. Aquí, al igual que en resto del país, a otra escala pero con igual crueldad y ensañamiento, se repetiría el cortejo de revanchas, asesinatos y venganzas personales que van aparejadas a los conflictos civiles. Socialmente Sabero y Cistierna,  se constituían como un caso aparte en la Montaña Oriental. Ferroviarios, mineros, artesanos, tenderos minoristas y mayoristas, administrativos, gentes dedicadas a las profesiones liberales, empresarios mineros,  conformaban una sociedad que nada tenía que ver con el resto de la comarca vuelta hacia un pasado agrícola y ganadero. Sabero cuenca minera y,  Cistierna, punto ferroviario de gran importancia, tenían fuerte presencia de los sindicatos y otras asociaciones  de trabajadores: U.G.T, C.N.T, Juventud Socialista de Cistierna, Sindicato Minero Montañés, Sindicato Nacional Ferroviario, todos ellos muy activos en la revolución golpe de estado del año 1934; aventadores de un odio criminal entre clases, contra la religión católica y sus ministros. Las dos poblaciones se constituían como un pequeño laboratorio montañés de los cambios traumáticos que el s. XX inexorablemente iba imponiendo. La represión a los que participaron en la  revolución del 34 marcaría a los que en ella tuvieron algo que ver y muchos de ellos serían definitivamente eliminados  a partir de agosto del 36.  Para  cisterniegos y saberenses, Monteviejo permanece en la memoria  como el lugar ominoso y execrable donde algunos culpables y muchos inocentes serían sacrificados como corderos en una represión feroz e inmisericorde, enmarcada dentro de una política de terror para amedrentar a la población. Durante el periodo republicano (14 de abril de1931 hasta el 18 de julio de 1936) destacan en el ámbito político de Cistierna: Don Mateo Alonso y Don José Betitia Bilbao, dos personas decentes y honradas que desempeñaron cargos de responsabilidad en el Ayuntamiento de Cistierna durante la república. Alonso será  depurado y represaliado, Beitia  depurado y  su hijo desaparecido, además de saqueadas todas sus propiedades. Don Mateo Alonso era natural de Sahelices de Sabero donde nace el 21 de septiembre de 1864; llegó a vivir más de 100 años muriendo en Cistierna, a finales de los años 60. Era una persona emprendedora y esforzada; a él se debe la construcción de la presa en el arroyo de Yugueros, con la intención de crear una aguada para las locomotoras del ferrocarril  la Robla- Bilbao. Antes de la guerra civil ya había construido su casa en la general, en el cruce del P Isla, acera opuesta al Moderno y un edificio que años más tarde ocuparía el comercio de Moráis. Don José Beitia Bilbao era natural de Ondarroa, comerciante en Cistierna, hombre de probada inteligencia en los negocios, representante de una izquierda progresista y liberal, fue teniente de alcalde del ayuntamiento y tuvo en la revolución del 34 un protagonismo que pasará onerosa factura a él y su familia a partir del 36. Ambos estaban unidos por lazos de parentesco pues una hija de Mateo Alonso,  estaba casada con un hijo de Don José:  Don José Luis Beitia Villa, capitán del batallón nº 238, destinado primero en la base de Cangas de Onis y después al frente de Oviedo sector Colloto. Poco antes de la caída del frente norte sería destinado al batallón 205 con grado de comandante, perdiéndose su pista a partir de entonces.
 El 5 de Junio de 1931, Don Mateo Alonso, es elegido primer alcalde republicano de Cistierna. Su actitud será en todo momento de consenso y  de suavizar posiciones con la derecha local. Sin embargo algunos concejales como  Don Gonzalo Diez, del ramo de  hacienda,   pide de inmediato, recién comenzada la andadura republicana,  que se retiren del ayuntamiento la placa dedicada a D. Esteban Corral anterior alcalde y conocido empresario minero de clara filiación derechista, pero de indudables méritos en su alcaldía. Es muy llamativa esta actuación del concejal de hacienda, pues el primer año del alzamiento será elegido  alcalde de Cistierna, en un juego de chaqueteo y equilibrismo político difícil de explicar en años tan peligrosos. Tras su paso por la alcaldía Gonzalo Diez, durante la dictadura será alguacil en Cistierna sin mayores contratiempos. Entre las actuaciones más interesantes de esos años del consistorio presidido por Don Mateo Alonso, y de su consuegro el teniente de alcalde Don José Beitia Bilbao, destacan los esfuerzos por iniciar la construcción del ferrocarril de Palanquinos a Cistierna; el impulso dado a las ferias locales,  sobre todo la de Santa Catalina, que se promociona con ayudas económicas del consistorio y la delimitación de un lugar fijo para el ferial, la creación de nuevas escuelas para niñas en Vidanes; la formación de una comisión gestora para investigar la contabilidad del ayuntamiento desde 1923 hasta 1930. La formación de esta comisión será origen de muchos quebraderos de cabeza  tanto para el alcalde como para su consuegro Don José  Beitia, uno de los más interesados en depurar responsabilidades, las cuales afectaban en gran manera  al anterior alcalde y al secretario del Ayuntamiento Javier Alba Valcarce. Durante la guerra  el secretario acusará al anterior consistorio y a sus concejales de bolcheviques. Un enconado resentimiento por parte de algunas familias de notables del pueblo y sobre todo del secretario del ayuntamiento durante el periodo investigado, se irá acumulando y buscarán el ajuste de cuentas en la guerra civil. Durante su mandato los concejales de la derecha encabezados por el señor Vicente Corral, propusieron  elevar una instancia por mediación de la confederación hidrográfica del Duero, a la dirección general de obras públicas pidiendo la construcción del pantano de Bachende. Don Mateo, que veía muy largo, avisaba sobre las consecuencias de dicho desafuero para la población y la comarca. De aquellos polvos estos pantanos.
 En el verano de 1934  D. Mateo Alonso manifestaba que debido a su avanzada edad y a su quebrantada salud, no podía continuar más tiempo perteneciendo a la corporación municipal y por tanto presentaba la dimisión de su  cargo; para justificar su petición, aportaba certificación demostrativa de tener más de 68 años y la facultativa de la imposibilidad física que le agobiaba. Antes de abandonar el cargo pedía a la corporación le perdonase de cualquier equivocación que hubiese tenido durante el desempeño del cargo.
Entre los días 5 y 10 de octubre de 1934, durante el bienio radical cedista, se produjo en España un movimiento huelguístico revolucionario. La revolución afectó sobre todo a Cataluña y Asturias. Los sucesos más graves se produjeron en las cuencas Astur – Leonesas. En Cistierna y Sabero los mineros enrolados en los sindicatos UGT y CNT se unieron para la revolución. Piquetes de obreros armados tomarán las calles de Sabero y Cistierna. Lo primero que hacen es atacar a la Iglesia en sus templos y patrimonio. Es este un odio antireligioso y de clases sembrado en nuestras montañas por sindicalistas de izquierdas foráneos, ajenos a nuestras costumbres y tradiciones comunales.  La derecha local, atemorizada se une y  moviliza para iniciar la defensa. Las consecuencias de la actuación militar fue muy dura en nuestra comarca. El concejal Corral contribuyó eficazmente a dominar el movimiento subversivo en Cistierna, así como también el jefe de la línea  de la guardia civil y fuerzas de civiles a sus órdenes. El teniente de alcalde Beitia y el concejal D. Clemente del Valle tuvieron que huir y fueron sustituidos. En febrero de 1936 por  una circular del Gobierno Civil de la provincia inserta en el boletín oficial se reponía en los ayuntamientos a los concejales suspendidos gubernativamente; siendo en Cistierna Don José Beitia y Don Clemente del Valle, únicos concejales  en aquella situación. Beitia pedirá con insistencia que se remueva inmediatamente el expediente que fue incoado al advenimiento de la república contra los ayuntamientos de Cistierna precedentes al 12 de abril de 1931. Se hacía así pública y notoria su enemistad sobre todo con el secretario Alba Valcarce.
 Llegamos al periodo comprendido entre el 18 de Julio de 1936- 1  de abril de 1939: la desgracia se abate sobre España. Cistierna sufre, al igual que todo el país, el azote de la guerra civil y el enfrentamiento entre sus habitantes. Los posicionamientos previos al conflicto causaran  muertes, desaparición y represalias.  Desde el comienzo de la guerra una serie de nombres empiezan a sonar, nombres que continuarán influyendo en la política municipal  durante la   dictadura. José Beitia y su hijo José Luis Beitia Villa pasarán hacia Asturias por Tarna rompiéndose una pierna el primero en la huida, desde allí se dirigirá a Francia; su hijo permanecerá en Asturias. Mateo Alonso  y su hija, la mujer de  José Luis Beitia, afrontarán las penalidades de la guerra y posguerra en Cistierna. La represión que sigue por desgracia a todos los enfrentamientos civiles se cebará sobre todo en la esposa de Beitia, Doña Julia Villa Martín, inquilina de San Marcos en León; será juzgada en octubre del 36 y condenada a muchos años de los que sólo cumplió tres. A Mateo Alonso se le detenía a menudo y se le trasladaba al cuartel de la villa, donde era objeto de malos tratos de obra y palabra; lo mismo se hacia con su hija, madre en aquellos días de una niña de poco tiempo, nuestra convecina Mari Luz Beitia Alonso. El 27 de octubre de 1938 el ayuntamiento se dio por enterado de un oficio de la comisión central administradora de bienes incautados por el Estado, en relación con el expediente de responsabilidad civil seguido contra D. José Beitia Bilbao por 25000 pesetas, la corporación acuerda gestionar de los familiares del mismo a fin de poder conseguir que los géneros del de Beitia, puedan ser repartidos previo pago, entre los vecinos del Municipio, el dinero de la venta iría a la caja del ayuntamiento. La gestión con los familiares, no fue necesaria pues éstos, amedrentados por la difícil situación, asistieron al despojo sin poder hacer nada.
 El comercio de Beitia, era un almacén de textiles situado en la plaza del ayuntamiento. Además de la tienda, Beitia poseía dos cocheras en las que guardaba 1 coche y 2 furgonetas de su propiedad. Su empleada Erundina, que trabajó en la tienda durante años, por oponerse a la incautación fue pasada por las armas. El 19 de Noviembre de 1938 se subastaron en Riaño en pública almoneda, todos los bienes incautados. El despojo del patrimonio de Don José Beitia se hizo con total descaro, vendido como  botín de guerra, todo ello promovido y organizado por el ayuntamiento de Cistierna, que sería el principal beneficiado, participando como intermediarios alguno de los tenderos más importantes de la villa en el ramo de textiles.
Don Tomás Fernández García, (industrial que en los años 60 instalaría todas las antenas de la Montaña Oriental), persona interesantísima, digno de otro artículo, después de la guerra alquilaría para su taller de reparación y venta de radios el comercio saqueado en la plaza de Cistierna,  cuenta como a finales de los años 40, Doña Julia Villa Martín se acercó un día a la que había sido tienda propiedad de su marido y lloró amargamente recordando lo que se hizo con su familia y patrimonio.
NOTA: Datos históricos extraídos del Archivo Municipal de Cistierna y la memoria de los descendientes de d. Mateo Alonso y d. José Beitia.




Don José Beitia Bilbao y su mujer Doña Julia Villa Martín . De uniforme, su hijo Don José Luis Beitia Villa, (Gentileza Mari Luz Beitia Alonso).



DEL CONCEJO LEONÉS A LAS JUNTAS VECINALES O LA RESPONSABILIDAD DE LOS PARTIDOS MAYORITARIOS EN SU DESAPARICIÓN




Cistierna desde Valdeyera (Foto Siro Sanz)



Hace pocos años nos defendíamos de ese monstruo ahora dormido que es la línea de alta tensión Sama-Velilla. La Montaña Oriental y la Central argumentaron sus justas pretensiones en 27000 alegaciones aún no contestadas. Entonces asistíamos perplejos a los manejos de ciertos políticos por manipular una lucha a la que no habían sido llamados, ni se les había permitido entrar. Políticos anclados en el periodo de la restauración del XIX, que por estas montañas aún van contando los votos por las cocinas y luego nos dejan tirados en temas tan graves para el medio rural como: la despoblación, educación, sanidad, agricultura, minería, transporte y comunicaciones. En aquel tiempo el  ambiguo y tímido apoyo de la Diputación de León nos confirmó la soledad en que estábamos. Como ahora, solo nos teníamos a nosotros mismos. Fueron plataformas ciudadanas independientes, las que llevaron el peso de la lucha. La fuerza que nos inspiró, no fue otra que nuestra pertenencia al milenario tronco del concejo leonés y el recuerdo de un pasado auténticamente democrático. En aquel ámbito concejil,  nuestros antepasados se defendieron una y otra vez contra la injusticia y la fuerza que la nobleza local, el rey o la iglesia les quisieron hacer. Mediante la organización concejil que aún pervive en las juntas vecinales, durante más de mil años se gobernó la vida social y económica de nuestros pueblos y aldeas. Pues bien, muchas de las alegaciones contra la Sama Velilla se basaban en el menoscabo, en el despojo y acabamiento de los bienes comunales representados en los montes, aguas, caminos, edificios, pastos, cotos de caza. Unos bienes indispensables e irrenunciables para la continuación de la vida de aquellos que resistimos en el medio rural.
Desgobernados por la casta política presuntamente más corrupta e inútil de la Europa Occidental, se produjo el saqueo de las cajas de ahorro y pensábamos que nada peor podía  pasar, sin embargo está ocurriendo, ahora vienen a por el patrimonio material y cultural salvaguardado por los concejos leoneses durante siglos. Desde la dictadura Franquista al bipartidismo actual, las juntas vecinales se contaminaron de elementos ajenos a las mismas, con la única intención de controlarlas y vaciarlas de sentido. En muchos pueblos ya no se toca la campana para juntar a los hombres buenos, las cuentas a veces no están muy claras o ni siquiera se presentan, el pedáneo lo pone el partido ganador en las urnas. Estos son problemas que piden solución y mejora, pero dentro de la organización concejil, regresando al verdadero espíritu del concejo leonés que tenía y tiene como fin el bien común de todos los vecinos, la ayuda mutua frente al individualismo y la defensa de la comunidad vecinal frente al poder. Volvemos a estar solos en la lucha, los partidos políticos mayoritarios o no hacen nada o se destacan por un soterrado hostigamiento y en ocasiones ataques frontales contra las juntas vecinales.
Como en el tema de la Sama Velilla, la Diputación de León  tiene la grave responsabilidad de proteger el patrimonio cultural y material de nuestros concejos. La política cultural leonesa no debe centrarse únicamente en saber si las mujeres de Riaño vestían refajo colorado, las de Cistierna o Prioro manteo verde. Más importante es preservar el patrimonio inmaterial de ese gran árbol que es el concejo leonés, la forma más antigua de la democracia en España, esto es, del gobierno del pueblo, un milenario roble del cual las juntas vecinales son el último renuevo. Alguien tiene que sacar del arca todas las sentencias, pleitos, pragmáticas autentificadas y reconocidas desde los Trastámaras, Austrias y Borbones. Estamos persuadidos de su validez actual.
La Diputación  que nos intenta adormecer  periódicamente con lilainas y jumerios sobre desarrollo sostenible y la lucha contra la despoblación, tome de una vez las riendas de los auténticos intereses de la provincia y defienda algo más que no sea el benefició del partido político de turno. La política, una de las actividades más nobles del ser humano, en todo el país y en nuestra tierra leonesa es ultrajada, devaluada, desprestigiada. Sobre la democracia, defecan, se orinan a diario, ciertos políticos y sus amigos financieros. Que los leoneses se apresten a defender aquello que es la base de nuestra supervivencia: la tierra con la que mantenemos al Rey nuestro señor y su casa,  Gobierno central, Gobierno Autonómico de Castilla, Diputación, Senadores, Parlamentarios, Diputados, Alcaldes y Concejales. Antes de suprimir las juntas vecinales que no cuestan nada y, siempre tienen dinero en las arcas a diferencia de los ayuntamientos, sería prioritario discutir la desaparición del Senado o de las delegaciones a modo de embajadas y consulados que algunas autonomías mantienen en el extranjero a costa de  arbitrios que no cesan de crecer pagados por los de siempre.
Que viva León, vivan sus reyes de gloriosa memoria. Larga vida al concejo leonés reservorio de las venerables tradiciones del antiguo reino que se resiste a morir.

Siro Sanz García.

NUEVA LAPIDA VADINIENSE DE TRIDIO QUIEO DEL CLAN DE LOS BEDUNIGOS (Artículo publicado en la Revista Comarcal de Riaño). Siro Sanz- Eutimio Martino




















 

Un  lento pero continuo goteo de lápidas pertenecientes a la tribu cántabra de los vadinienses, nos permite conocer cada dos ó tres años un poco más de estos antepasados remotos. Los monumentos funerarios vadiniense, acercan sobre todo a entender el grado de aculturación romana de una sociedad indígena en trasformación, la cual entre los Siglos II al IV d C, daba aún muestras de gran personalidad y vitalidad. No deja de asombrarnos el desinterés de nuestras autoridades culturales y políticas sobre el tema, cuando observamos que el mundo vadiniense, es una de las señas de identidad más importantes de la Montaña Oriental Leonesa. Un tema que merece  ser investigado, promocionado, rescatado como una sinergia más para añadir al espectacular medio natural en el cual estamos ubicados. Los jóvenes, tan abandonados en muchos aspectos, tienen en el mundo de estos antepasados ganaderos y algo agricultores, un ejemplo épico de adaptación a un medio durísimo e implacable. El mismo  medio en el que se desarrolló la vida de nuestros padres y abuelos hasta los años sesenta del siglo que pasó.

PROCEDENCIA:

La lápida es oriunda del Valle de Valdoré. Un destacado miembro de la Asociación Ruta Vadiniense Camino de Santiago, la procuró desde el primer momento para su estudio y lectura a  Siro Sanz y Eutimio Martino.

La piedra de cuarcita rojiza tiene unos 90x50x14cm. La inscripción ocupa cuatro líneas escritas en letras capitales perfectas y claras.

CONTEXTO GEOGRÁFICO DEL HALLAZGO:

Martino y Siro certifican la importancia de este nuevo descubrimiento y, apuntan que nos hallamos en el extremo inmediato de Crémenes, que se constituye como el mayor foco de lápidas vadinienses conocido, en el cual no faltan testimonios estrictos de la presencia romana con una lápida dedicada a  IOVI OPTIMO MAXIMO, y otra la de IULIUS CRESCENCIUS.

TRANSCRIPCIÓN Y TRADUCCIÓN. La lectura sería la siguiente, aunque  el tema queda  por supuesto abierto a otras interpretaciones.

M(ONUMENTUM) / TRIDIO . QUIEO. BE / DVNIGUM. CORAI / F.VA (DINIENSI). AN (NORUM). L. ORIGENUS. / AV (U) NCUL (O) S (UO). P (OSUIT). H (IC) S (ITUS) E (ST): Monumento a Tridio Quieo de los Bedunigos hijo de Corai, Vadiniense de 50 años, Origenus lo dedicó a su tío materno, aquí yace.

CONSIDERACIONES SOBRE LOS ANTROPÓNIMOS:

El nomen TRIDIO, está presente en una lápida de Riaño y otra de Remolina (Tridio Alongun), nombre de raigambre celta (“el tercero”). Se constata la permanencia del cognomenQVIEO” en el Valle de Valdoré, el mismo radical se ha conservado hasta hoy en la renombrada fuente del QUIE (G) O  de la Velilla. Se destaca lo novedoso e inédito del clan que aparece en la presente lápida: BEDUNIGUM; el radical BED, lo encontramos en BITA Peñacorada, y en BEDUNIA (San Martín de Torres), la terminación UM sustituye el ORUM del genitivo plural. El nombre CORAI, se compone del radical CORA y el sufijo (I) que indica pertenencia, semejanza o diminutivo. CORA no es desconocido en la comarca, aparece en CORABITA, la forma más antigua de PEÑACORADA, manteniéndose en el nombre moderno; la vemos en CORCOS Almanza; en CORA Oseja de Sajambre; en CORAIN y CORAO el foco más norteño de lápidas vadinienses.

ORIGENUS es un compuesto de OR-I (enlace)-GENUS. El elemento OR es un claro hidrónimo; UER-, UOR-, “agua, lluvia, río” (CARNOY, 160- POKORNY, 80)  presente en majada Oria en Amieva (MAÑANA, Beyos). Monte Oria en Liébana (s XIV, Montería). El GENUS, singular masculino indica origen o nativo de y aparece en lápida Vadiniense en Aleje, en plural ALIESSIGINI. En Lois tenemos un ORIGENUS, (Echegarai nº 23) y un ORIGENA en Monte Cilda (Echegarai 215-6). En el mismo valle de Valdoré, anteriormente habían aparecido otras tres lápidas vadinienses, en una de ellas al igual que en esta que nos ocupa, también se refiere a la importancia del avunculado (el tío materno)  entre los cántabros. La parte superior de la lápida aparece quebrada, pero se reconoce el torques (collar) entre dos arbolitos. En el interior del torques se percibe la letra M (onumentum). No aparece  el característico caballo. Sería de gran consuelo para todos que esta lápida se recuperase para la comarca, hoy día contamos con dignos museos que pueden albergarla: Riaño, Sabero y el futuro museo del Instituto Bíblico y Oriental.

Demos la bienvenida a nuestro antepasado TRIDIO QUIEO del clan de los BEDUNIGOS,  las voces antiguas de los remotos antepasados aún tienen algo que decir a sus descendientes atribulados por los cambios económicos, usos, costumbres y el maltrato inmisericorde a su tierra

 

 

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VADINIA: APARECE UNA NUEVA LÁPIDA VADINIENSE EN EL MACIZO DE PEÑACORADA (Artículo publicado en la Revista Comarcal de Riaño Nº 34). Eutimio Martino-Siro Sanz




















(Foto Siro Sanz)




El macizo de Peñacorada va adquiriendo poco a poco la categoría de núcleo Vadiniense de cierta importancia. En le municipio de Cistierna: contamos con cuatro hallazgos Valmartino (Museo de León), Sorriba (Museo de León), Santaolaja de La Varga (Museo Diocesano de Arte Sacro, León), Fuentes de Peñacorada (Museo Diocesano de Arte Sacro. León). Municipio de Sabero una lápida (Tabularium Artis Asturiensis. Oviedo). Municipio de Prado de la Guzpeña: dos hallazgos (una lapida en el Museo de León),  y otra que apareció hace 5 años en La Llama de La Guzpeña trasladada por Patrimonio a León, de la cual no hemos vuelto ni el ubi est. En el municipio de Valderrueda: contamos con una lápida aparecida en Puente Almuhey hace unos años y ahora en paradero desconocido. En total un conjunto formado por 8 lápidas muy interesantes, al que debemos añadir el último hallazgo, y con esta ya son 9 lápidas las encontradas en el entorno del macizo de Peñacorada.
La lápida que ahora nos ocupa había sido dada a conocer por Martino-Siro, en el año 2003, cuando fue publicada en La Huella de Las Legiones, Cuaderno de Campo Nº 1”. El hallazgo pasó desapercibido, como tantas cosas de nuestra montaña, hasta que el Diario de León, se acordaba de ella en un extenso artículo de Don Emilio Gancedo, un periodista más preocupado y sensibilizado por nuestro patrimonio que algunos alcaldes de la comarca.
 Martino-Siro, la habían localizado en Robledo de la Guzpeña,  ladera sur de Peñacorado en el año 2000, aunque era conocida por todos los habitantes de Robledo. En 1996 el P. Martino, había notificado a David Martino y Julio Mangas, la existencia en el mismo lugar de otro notable monumento funerario, que algunos siguen pertinaces en afirmar que procede de Valmartino, éste dedicado a DOVIDERO HIJO DE AMPARAMO PRÍNCIPE DE LOS CANTABROS. El espacio distante, entre ambas lápidas halladas en  Robledo, apenas es de 8 metros.
Descripción de la lápida: Cronología aproximada S. I -II, se trata de una piedra caliza, bien trabajada en los laterales, aunque previsiblemente esta labra es debida a la función que tenía la piedra hasta hoy día que es la de servir como escalón en un notable edificio. La piedra está partida a la mitad y falta una parte. Sólo se distingue el interlineado, un grabado puntiforme en la parte superior, el nombre de la persona a la que se dedicó ó el dedicante mismo VALA (eso) / ANN(orum) los años del difunto sin los números.
El antropónimo VALAESO, no es desconocido en la comarca, en dos lapidas de Aleje viene escrito el mismo nombre con “B”: (BALAESO FRONTONI), (PENTI(o) BALAESI). La vacilación a la hora de usar B por V ó viceversa, no es sólo de nuestro tiempo.
Alfred Holder en su diccionario céltico cuando habla del Balaeso de Aleje cita un VALAISIS iberico muy afín al BALAESO vadiniense, quizás estamos ante la pervivencia de una aportación ibérica mantenida entre los cántabros.
Estas dos lápidas: la de Valaeso y la de Dovidero otorgan al núcleo de Robledo de la Guzpeña una gran importancia, que sobre todo por la existencia de un PRINCEPS, hombre principal entre los cántabros de Peñacorada, una zona con  cierto grado de autonomía civil y estratégico, a caballo entre el Cea y Esla, dentro de la estrategia militar romana que utilizaba las élites indígenas para mantener la paz con los aguerridos montañeses

jueves, 17 de enero de 2013

CASTRO DE LA PEÑA O VALDEGRIJA. (Artículo publicado en la Revista Comarcal de Riaño año 2011) Siro Sanz García




 Muralla del Castro de la Peña
Camino al Valle de Santa Marina, inmediato al castro.





Valdegrija significa valle de la iglesia. Hace aproximadamente dos años desde el Castro de Vegamediana, observamos enfrente, en la margen izquierda del Esla, la buena disposición estratégica de una eminencia situada entre la confluencia del río de Fuentes de Peñacorada y el Arroyo de Santa Marina en terreno de Santaolaja de la Varga, municipio de Cistierna. Este monte tiene una altura aproximada de 1015 m, limita al Sureste con Valdegrija (Valle de las Iglesias), al Este con Cantera de Don Baldomero Robles, al Oeste con la Vega el Escobio y la Vega San Pedro,  al Norte con  camino vecinal y río de Fuentes. De este lugar desconocemos otros estudios, labores de prospección ó excavación.
Iniciamos una prospección visual en abril de 2011, favorecidos por el buen tiempo que se gozaba y una primavera aún tardía en estas montañas que nos permitiría una perfecta visualización de los posibles restos que allí presumíamos. La Peña, que es como se llama este monte, domina  el camino que entra poderoso con potentes muros en el encinar del Valle de Santa Marina, perteneciente a los comunes de Santaolaja de la Varga. Por el Norte controla el camino de acceso a Fuentes de Peñacorada y castillo de Monteagudo. Por el Sur, se divisa a un kilómetro, la entrada a la garganta del Esla que desde Cistierna se dirige a Valdeburón y Tierra de la Reina. Por el Oeste a unos 300 m, en línea de aire, tiene enfrente el Río Esla y en la margen derecha el Complejo de Aguilar. El recinto presenta una orientación Este-Oeste. La propia configuración de la Peña lo defiende y protege, sobre todo al Este y Sur de la misma, donde existen grandes farallones calizos. La relativa abundancia de elementos defensivos en el enclave no deja de asombrarnos, pues sumado este, a los ya conocidos del Complejo de Aguilar, se constituyen como dos marcos de una puerta, formando una barrera defensiva a la entrada de la garganta del Esla. El recinto tiene aproximadamente unos 8000 metros cuadrados. En su cara Norte, la más accesible, aparecen los primeros restos desmochados de la muralla, el canchal formado por el derrumbe baja en dirección al arroyo de Fuentes. El acceso se encuentra en este lado, defendido por el típico esviaje  que observamos en otros castros. Es al Este, donde se reconocen  un foso y detrás de el, los restos más abundantes de muralla, aquí aparece un muro formado por un paramento interior y exterior, construido con  rocas careadas de unos 20x10 cm. Entre ambos paramentos hay un relleno de piedras menudas que debían ir ligadas con una argamasa de barro. La anchura de la muralla en este lugar es de 2,30. En apariencia, sin conocerlo en profundidad, salvando sus dimensiones, es muy parecido a lo ya visto en Aguilar, por lo que podemos adelantar como hipótesis y debido a la cercanía con aquel complejo que podía formar parte de ese conjunto defensivo, cerrando por un lado y otro el paso del Esla a muy poca distancia del comienzo del desfiladero en Cistierna. Cronológicamente salvo aportaciones de intervención arqueológica en el futuro lo adscribimos a la Edad del Hierro II, con una ocupación, casi segura durante la Alta Edad Media Hace años cuando se construía una casa bajo la peña en la que se encuentra el recinto castreño aparecieron tumbas construidas con lajas de caliza, una tipología medieval, común a otros hallazgos en la Montaña Oriental.

ASTRO DE CAMPO CIUDAD (Artículo publicado en la Revista Comarcal de Riaño Nº 42-2012, P: 21,22,23). Siro Sanz-Eutimio Martino


 


Muralla Norte de Campo Ciudad. Al fondo Peña Corada 

Muralla Este del Castro. Al fondo la Vega del Esla.

Campo Ciudad. El Nombre.
En el mapa topográfico del Instituto Geográfico Nacional, en  la  hoja  de Cistierna,  como a media altura de  la cara sur de  Peña  Corada y casi verticalmente sobre Quintana de la Peña,   figura  el topónimo “Campo Ciudad”,  un nombre bien extraño en plena pared rocosa y desnuda, sin apariencia alguna de campo y menos aún de  ciudad.  Al menos, tal y como lo percibimos de lejos,  desde la base de la peña y de su entorno.
Sin embargo no se  puede rechazar un topónimo por extraño que sea, sino que  tanto más vivo ha  de ser el reto de interpretarlo, aunque aquí la interpretación se nos antoja más ardua que la  subida hasta allá para ver qué puede tener de campo y qué  de ciudad un lugar  tan antagónico  a lo que suena.
En el lenguaje común “Campo” y “ciudad” son términos heredados del latín con el mismo significado que en latín poseen,  un significado no viable aquí, por lo que habremos de remontarnos más allá del latín, a la esfera de una lengua prerromana practicada en estas latitudes antes de la conquista romana, que aquí se  desarrolló en torno a los años 20 antes de Cristo, como dos siglos después de haber comenzado por Levante. Una lengua que resulte aquí verosímil, p. ej., céltica.
En celta existe un adjetivo cambo, “curvo”,  de donde viene  camba de arado, camba de la rueda. El término pudo aplicarse a la corriente de agua en cuanto sinuosa. Tenemos cerca el río Camba, afluente del Cea.  No es difícil que cambo y campo se confundan porque normalmente la p- pasa a b- en la evolución castellana, no sin que la b- pueda revertir a p-. Vemos que Campo funciona también como nombre de corriente de agua  o de lugar denominado por ella.
Aplicando al caso, Campo Ciudad está flanqueado por dos arroyos y recién nacidos: uno al este, de nombre Hoyo, que se une  al río de La Llama,  para continuar al Cea, y otro al oeste, el del Molino, que afluye al de La Bita, para terminar en el Esla.
La situación física, marcada por el origen de dos arroyos, era muy peculiar para los antiguos, no solo por su dependencia del agua in situ sino por su mentalidad con respecto a la misma y a su origen, hasta el punto de rendirle culto, como era el caso entre los celtas. Del mismo podemos observar vestigios en la cascada llamada El Gorgolón, en Tejerina,  y en la fuente intermitente de Velilla del río Carrión. También está el nombre Deva (“diosa”) nombre de río cercano,  en la  inmediata Liébana.
Ya el segundo elemento del nombre, el extraño Ciudad, sobre todo extraño al uso actual del término, todavía puede alcanzar alguna posibilidad en caso de ser nombre latino. Pues pudo recibir ese nombre tras la conquista como nombre de “población”, por haber sido un castro importante, como delata el masivo derrumbe de su muralla. Al menos desde el siglo XVI- 1540, comprobamos el topónimo en su forma  actual.  
Es posible que el hablante latino de la región, sabedor del pasado antiguo del lugar,  se hubiera sentido llamado a precisar el prerromano “campo”, adjuntando un “ciudad” como portador del concepto de “población”, como si no se resignase a pasar de  largo ante un Campo, que no era simplemente campo.
Todavía cabe otra posibilidad acaso más plausible.  El arroyo de la parte oriental,  más abajo río la Llama,  hubo de llamarse Ceión y dar ese nombre a un territorio, como testimonia la documentación de Sahagún y lo confirma  La  Acción, el determinante de Santa Olaja.
Aparte de Ceión  existen otros derivados de Cea, incluso no lejanos, como Cidayo en el compuesto Villa-cidayo, por más que en el Esla. No demasiado lejos, en el Alto Ebro, existe Cidad, repetido en Burgos.
Es evidentemente muy posible que de un supuesto Cidad se pasase por etimología popular, por atracción, a Ciudad. Tendríamos entonces Campo y Cidad, que serían dos topónimos de base hidronímica, referidos al mismo lugar. Se explica el que  un tipo de pobladores, al no comprender lo que expresa el nombre precedente, se valgan del suyo propio, que significa lo mismo, sin desechar tampoco el nombre anterior.
En especial, sucedió semejante reduplicación entre los hombres primitivos, tratándose del agua, por la preeminencia de ella,  no solo en su vida,  sino en su visión del mundo.
SITUACIÓN Y DESCRIPCIÓN DEL RECINTO CASTREÑO
Siguiendo la estela del nombre “Campo Ciudad”, este castro, del cual no existía ninguna constancia de otros estudios ni campañas de prospección o excavación, fue descubierto por nosotros y prospectado visualmente el  23 de marzo de 2012. Se ubica en la cara sur del Macizo de Peñacorada. Al Norte de Campo Ciudad, se yergue el Pico Corbero, 1679 m, al Este Peñacorada, 1831 m, y al Oeste el pico Valdelagua, 1551 m. En el circo formado por estas tres eminencias calizas se dispone el recinto castreño en las últimas terrazas que forman las  curvas de nivel de un monte de 1481 m de altura, situado entre el Arroyo del Hoyo, (en 1182 Fluvium de Barro, en 1542  Hoyo del Barrio) y el Arroyo de la Bita. Es difícil definir la extensión exacta del recinto castreño al que calculamos  una superficie aproximada de 1 ha. El castro tiene forma irregular, y se adapta a lo abrupto del terreno con dirección Norte-Sur, reconocemos sin embargo una forma oval en la parte superior al Norte y, en la parte inferior del recinto hacia el Sur, adopta la forma de quilla de barco siguiendo las curvas de nivel. Por el Este, aprovecha como defensa los fuertes escarpes calizos, reforzados por muralla aún reconocible en algunos tramos. Al Oeste del recinto inferior, la parte más accesible, existe un tramo de muralla recto de unos 100 m de largo por 2,50 m de ancho. En la parte superior aparece otro tramo de muralla de unos 50 m en forma de arco con una anchura aproximada de 2,30 a 2,50 m. Las murallas presentan un paramento exterior y otro interior, construidos con piedras de mediano tamaño y forma irregular, aunque algo careadas hacia el exterior. El espacio entre ambos paramentos va relleno de piedra menuda, no se distinguen restos de ningún tipo de argamasa. Todos los tramos de muralla reconocidos, están desmochados hasta su raíz, en la ladera oeste el derrumbe forma un amplio canchal. En la parte superior del recinto, a unos 60 m, fuera de la muralla, se observan algunas estructuras tumuliformes de piedra, existiendo entre ambas unos 8 m de separación. Reconocemos un posible acceso al recinto por el Oeste, donde el castro remata en una especie de acrópolis. La puerta tiene unos 3 m de anchura, la unión en este punto de la muralla del recinto inferior con la muralla del recinto superior traza una especie de clavícula, un elemento típico de la entrada de un castro,  que contribuía previsiblemente a la defensa de la puerta. En un documento de 1182, Fernando II, concede a la iglesia de Santiago de Compostela, la de Santo Tomás con todo el realengo de Quintana de la Peña, en ese documento se citan numerosos términos de Peñacorada, entre ellos Civitatem. Otro documento, éste de 1542, en el pleito entre el concejo de Valle de las Casas y Almanza,  cita a Campo Ciudad en la forma actual, y lo determina como un lugar donde se encuentra el arca ó mojón de tres jurisdicciones: La de Lomas perteneciente a los Prado, la del Valle perteneciente a la Marquesa de Alcañices y, la de Quintana de la Peña de Realengo. Si establecemos una jerarquía entre los castros del entorno de Peñacorada, éste de Campo Ciudad es uno de los más importantes,  equiparable al de la Cildad de Vegamediana. Su dominio estratégico sobre las vegas del Cea y Esla es de reseñar. No perdamos tampoco de vista, los caminos que circunvalan el Macizo de Peñacorada, la Cueva de Lomas, el Castro de Robledo y las lápidas encontradas en la Iglesia de San Pelayo de ese pueblo. Quizás estemos más cerca del castro del cual proceden los Deobrigi (los de Deobriga, la ciudad de Dios)  dedicantes de la lápida de Dovidero hijo de Ampáramo. La destrucción de las murallas hasta su raigón, opinamos que sólo se puede explicar en un contexto de guerra con Roma, bien por los cántabros obligados  mediante capitulación, o bien por la acción directa del romano. Para finalizar decimos que nuestras hipótesis siempre están abiertas a las aportaciones de otros estudiosos del tema o aquellas que la arqueología, "rara avis"  en nuestra provincia, pueda hacer, mucho nos tememos que este acercamiento al castro como a otros, el de la Ercina por ejemplo ya publicados, serán asumidos por otros que ni siquiera tienen la delicadeza de citarte, pero ya se sabe, los celtíberos citan  mal y sólo a los amigos...